Un estudio realizado por un equipo de investigadores japoneses utilizando células madre pluripotentes inducidas sugiere que una molécula para la inflamación podría ser buen un objetivo farmacológico para prevenir el crecimiento de hueso patológico.

La fibrodisplasia osificante progresiva (FOP) es una enfermedad genética rara, pero devastadora, donde el hueso crece dentro de los tejidos blandos, como los músculos esqueléticos, también conocida por ello como síndrome de hombre de piedra, ya que el cuerpo del paciente se osifica en un estado similar al de una estatua. Es una enfermedad genética, pero los pacientes no muestran síntomas hasta sus años de edad escolar.

Normalmente, una respuesta inmune o un trauma desencadena la enfermedad y los tratamientos quirúrgicos que eliminan el exceso de hueso no son una opción porque podrían causar más desarrollo de hueso en el periodo de cicatrización tras la operación. Las células madre pluripotentes inducidas (iPS) son un modelo atractivo para estudiar la enfermedad porque los investigadores pueden coger células del paciente que no están afectadas por la FOP y luego reprogramarlas en células de tejidos blandos para el estudio.

Investigadores del Centro para la investigación con células iPS y Aplicación (CIRA), de la Universidad de Kyoto, en Japón, aprovecharon esta estrategia mediante la reprogramación de células de pacientes con FOP y luego buscaron moléculas candidatas que podrían explicar cómo comienza la enfermedad. Los investigadores se centraron en proteínas morfogenéticas óseas (BMP), que son las que estimulan la cicatrización ósea después de una fractura o ruptura.

Sin embargo, en pacientes con FOP, la señalización de BMP aparece hiperactiva. “Hay dos teorías populares –explica Makoto Ikeya, profesor asociado de CIRA que participó en el estudio–. En una, la señalización de BMP está siempre activa. En la otra, la señalización de BMP es anormalmente fuerte cuando se activa”.

Para descubrir fármacos contra la FOP, los científicos se han centrado normalmente en moléculas asociadas con la señalización de BMP. Sin embargo, los investigadores del laboratorio del profesor Junya Tochuchda en CIRA miraron moléculas relacionadas con la inflamación, encontrando activina-A como posible diana farmacológica.

“Dado que los pacientes normalmente presentan síntomas de FOP después del trauma o la inflamación, pensamos que sería una buena estrategia”, afirma Ikeya. Mediante el uso de la tecnología de células iPS, los científicos hallaron que sólo las células que albergan la mutación del gen FOP responderían a activina-A, aumentando significativamente su señalización de BMP. Además, el trasplante de estas células en ratones y su estimulación con activina-A se dirigieron al hueso anormal.

Según otro autor del estudio, el profesor de CIRA Junya Toguchida, la relación descubierta entre la inflamación y la formación de hueso da una nueva perspectiva sobre los tratamientos. “Nuestro modelo ofrece una nueva plataforma para el descubrimiento de fármacos y el estudio de la formación de hueso que no existía antes”, subraya.