Presidente de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) desde 2017, Fernando García-Sala Viguer resalta que la lucha contra la pandemia ha cambiado y mejorado los servicios de Pediatría, introduciendo la telemedicina y ordenando las consultas. De paso, también ha fortalecido la imagen positiva de las vacunas, aunque “es verdad que las corrientes antivacunas en España son pocas” porque los pediatras “somos ‘vacunólogos'”. Reclama un calendario de vacunación pediátrica “de máximos y unificado para todas las comunidades”, a lo que une su reivindicación de contar en los centros de salud con todos los tipos de test de diagnóstico rápidos posibles. “Son un arma fundamental para el diagnóstico en Atención Primaria”, subraya.

 

¿Cómo ve el objetivo de que los escolares inicien el curso escolar 2021/22 ya vacunados contra la COVID-19?

En principio vemos positiva la vacunación en niños a partir de 12 años porque, una vez vacunada la población adulta, esta franja de edad va a ser el nicho de contagios de coronavirus al no estar vacunados, aunque curse con patología leve. La prioridad, como debe ser, han sido los mayores en primer lugar y luego las personas vulnerables, pero ahora también debería llegar el momento de ser generosos con los países del Tercer Mundo: no es tan necesario vacunar a niños de 10 años cuando hay gente mayor que sigue muriendo en muchas zonas. Hay que tener en cuenta además que, para menores de 12 años, lo que tenemos son estudios y se están haciendo pruebas, pero la autorización de la vacuna no estará al menos hasta finales de año. De todos modos, hablamos de una franja de edad que puede esperar a no ser que sean vulnerables o tengan alguna otra patología, ya que, de momento, tienen una incidencia baja, contagian menos y cursan con una patología menor.

 Transcurridos ya tantos meses desde el inicio de la pandemia, ¿han detectado que haya dejado secuelas en los niños?

El impacto de las secuelas ha sido más importante en adolescentes que en niños pequeños; en chicos y chicas mayores se ha notificado un aumento de urgencias psiquiátricas, problemas de comportamiento por llevar mal el confinamiento, trastornos alimentarios, ansiedad, depresión… También hemos comprobado que, al estar las familias conviviendo mucho más tiempo en casa, ha habido un aumento de violencia y malos tratos a menores. Preocupa el aumento y abuso de pantallas, ordenadores y tablets, porque los niños han pasado mucho tiempo en casa, se han acostumbrado y ahora reclaman las pantallas mucho más. También hemos detectado alteraciones del sueño, problemas de terrores nocturnos, miedos y pánico en los pequeños. Y preocupa la obesidad, han aumentado los casos porque se ha picoteado más y ha disminuido el ejercicio físico.

 ¿Han detectado menos casos de enfermedades infecciosas?

Sí, hemos tenido menos patología infecciosa gracias al aislamiento, el lavado de manos, la distancia social…, todo eso hace que haya menos probabilidades de infectarse. Eso ha sido positivo, y se notó sobre todo en invierno, pero luego hemos recibido mucha más patología que no era habitual según la época del año: rebrotes de broncoespasmos en épocas en las que era impensable; creíamos también que nos habíamos librado del virus respiratorio sincitial y lo que hizo fue retrasarse, se desplazó un poco en el tiempo… Con la gripe, en cambio, no tuvimos casos en su momento y no reapareció después.

 ¿La pandemia ha obligado a poner en marcha cambios en la atención pediátrica que ya cree que van a ser permanentes?

Va a cambiar la forma de hacer Pediatría, sobre todo en Atención Primaria, donde hasta ahora teníamos una Pediatría de barra libre, la gente entraba y salía y entre consultas se atendía a otros pacientes. Ahora la consulta va a ser mucho más lógica, con cita previa, hemos conseguido que se organicen mucho mejor. Y no queremos que las salas de espera se llenen, hay padres y niños que le han cogido miedo a ir a los centros de salud.

 ¿El mayor avance en este sentido ha sido el desarrollo de la atención no presencial?

Hemos descubierto la consulta online, por teléfono o por videoconferencia, no la usábamos y se puede utilizar, sobre todo para consultas de seguimiento. Hemos aprendido una nueva forma de hacer medicina, porque hasta ahora casi no se hacía nada de telemedicina con niños, la gente prefería ir al centro de salud a la mínima. Es una herramienta muy interesante a la hora de revisar al paciente y hablar con la familia, y además nos quita burocracia y nos permite atender más tiempo por ejemplo a pacientes crónicos. Con la pandemia hemos ido evolucionando y mejorando para adecuarnos a la nueva situación, la telemedicina ya se va a quedar porque hay que coger siempre lo bueno.

 ¿La campaña de vacunación contra el coronavirus supone un mensaje de refuerzo para las vacunas en general?

La gente estaba deseando vacunarse, y eso es un ‘input’ importante para el resto de vacunas. Ha habido una conciencia clara de que había que vacunarse, pero en España ya teníamos una buena cultura de vacunación. En los niños, más del 90% de la población está vacunada, eso es un porcentaje muy alto. La campaña contra el coronavirus ha fortalecido esto, pero es verdad que las corrientes antivacunas en España son pocas. Los pediatras somos ‘vacunólogos’ porque nos gusta la prevención, no nos hacía falta este empujón para reforzar la vacunación en general, pero todo suma.

 ¿Qué habría que incluir para tener un calendario pediátrico completo?

Siempre debemos tener un calendario de máximos y común a todas las comunidades. En España tenemos un buen calendario vacunal comparado con otros países, aunque echamos de menos la del meningococo B, que en algunas comunidades sí está, pero en el resto no y tienen que pagarla. Es una bacteria que, si la coges, puede ser mortal o te puede ocasionar secuelas importantes; debería estar incluida para lactantes y adolescentes si no están vacunados. El rotavirus es una vacunación que llevamos años reclamando, y también incluiríamos la del meningococo ACWY, para cerrar el círculo del meningococo. Esta vacuna está introducida a los 12 años en muchas comunidades y a los 12 meses en muy pocas, pero nos gustaría que se iniciara antes del año de vida. Luego está la del virus del papiloma, que es de las que menos porcentaje de vacunación tiene en niñas, porque a los adolescentes en general les cuesta más vacunarse al decidir por sí mismos y bajan las tasas de vacunación. Es una vacuna fundamental, que va a prevenir un cáncer en la edad adulta en niñas y niños, porque a partir de los 12 años nos gustaría meter también a los niños. En definitiva, lo más importante es conseguir un calendario de máximos y unificado para todas las comunidades: no puede ser que esté al albur de los políticos, que si hay unas elecciones te pueden meter vacunas para conseguir más votos.

 ¿Costó mucho normalizar los calendarios de vacunación tras el confinamiento?

Aquí hubo un error por parte del Ministerio de Sanidad, que intentó priorizar las vacunas en niños de dos y cuatro meses dejando de lado a los mayores, es un error porque todas las vacunas son importantes. Las de mayores cayeron en picado, no se citaba en los centros de salud. Afortunadamente eso se superó y ya hemos recuperado las tasas de vacunación que teníamos antes, estamos contentos porque hubo un momento en el que los padres tenían miedo de llevar a los niños al centro de salud. Algunas vacunas se han perdido, como la del rotavirus en los mayores de seis meses o las de tosferina y gripe en embarazadas, pero en general se ha recuperado el ritmo de vacunación y está funcionando bien.

 ¿Cuáles son las principales patologías que preocupan ahora más a los pediatras?

En relación con la pandemia preocupan cuestiones como la obesidad, los problemas psicológicos, la enuresis, el repunte de VRS, los cuadros de broncoespamos, las diarreas… Estamos viendo también en adolescentes la cuestión del COVID persistente, secuelas que no desaparecen después de haber pasado la enfermedad: cefaleas, dolores musculares, calambres, alteraciones del sueño…

 Hacía referencia antes a la telemedicina, ¿cómo se percibe desde la SEPEAP el hecho de ser un pediatra digital en el momento actual?

Es fundamental que un pediatra incorpore esta habilidad, la gente lo está demandando porque es cómodo, se pueden controlar cosas que antes se quedaban en el tintero. Las consultas están más organizadas y hemos conseguido una educación sanitaria de la población, que ha aprendido mucho, quizás demasiado, diría que hay una cierta infointoxicación. También hemos conseguido una mejor coordinación entre Atención Primaria y los hospitales, que es muy importante. Y lo más destacado de todo es que esto nos ha enseñado a los médicos que tenemos que ir aprendiendo a toda velocidad, lo de ahora igual en pocos meses no tiene valor. Desde ese punto de vista, es importante también la incorporación en los centros de salud de los test rápidos para problemas intestinales, mononucleosis y otras patologías. Necesitamos en los centros de salud más test rápidos porque son un arma fundamental, el diagnóstico rápido es muy interesante porque si veo que el niño tiene un rotavirus, la orientación diagnóstica y el tratamiento van a variar. Y lo puedo hacer en 15 minutos, cuando antes tardaba semanas o tenía que depender del hospital. Necesitaríamos todos los test respiratorios y digestivos, porque además no son tan caros. Usamos con frecuencia el del estreptococo o el de la gripe, pero hay muchos más.

 Menciona con frecuencia al Doctor Google, ¿internet es más un peligro o un aliado de los pediatras?

Se opina y se habla mucho, se da muchísima información, y eso es bueno y es malo. A veces la gente procesa la información de una manera u otra, así que hay que tener mucho cuidado con lo que se dice porque puede tener una repercusión negativa. Con el Doctor Google siempre hay problemas, porque en internet todo el mundo escribe y parece que es palabra de Dios. Puedes ir a fuentes que sabemos son fidedignas, pero la gente no las conoce, no sabe dónde tiene que buscar. Muchos pacientes con un problema lo miran en internet y se ponen en lo peor, pasan unos días nerviosísimos, por eso siempre hay que consultar con el profesional. Internet es una buena herramienta, pero hay que usarla bien e ir a las fuentes adecuadas.

 ¿Qué otros ingredientes, además de los básicos imprescindibles, cree que deben incluir las fórmulas infantiles para prematuros en neonatos con bajo peso al nacer para cubrir todas sus necesidades?

Lo primero es defender siempre la lactancia materna; a partir de ahí todo lo que se parezca, perfecto. Hay que suplementar con hierro, proteínas y microelementos, pero en general las leches de fórmula para prematuros están bastante bien balanceadas y son de buena calidad. Un niño se va a criar bien con leche artificial, es una buena sustituta, pero no igual que la lactancia materna, por ahora no hemos conseguido igualar esa fórmula.

 ¿La edad pediátrica debería prolongarse hasta los 18 años?

Los chavales de 15 a 18 años están en tierra de nadie, porque ven que son mayores para ir al pediatra y el médico de familia tiene menos la cultura del trato a estos niños. Nos encantaría y sería fundamental que la Pediatría llegara a los 18 años, pero el problema es que ahora ya tenemos un déficit importante de profesionales pediátricos. Entre el 30 y el 35 por ciento de las consultas pediátricas son atendidas por médicos de familia, que hacen un buen trabajo, pero todo el mundo tiene derecho a ser atendido por un pediatra. Tal y como está la situación, va a crecer el porcentaje de médicos de familia que atienden a niños; por eso, ojalá pudiéramos prolongar la edad pediátrica hasta los 18 años, pero es una utopía porque no podríamos absorber a tantos nuevos pacientes hasta no solucionar el déficit de pediatras que existe en la actualidad.

 ¿Qué propone para mejorar esta situación?

Habría que aumentar las plazas para pediatras, y para ello hay que incrementar las de residentes. El segundo paso sería forzar que los residentes conozcan Pediatría en Atención Primaria. Es importante que los residentes R1, R2 y R3 pasen dos meses cada año en Atención Primaria. La mayor parte de los hospitales han hecho el relevo generacional, por lo que es difícil que puedan quedarse, por eso tienen que conocer Atención Primaria, ya que muchos van a acabar ahí. Una cuestión diferente es que los hay que se pueden ir al extranjero porque no hay plazas de su especialidad o por una cuestión económica; en otros países te pagan entre el 25 y el 30 por ciento más por el mismo trabajo.

 ¿La automedicación de los niños es hoy un problema grave?

Hace años que los padres medican mucho menos a los niños por su cuenta. Y ha disminuido bastante el uso de antibióticos, porque antes se usaban con facilidad antitusivos y antidiarreicos, ahora están mucho más limitados en ficha técnica. En el adulto es más fácil la automedicación, pero con los niños se tiene más miedo, no se atreven tanto.

 ¿Hay que alarmarse por los niveles de resistencia a los medicamentos?

Años atrás se ha abusado mucho, pero la pandemia ha hecho disminuir brutalmente el uso en los niños de antibióticos y medicamentos en general, hace dos años teníamos más problemas de resistencias. En esto está ayudando mucho el diagnóstico con test; si ves que es un virus no das nada, porque cuantos menos antibióticos demos, mejor. Con la pandemia los pediatras hemos bajado la prescripción, hay menos patologías y no tienes que recetar tantos antibióticos. Con el tiempo acabaremos en parte volviendo a la situación anterior, pero si conseguimos los test de diagnóstico rápido se mejorará mucho, son armas fundamentales en la práctica clínica. Lo que hemos vivido ha sido un paréntesis, porque a partir de diciembre volveremos con la gripe y el virus respiratorio. Aunque confío en que disminuya el número de casos por la cultura de llevar mascarilla, que muchos pueden volver a ponerse al resfriarse para evitar la diseminación de gérmenes. También se ha implantado más el lavado de manos en los niños, ya lo ven como un acto natural, y esto hace que haya menos infecciones intestinales. Al final son cosas que van sumando.

 ¿Qué imagen tiene un pediatra hoy día en la sociedad española, es un profesional de prestigio?

Desde el punto de vista social, el médico y el pediatra han ido a menos, el prestigio que tenían hace unos años era mucho mayor, se reconocía más su labor que ahora. Una señal de todo eso es que han aumentado mucho las agresiones, algo que antes era impensable. Es la sociedad que tenemos y nos ha tocado vivir, no digo que la culpa sea de unos o de otros, pero el reconocimiento no es el mismo y hemos ido de un extremo al otro: se ha pasado del señor doctor a ser denostados. Duele, pero es lo que hay.