Cada año, se realizan aproximadamente 8.000 trasplantes de hígado, según la Red de Obtención y Trasplante de Órganos, de los cuales menos del cinco por ciento son de donante vivo. Además, aproximadamente el 25 por ciento de las personas en lista de espera mueren cada año esperando un trasplante, y las personas que finalmente reciben un trasplante a menudo han pasado un periodo prolongado en lista de espera, lo que provoca un peor estado de salud en el momento del trasplante.

Según una investigación llevada a cabo por investigadores de la Escuela de Medicina de Pittsburgh (Estados Unidos) y que ha sido publicada en la revista Annals of Surgery., los expertos comprobaron que los receptores de trasplante de hígado de donante vivo tenían una supervivencia de alrededor del 5 por ciento más sobre los receptores de donante fallecidos. Además, tuvieron una estancia hospitalaria de 11 días, en comparación con los 13 días para aquellos que recibieron un hígado de un donante fallecido, así como menos probabilidades de recibir una transfusión de sangre intraoperatoria y de diálisis pos trasplante.

Los costes hospitalarios relacionados con el trasplante también fueron un 29,5 por ciento más bajos para los receptores de donantes vivos, y la tasa global de complicaciones fue del 20 por ciento. “El trasplante de hígado de donante vivo debe considerarse la primera y la mejor opción para la mayoría de los pacientes con enfermedad hepática y no es solo una opción para los que están en la lista de espera”, han dicho los expertos.