Redacción.- La mitad de los españoles que padece isquemia crónica de miembros inferiores (ICMI), conocida popularmente como "enfermedad de los escaparates", no está diagnosticado. En España, unas 900.000 personas, es decir el 8 por ciento de los mayores de 55 años, están afectadas por esta patología, que obliga a los afectados a detenerse cada cierto tiempo a causa del dolor. Estos datos proceden del estudio Estime, puesto en marcha hace tres años, y cuyos resultados se han presentado en la XLIX Reunión Nacional de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular (SEACV) que se celebra hasta este 31 de mayo en La Coruña.

El principal síntoma de la enfermedad es la claudicación intermitente, aunque como ha indicado el doctor Marc Cairols, jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital de Bellvitge de Barcelona y uno de los coordinadores del citado estudio "no todos los pacientes lo manifiestan". De hecho, "prácticamente la mitad de las personas con ICMI desconocía que tenía esta enfermedad, a pesar de que está asociada a problemas, como el infarto de miocardio o el ictus" ha indicado este especialista.

En este estudio epidemiológico,primero realizado en España para determinar la prevalencia de la enfermedad y que ha contado con el patrocinio de Bristol-Myers Squibb, han participado catorce Servicios de Angiología y Cirugía Vascular de toda España. En la muestra se incluyeron 745 personas mayores de 55 años, a los que se le realizó una prueba que mide el índice tobillo/brazo y que es el resultado de dividir la presión arterial de la pierna y el brazo, y si el dato es inferior a 0,9, el paciente padece una isquemia crónica en las piernas por aterosclerosis. Según ha recordado el doctor Cairols, la aparición de estos eventos puede llegar a multiplicarse por dos cuando el índice es inferior a 0,4. "En estos casos, se habla de isquemia crítica y la necesidad de amputación de la pierna aumenta considerablemente".

El tabaco, principal factor de riesgo

Entre los factores de riesgo, el estudio destaca la influencia de la obesidad, el tabaquismo, hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, el alcohol o la diabetes, que por ejemplo, aumenta en cinco la incidencia de la enfermedad. Cairols ha mencionado el tabaco como factor de riesgo más importante, del mismo modo que la HTA lo es en relación con el ictus o el colesterol elevado, en la aparición del infarto de miocardio. "Ser fumador aumenta, por ejemplo, mucho más las posibilidades de isquemia en las piernas que tener niveles altos de colesterol. Y, sin embargo, basta con abandonar el tabaco y practicar periódicamente ejercicio físico para descartar casi con seguridad la necesidad de amputación y a los diez años se reduce el riesgo de muerte en más del 20 por ciento".

Sobre la alta mortalidad asociada a la ICMI, el doctor Cairols hace especial hincapié en que mientras una persona sana, transcurridos doce años, tiene un 85 por ciento de posibilidades de continuar vivo, un afectado asintomático por ICMI tiene un 60 por ciento y si presenta síntomas las posibilidades se reducen al 50 por ciento. "Esto significa, según este experto, "que la mitad de los pacientes con claudicación habrá fallecido pasado ese tiempo. Si la isquemia ya es severa o crítica, el riesgo de muerte se eleva entonces hasta el 70 por ciento".

Perfil del paciente

El perfil del paciente con ICMI es un varón mayor de 55 años, fumador y con sobrepeso. También se comprobó una asociación importante de esta enfermedad con la diabetes y, lógicamente, con un mayor riesgo de sufrir un infarto de miocardio. Concretamente, se observó que entre las personas incluidas, un 9 por ciento había sufrido un infarto de miocardio y que de éstos un 17 por ciento padecía ICMI.

Si al paciente se le diagnostica la enfermedad, aunque no manifieste síntomas, puede beneficiarse de un tratamiento preventivo, a lo que "debe añadirse un control de los factores de riesgo modificables como el colesterol o la hipertensión arterial", con los que puede evitarse la progresión de la enfermedad, como con la revisión de los hábitos de vida encaminada a erradicar el consumo de alcohol, la mala alimentación o el sedentarismo". Por el contrario, si el paciente manifiesta síntomas y tiene la enfermedad ya establecida es preciso, según el doctor Cairols, "un tratamiento más agresivo capaz de evitar la aparición de la aterosclerosis en el cerebro y el corazón".