El pasado 12 de septiembre se celebró el Día Europeo de Acción contra la Migraña, una enfermedad crónica, de causa desconocida, que se manifiesta por ataques periódicos de cefalea o dolor de cabeza. Aunque prácticamente todo el mundo conoce el malestar que produce el dolor de cabeza, afortunadamente tan solo un 12 por ciento de la población padece el intenso dolor que genera la migraña.

Por su intensidad y duración (de 4 a 72 horas), por su frecuencia (generalmente varios episodios al mes), por la variedad de síntomas acompañantes, como la sensación de náuseas, vómitos, fonofobia (molestia del ruido ambiental), fotofobia (molestia de la luz ambiental), visión doble, por la variedad de factores desencadenantes como los cambios atmosféricos, la dieta, el sueño o el estrés, y por la incapacidad que provoca, es evidente que la migraña no es sólo un simple dolor de cabeza.

Esta enfermedad modifica la vida familiar, social y laboral del que la sufre, alterando de forma importante su calidad de vida. La migraña es un problema social por cuanto altera el entorno social del paciente y es también un problema económico por cuanto es una de las mayores causas de absentismo laboral.

Además, en muchas ocasiones, la migraña produce rechazo social, laboral y familiar por ser una “enfermedad invisible” y sobre todo desconocida por quien no la padece. El enfermo termina refugiándose en otro trastorno para justificar su incapacidad de rendimiento, se aísla de su entorno por temor a no ser comprendido y opta por no hablar de su problema.

Evolución

Normalmente las migrañas presentan siempre una evolución similar, identificándose de cuatro a cinco fases.

En primer lugar se presenta

la fase prodrómica. Tres o cuatro horas antes de que se empiece a sentir el dolor de cabeza aparece sensación de molestia a la luz y al ruido ambiental, exceso de sed y sueño.

La segunda fase o fase de aura sólo la padece un pequeño porcentaje de los pacientes de migraña. Algunas personas alegan que perciben luces brillantes que centellean, combinadas en ocasiones con manchas oscuras o “moscas”. Esta fase suele durar de una a dos horas y es previa a la llegada del dolor.

La tercera fase, o segunda para los que no pasan por la fase de aura, es cuando comienza el dolor de cabeza, la fase de cefalea. Se trata de un dolor muy intenso que dura muchas horas, a veces hasta 72. Normalmente viene acompañado de un dolor pulsátil en las sienes. Tras las primeras horas del estallido de dolor, se presentan náuseas seguidas de vómitos y en algunos pacientes intolerancia a los olores.

Medicándose o no, el migrañoso intenta aliviarse conciliando el sueño, aunque no siempre se consigue dormir. Podría decirse que con el sueño se entra en la fase de resolución.

Pasada la crisis, los pacientes se sienten cansados y débiles, con un bajo estado de ánimo, aunque con cierta sensación de alivio tras el intenso dolor sufrido. Ésta es la fase posdrómica.

La sensación del dolor aparece en la periferia cerebral y, durante las crisis de migraña, ciertas venas y arterias que irrigan el cerebro experimentan una vasodilatación. El dolor está originado por la dilatación de los vasos sanguíneos de la cabeza que estimulan terminaciones nerviosas que ocasionan dicho dolor. Cuando el “borbotón” de sangre pasa por la zona irritada, provoca una presión sobre el vaso dilatado que se traduce en un intenso dolor.

Entre los vasos que más sensación de dolor provocan están las arterias temporales, que se pueden palpar a la altura de las sienes. La mayoría de pacientes de migraña aseguran que instintivamente, cuando aparece el dolor, se presionan con los dedos en esta zona con el fin de aliviarlo. Efectivamente, se ha demostrado que la presión en esta zona amortigua el golpe de dolor que provoca la sangre al pasar por la arteria dilatada. En este sentido, existen dispositivos en forma de diadema que ejercen una presión controlada en el punto donde se focaliza la mayor sensación de dolor, a la altura de las sienes, produciendo una sensación de alivio. Son recomendables como complemento al tratamiento pautado por el médico.

Factores desencadenantes

Los factores precipitantes de la migraña son muy variados y no necesariamente compartidos por todas las personas que la sufren. Influyen tanto situaciones de tipo físico, como biológico o psicológico. El conocimiento de los factores que desencadenan en cada paciente su migraña permite controlar la enfermedad desde la raíz y minimizar sus efectos.

Generalmente, son factores reconocidos como desencadenantes:

La intolerancia alimenticia:

no se puede establecer una lista de alimentos intolerables por el migrañoso, ni tampoco es válido recomendar dietas limitativas genéricamente. La intolerancia alimenticia debe analizarse personalmente en cada paciente. Algunos alimentos habitualmente poco tolerables por los enfermos y desencadenantes de migraña por su alto contenido en tiramina, histamina, fenilalanina o flavonides fenólicos son: leche de vaca, quesos, mantequillas y otros derivados lácteos, algunos vinos, el champagne y bebidas destiladas, la clara de huevo, chocolate, frutos secos (cacahuetes y nueces), cítricos, plátano y productos de pastelería industrial.

El ayuno: se ha demostrado que el ayuno provoca migraña.

Trastornos del sueño: la falta de rutina horaria en el sueño es también un factor desencadenante muy común.

Es bueno acostarse cada día a una hora similar y dormir las mismas horas.

Los hábitos de vida y el estrés: en la medida de lo posible el migrañoso ha de intentar incorporar cierta rutina en su día a día y evitar los desórdenes.

Trastornos hormonales: tres cuartas partes de los pacientes de migraña son mujeres y, en ellas, los trastornos hormonales son el principal factor desencadenante. Los cambios de los niveles de hormonas durante la menstruación y ovulación desencadenan episodios migrañosos.

Cambios atmosféricos: la presión atmosférica suele ser un factor aludido por los migrañosos como desencadenante.

Tratamiento

Cuando el migrañoso ya intuye que se avecina una crisis de migraña, es bueno que tome medidas físicas con el objetivo de reducir los efectos de la crisis y muy especialmente el dolor que se sufre en la fase de cefalea.

Con estas medidas se puede conciliar más fácilmente el sueño y así despertar ya en la fase resolutiva de la crisis: ingerir alimentos muy salados, ejercerse presión continuada sobre las arterias temporales superficiales, a la altura de las sienes y, ya sintiendo alivio del dolor, relajarse aislándose en ambientes oscuros y silenciosos.

En cuanto al tratamiento farmacológico, los enfoques para tratar la migraña son el del tratamiento de la fase aguda de la migraña o tratamiento abortivo y el tratamiento profiláctico o preventivo.

El tratamiento de la fase aguda se utiliza para intentar detener una migraña ya iniciada. El médico determinará cuáles son las opciones de medicación apropiadas para cada paciente. En una crisis de migraña, es importante comenzar el tratamiento lo antes posible. El tratamiento preventivo también puede ser beneficioso. Se calcula que más de la mitad de los médicos generales utilizan el consejo dietético y la identificación de desencadenantes como parte del tratamiento preventivo.

La migraña, una