“La repercusión de la pandemia sobre la asistencia sanitaria está teniendo múltiples consecuencias en la gestión sanitaria que afectan a todos los implicados en el Sistema Sanitario”, explica José Soto Bonel, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA), durante el Encuentro SEDISA, con la colaboración de Janssen, llamado “COVID-19 y sus repercusiones en la asistencia sanitaria”.

En esta jornada, se ha realizado una revisión de lo aprendido en base a la experiencia hasta ahora desde el punto de vista de la Virología, de la Infectología, de la Farmacia Hospitalaria y de la Salud Pública.

“En la pandemia SARS-CoV-2, los mayores son los más afectados. Y nadie tiene inmunidad de ningún tipo, siendo los más mayores los más vulnerables. En este sentido, en el caso de la COVID-19, no contábamos con el papel de la inmunidad celular. El sistema no estaba preparado para que el 100% de la población fuera vulnerable”, señala Margarita del Val Latorre, Viróloga, inmunóloga e investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM).

Enfermedad multisistémica

Respecto a la clínica, Emilio Bouza, investigador de la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, destaca que “en pacientes con coronavirus, la mortalidad es del 2,3%, el 5% de los pacientes llega a una fase crítica, el 14% a una fase grave y el 81% se queda en una fase no grave”. Entre las lecciones aprendidas para mejorar la asistencia sanitaria a estos pacientes, Emilio Bouza explica que “se trata de una enfermedad no respiratoria sino multisistémica, con desarrollo de trastornos cardiacos, tromboembólicos, cutáneos, hepáticos, etcétera y no afecta tanto a pacientes fumadores o pacientes que sufren Enfermedad Pulmonar Obstructiva (EPOC)”.

En la actualidad, existen tres tipos de tratamiento: los antivirales, utilizados en las fases leves-moderadas para tratar de que el paciente no evolucione a fase grave o crítica, los moduladores de la respuesta antiinflamatoria, para el tratamiento de las fases graves y crítica, y la terapia de soporte. “Los antivirales utilizados se dividen en 4 tipos: inhibidores de la proteasa, inhibidores de la entrada, inhibidores de la neuraminidasa e inhibidores de la RNA polimerasa dependiente de RNA. Además, otros que se están estudiando son antiparasitarios con acción antiviral, inhibidores de la proteasa de la serina y bloqueadores de la proteína S”, explica Benito García Díaz, jefe de Servicio de Farmacia del Hospital Universitario Severo Ochoa.

“En este último grupo destaca el Bamlanivimab, un fármaco experimental con autorización urgente de uso por parte de la FDA (Food and Drug Administration, por sus siglas en inglés), utilizado en pacientes leves o moderados no hospitalizados de alto riesgo y reciente diagnóstico. Su uso se dirige a disminuir las hospitalizaciones y las urgencias”, añade.

Claves para la mejora en gestión sanitaria

El conocimiento adquirido y la experiencia vivida, aporta algunas claves para la mejora de la gestión de la pandemia desde el punto de vista de la Salud Pública y asistencia. “España muestra un patrón desigual con una relación inversamente proporcional entre nivel de renta e incidencia de la COVID-19. Asimismo, el 61% de las mujeres contagiadas tuvo contacto estrecho con casos COVID-19 probable o confirmado, frente  al 38,5% de los hombres”, explica Joan Carles March Cerdá, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP).

Entre las lecciones aprendidas, March destaca conectar el mundo sanitario y el de los cuidados, no discriminar pacientes por su origen, aislamiento radical, realización de test, contratar más personal para crear grupos burbuja y puesta en valor del trabajo de los profesionales. “Atendiendo a un nivel más global del Sistema Sanitario -añade- no podemos olvidar que los cuatro pilares del sistema sanitario español – gobernanza, financiación, prestaciones y personal- ya estaban en una situación de fragilidad cuando el sistema se vio superado por la pandemia en marzo”.