E.P., Copenhague (Dinamarca).- El número de muertes de enfermos de cáncer de próstata, tanto en Estados Unidos como en Europa, ha descendido notablemente en los últimos años gracias a la detección temprana y al uso de tratamientos hormonales. Muchas veces cuando nos ponemos en manos de un cirujano solemos preguntar cuáles son sus antecedentes médicos y sobre todo el número de operaciones en las que ha intervenido para asegurarnos de que estamos en buenas manos. Pero ahora ha quedado demostrado que la destreza y, como consecuencia, el final feliz de las operaciones no depende tanto de la cantidad sino de la calidad de las intervenciones realizadas.

El profesor Hendrik Van Poppel ha explicado, en la Conferencia Europea contra el Cáncer (ECCO), que se ha celebrado en Copenhague que, al contrario de lo que siempre se piensa, la experiencia no está directamente relacionada con el número de operaciones realizadas por un cirujano sino con la calidad de las mismas.

El especialista, presidente del departamento de Urología de la Universidad Católica Gasthuisberg en Leuven (Bélgica), explicó que es perfectamente valido usar una lista para mirar de forma retrospectiva la calidad de un cirujano en particular estudiando ciertos parámetros como la duración de la operación, la sangre perdida, la incontinencia postoperatoria y las posibilidades de infección tras la operación.

Después de analizar 230 operaciones se encontró que los parámetros variaban considerablemente y que no se podría relacionar la cantidad de operaciones realizadas con los resultados urológicos obtenidos y con el éxito de las operaciones. "Con un simple análisis retrospectivo de diez casos realizados por un cirujano urólogo, uno es capaz de distinguir la calidad de los parámetros analizados", ha asegurado el profesor Van Poppel.

Reducir las muertes

Además de mejorar la calidad de las operaciones, el objetivo para los especialistas es reducir el número de muertes. Nuevos estudios, presentados con motivo de la Conferencia Europea contra el Cáncer, muestran que los índices de mortalidad por cáncer de próstata en Estados Unidos, que crecieron de forma exponencial durante los años 70 y 80, han comenzado a caer desde los 90.

Entre 1990 y el año 2000, la mortalidad debida al cáncer de próstata en Estados Unidos ha caído un tercio entre los pacientes entre 50 y los 57 años y un cuarto entre los que tienen entre 75 y 84 años. Este descenso evidente también se ha podido comprobar en muchos países europeos como Francia o Reino Unido.

La detección precoz, las operaciones de urgencia y el tratamiento hormonal han contribuido a ello y han mejorado incluso el índice de supervivencia. Estudios realizados al azar han demostrado que después de una operación exitosa y de varios años de tratamiento hormonal se reduce en diez años el riesgo de muerte por cáncer de próstata.