La osteoporosis es una de las enfermedades más devastadoras asociadas a la menopausia y al envejecimiento.

Es la enfermedad crónica más

prevalente en todo el mundo

y sólo en nuestro país la sufren

más de tres millones de personas,

de las cuales 2,5 millones

son mujeres. No en vano, más

de la mitad de las mujeres españolas

padecen osteoporosis

postmenopáusica. Y es que a

partir de los 35 años se inicia

en la mujer, de forma natural,

la pérdida de pequeñas cantidades

de hueso, un proceso

que se acentúa al llegar a la

menopausia. Por ello, es fundamental

que la mujer tenga

un conocimiento real de la osteoporosis

y de las ventajas

que implica realizar su tratamiento

preventivo.

El profesor Javier Ferrer, presidente

de la Asociación Española

para el Estudio de la Menopausia,

da un paso más allá al

asegurar que “hay que concienciar

a la mujer de la relevancia

de adoptar unos hábitos de vida

saludables y acudir a revisiones

periódicas que permitan diagnosticar

y tratar esta patología

para evitar su aparición o conseguir

que altere en menor medida

su calidad de vida”.

Las medidas preventivas, en

este sentido, se deben adoptar

no sólo cuando existe osteoporosis

o ya haya que lamentar alguna

fractura, sino también

cuando la densidad ósea es

normal y en aquellos momentos

en los que el hueso ha empezado

a sufrir una disminución

de la densidad pero aún

no se puede hablar de osteoporosis,

lo que se conoce como

osteopenia.

Cómo evaluar el posible riesgo de osteoporosis

La Asociación Española para

el Estudio de la Menopausia

aconseja, siempre que sea

posible, que se evalúe la

densidad mineral del hueso

en la mujer posmenopáusica

a los 65 años y por debajo

de esta edad cuando se den

alguno de los siguientes factores

de riesgo: tener un familiar

de primer grado con

osteoporosis, haber tenido

fracturas por fragilidad, índice

de masa corporal por debajo

de 20, obesidad, tener

un hábito tabáquico importante

o haber recibido tratamientos

con corticoides u

otros medicamentos que

puedan interferir en la regeneración

ósea.

¿Cuándo ha llegado la menopausia?

Se puede hablar de menopausia

cuando la mujer ha

pasado un año sin menstruación

y los profesionales médicos

han descartado otras

patologías que pudieran

provocar esta situación. Suele

aparecer alrededor de los

50 años de edad, con independencia

de la condición

física de cada mujer. En algunos

casos, la menopausia

llega antes: si lo hace antes

de los 45 años se trata de

una menopausia precoz y, si

se produce antes de los 40,

se habla de fallo ovárico prematuro.

Isoflavonas: siempre bajo control médico

Las isoflavonas de soja

son químicamente similares

a los estrógenos,

una semejanza que ha

permitido su utilidad para

atenuar los sofocos,

vértigos, sudores, dolores

de cabeza, palpitaciones,

mareos y demás

síntomas propios de la

menopausia. No obstante

hay que tener ciertas

precauciones a la hora

de tomar estos productos.

Tal y como afirma

Juan del Arco, presidente

de la sección de Farmacia de

la Academia de Ciencias Médicas

de Bilbao, el médico debe

controlar “qué producto se utiliza,

en qué dosis y en

qué medida”.

Hay que tener en

cuenta que existen muchos

productos a base

de soja en el mercado

con supuestas cualidades

que no son tales. Sólo

los que se comercializan

como medicamentos

han garantizado ante la

autoridad sanitaria su eficacia,

seguridad y el seguimiento

riguroso de

unas estrictas normas de

fabricación. Del resto no

hay ninguna garantía de que

esto sea así.

La Cimicífuga racemosa

Cimicífuga racemosa es

una planta a la que se le

han atribuido numerosas cualidades

médicas y que se ha

utilizado como tratamiento

de diversas dolencias, especialmente

ginecológicas. Su

uso ha estado ampliamente

extendido en Europa desde

antes de los años 50 y, desde

hace casi una década, se ha

consolidado también en España

como terapia eficaz en el

manejo de los síntomas de la

menopausia.

Entre 2002 y 2005 se

han comunicado casos de

daño hepático asociados a la

ingesta de productos que

contienen esta planta. Los

expertos del Comité de Productos

Medicinales de la

Agencia Europea de Medicamento

(EMEA en sus siglas

en inglés) han evaluado estos

casos y han llegado a la conclusión

de que no existe una

relación causa-efecto entre la

ingesta de Cimicífuga racemosa

y el daño hepático. Los

expertos de la EMEA resaltan

la importancia del control sanitario

de los productos fitoterápicos,

puesto que la mayoría

de estos casos se han

producido en países en los

que este tipo de productos

se venden sin ningún tipo de

control sanitario.