Los cambios en el estilo de vida son necesarios y determinan modificaciones en las condiciones y la calidad de vida de las personas, ayudan a promover la salud y prevenir enfermedades que después requerirán de recursos. 

En este contexto, es importante promover estilos de vida saludables en la población, como son la actividad física, dejar de fumar, el consumo de alimentos con un alto contenido en fibra, una dieta baja en grasas, el control del peso corporal y aprender a gestionar el estrés. Se trata de recomendaciones efectivas y eficientes que influyen de manera notable en el perfil lipídico y en la prevención de las enfermedades cardiovasculares tanto de forma primaria como secundaria, reduciendo también la discapacidad y la mortalidad. 

Las estrategias fundamentales para mejorar las enfermedades cardiovasculares son la disminución del colesterol plasmático y el diagnóstico y tratamiento de las dislipemias en personas que tienen un mayor riesgo cardiovascular. Uno de los pilares de este tratamiento se centra en las intervenciones en el modo y estilo de vida. 

Pautas individuales para los cambios en el estilo de vida

Desde Atención Primaria se llevan a cabo acciones a nivel individual indicando cambios de dietas y programando ejercicio físico adaptado a cada paciente en el que se haya determinado que existe riesgo cardiovascular elevado.

En líneas generales, se recomienda que tras un evento coronario agudo, con independencia de las cifras de colesterol total y LDL, se comience con tratamiento farmacológico. En prevención primaria se espera entre tres y seis meses para instaurar el tratamiento farmacológico. No obstante, algunas guías de práctica clínica recomiendan iniciar medidas no farmacológicas durante tres o seis meses y analizar el efecto que estas tienen antes de comenzar un tratamiento con fármaco hipolipemiante. 

Revisiones periódicas

Así, en prevención primaria la promoción de estilos de vida saludable a través de la dieta y la actividad física, sin olvidar el abandono del tabaco, que deben permanecer como actividades primordiales en estos pacientes. 

A los tres meses, se recomienda hacer analítica de nuevo para ver resultados y si el cambio en el estilo de vida es efectivo se continúa en esa línea. Si el resultado no es satisfactorio, se inicia el tratamiento dependiendo del nivel de riesgo del paciente.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Atención Primaria Jokin Agirre Razkin, Ismael Miguel Mier Cascallana, Juan Carlos Carrera Hernani, Juan Luis Mendia Gorostidi, Alberto Albors Valls y el cardiólogo Rubén García Martin, de San Sebastián; Rosa María Gordo Martin, María José Velázquez Rodrigo y Paloma Meras Zamarreño, del Centro de Salud Periurbana Norte, y los médicos generales María Concepción Gómez Melero, María Dolores Briso Montiano de Alvaro y Pedro Luis Antona del Val, de Valladolid.