Las personas que padecen diabetes tipo 2 (DM2) tienen un alto riesgo de morbilidad y mortalidad cardiovascular. De hecho, la diabetes prácticamente duplica el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares (ECV), lo que se traduce en que un 32% de los diabéticos padece alguna patología de este tipo, tal y como constata la Federación Internacional de Diabetes (FID, por sus siglas en inglés) en su Atlas anual. Pese a ello, menos del 25% recibe una medicación para reducir la glucosa que también aporte beneficios cardiovasculares, un porcentaje sensiblemente bajo que contraviene las recomendaciones que hacen en este sentido las guías de práctica clínica más recientes.

Los datos de la FID han sido corroborados por el estudio CAPTURE, el primero de carácter global que se ha llevado a cabo sobre la prevalencia de la ECV en personas con DM2, para lo que se han analizado datos de casi 10.000 diabéticos en 13 países de los cinco continentes. Las conclusiones se mueven en los mismos parámetros: uno de cada tres adultos con DM2 que acudió en 2019 a una consulta médica había desarrollado una enfermedad cardiovascular, una patología que desde el punto de vista profesional implica a cardiólogos, pero también a neurólogos, cirujanos vasculares…

Posteriormente, un análisis secundario realizado con los datos de CAPTURE se ha centrado en revisar el uso de medicamentos para el control glucometabólico que lleven asociado un beneficio cardiovascular, y es que el propio estudio principal ya advertía de la escasa utilización de los mismos. Esta investigación paralela corroboró que menos de 1 de cada 4 diabéticos recibió un fármaco con estas características, pese a la contundencia con la que está establecida la relación entre diabetes y problemas cardiovasculares.

ECV aterosclerótica

Además, se ha verificado que 9 de cada 10 diabéticos con patología cardiovascular asociada presenta enfermedad cardiovascular aterosclerótica. En este sentido, y aunque para este tipo de pacientes se recomienda el uso de agonistas del receptor GLP-1, solo el 10,1% de los diabéticos que participaron en el estudio recibía esta medicación, mientras que el uso de los iSGLT2 es solo ligeramente superior para situarse en el 16%. Los fármacos más administrados son las biguanidas (75,6%) y la insulina (37,7%).

Esta situación contrasta con el hecho de que las guías de práctica clínica más recientes, como la de Asociación Americana de Diabetes (ADA) o la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), recomiendan el uso de fármacos para el control de la glucosa que lleven asociado beneficio cardiovascular. De hecho, las evidencias apuntadas por estas guías sugieren que el uso de los arGLP-1 y los iSGLT2 puede ayudar a reducir el riesgo excesivo de eventos cardiovasculares y ​​la mortalidad en este segmento de pacientes.

El uso de arGLP-1, por ejemplo, ha demostrado su eficiencia a la hora de reducir las complicaciones cardiovasculares mayores, especialmente ateroescleróticas. La situación actual evidencia también que todavía hay un amplio margen de mejora a la hora de identificar a diabéticos con problemas cardiovasculares asociados, lo que debe entenderse como una oportunidad para ampliar el porcentaje de pacientes a los que se pueden administrar unos agentes hipoglucemiantes que aportan un apreciable beneficio pronóstico para mejorar su calidad de vida y prolongarla.

Mejora de resultados

En este sentido, el propio estudio CAPTURE destaca que la implementación futura de las recientes actualizaciones de estas guías de referencia “puede mejorar la discrepancia entre la práctica clínica y las recomendaciones actuales”, por lo que considera que habrá que analizar más adelante su “aplicación e impacto” tanto cardiovascular como en diabetes. Eso sí, reitera que “un mayor uso de agentes reductores de glucosa con beneficio cardiovascular demostrado puede contribuir a mejorar los resultados cardiovasculares a largo plazo en personas con diabetes tipo 2”.

Así lo apunta también la guía de ADA, que recomienda “utilizar preferentemente” fármacos como los arGLP-1 o los iSGLT2 con beneficio demostrado para pacientes con enfermedad cardiovascular ateroesclerótica establecida o con alto riesgo de padecerla, enfermedad renal establecida o insuficiencia cardíaca. Asimismo, recuerda que en la actualidad hay varios ensayos controlados aleatorios de gran tamaño que informan de “reducciones estadísticamente significativas de los eventos cardiovasculares en pacientes con DM2 tratados” con estas medicaciones.

Por su parte, la guía de ESC señala asimismo que son varios los estudios que, de manera simultánea, “sugieren con fuerza que estos fármacos deben recomendarse en pacientes diabéticos con ECV prevalente o riesgo cardiovascular muy alto/alto”. “Por tanto”, concluye, “la elección del fármaco para reducir los eventos cardiovasculares en pacientes con DM2 debe priorizarse en función de la presencia de ECV y riesgo cardiovascular”.