El Centro de Investigación Biomédica en Red de Cáncer (CIBERONC) comienza su andadura en enero de 2017, y en la actualidad agrupa ya a 50 grupos de investigación procedentes de hospitales de toda España. Su director científico, Joaquín Arribas, explica en esta entrevista las principales ventajas y los inconvenientes que tiene para un científico trabajar en un CIBER, así como los objetivos logrados y los proyectos de futuro.

¿Cómo se organiza CIBERONC?

Nuestros grupos de investigación se organizan en programas científicos, y en la actualidad ya tenemos seis programas científicos y uno de formación y movilidad, relacionados con las patologías más prevalentes, como el cáncer de mama, tracto digestivo, vías respiratorias y tumores hematológicos. Además, tenemos un programa enfocado en tumores menos prevalentes, y otro más transversal sobre los mecanismos moleculares que llevan a una célula a convertirse en tumoral.

¿Qué avances destacaría entre los conseguidos en estos años?

Durante estos tres años que llevamos trabajando de manera cooperativa, el grupo que dirijo ha alcanzado resultados relevantes en diferentes áreas, como en el cáncer pancreático o algunos tipos de tumores HER2. Asimismo, varios grupos están desarrollando nuevas terapias, como las CAR-T. Esta es la panorámica general y los avances más destacados.

¿Hacia dónde se dirigen las investigaciones?

Precisamente hace poco hicimos una encuesta entre todos los investigadores del CIBER para saber cuáles eran los retos que ellos creían que teníamos que afrontar los próximos diez años, para saber hacia dónde íbamos, y a pesar de que se lleva hablando de ello mucho tiempo, se llegó al consenso de que se necesitaba implementar una Medicina de Precisión de verdad. Esto tiene su complicación; todos los días vemos en la prensa fármacos cada vez más específicos, terapias cada vez más personalizadas. Sin embargo, la mayoría de los pacientes no se trata con este tipo de terapias. En algunos tipos tumorales se van implementando, pero todos sabemos que la quimioterapia no específica, como los taxanos y las drogas que dañan el ADN, se usan todavía en muchísimos tumores. El reto considerado más relevante para la próxima década es trasladar realmente todos los avances que se hacen en una Medicina personalizada, para que llegue a un mayor número de pacientes. La Medicina personalizada llega a un número muy determinado de personas en las que es efectiva, pero la mayoría de los pacientes actualmente no se beneficia de ella.

Uno de los programas científicos se dedica a estudiar el funcionamiento de las células malignas “para mejorar las terapias de precisión”. ¿En qué fase estamos?

Las investigaciones se dirigen hacia la Medicina de Precisión, y también es hacia donde las vamos a seguir dirigiendo. Efectivamente, en algunos tipos tumorales, como en algunos subtipos de tumores de mama, sí que es una realidad ya, pero hay otros tipos de tumores, como el de páncreas, donde todavía no hay una terapia dirigida efectiva. Incluso algunos tumores de mama, los denominados triple negativos, tampoco tienen una terapia personalizada. Hacia este tipo de tumores es a donde se dirigen las investigaciones.

¿Cuáles son las principales dificultades para desarrollar esta Medicina personalizada?

El problema es de dimensiones muy grandes: cuanto más personalizada es la Medicina, a menos pacientes favorece, y entonces hay que ir haciendo muy efectivo el traslado de los hallazgos hasta desarrollar una terapia, hasta identificar el grupo de pacientes que se beneficia, y esto toma tiempo. El hecho de que descubras algo no quiere decir que se pueda implementar de manera inmediata. Un ejemplo clarísimo ha sido la revolución que en algunos tumores ha supuesto la inmunoterapia. Es verdad que la inmunoterapia ha cambiado el panorama de algunos de ellos, como los de pulmón, melanoma o riñón. A pesar de ser espectaculares, estos avances benefician a un 20%, es decir, a 1 de cada 5 pacientes. Ni siquiera sabemos identificar quiénes son estos pacientes a priori, es una cuestión muy complicada y llevará tiempo desarrollarla.

¿Es posible mejorar el diagnóstico precoz de la enfermedad? 

Es otra de las grandes líneas de investigación. Por ejemplo, en el caso del cáncer de colon ya se notan las mejorías tras realizar el cribado a partir de los 50 años. Igualmente, gracias a la mamografía se tiende cada vez a identificar los tumores antes. Hay también un consenso respecto a la relevancia que tendrá en el futuro la biopsia líquida, es decir, obtener muestras de sangre donde se puede detectar ADN tumoral mucho antes de que haya un tumor con manifestación clínica. Esto todavía no es posible, pero hay muchos grupos trabajando en ello para intentar hacerlo una realidad. El objetivo es que, a partir de un análisis de sangre, se pueda hacer un diagnóstico precoz, prácticamente de cualquier tipo de tumor. Es una idea ambiciosa que podría conseguirse en el futuro.

¿Qué investigaciones tienen en este ámbito?

Estamos tan convencidos de que se trata de una línea de futuro que tenemos varios grupos de investigación trabajando en este tema. Hemos desarrollado un Módulo de Trabajo transversal de biopsia líquida para unificar las estrategias, evitar duplicidades y ser más efectivos.

¿Qué le parecen los tiempos de traslación de la investigación biomédica a la aplicación clínica en el paciente? 

No hay diferencias entre España y el resto de los países desarrollados. Hay participación española en la mayoría de los ensayos clínicos relevantes, y la traslación es un proceso complicado. No se trata solo de las particularidades de España como país, sino también de la dificultad de que la innovación beneficie cada vez a un mayor número de pacientes.

¿Sería posible reducir los plazos?

Desde luego, es una cuestión de recursos. La ciencia en España no va a aguantar mucho más el empeoramiento, que ha sido constante estos diez últimos años. La situación está dando lugar a problemas muy tangibles, como es un envejecimiento, más que preocupante, trágico, de los investigadores e investigadoras españoles. La edad media es altísima, porque estamos pagando ahora los diez años de crisis en los que se han reducido una y otra vez todos los presupuestos de investigación. En muchos centros de investigación ahora la media es de sesenta años; esto es una tragedia. ¿Cuánto más se puede reducir la investigación?, porque al final, por mucho voluntarismo que pongamos, la situación es mala. Hemos seguido trabajando y hemos conseguido objetivos y resultados; en general, esto se suele usar como un argumento bumerán, “tan mal no estará la cosa cuando se siguen consiguiendo resultados”, y este es un argumento falaz. Una de las consecuencias es esa media de edad de 60 años, algo muy poco deseable para el tejido científico de un país.

Para un investigador, ¿cuáles son las ventajas organizativas de pertenecer a un CIBER, y, en concreto, al de Oncología? 

La ventaja fundamental de pertenecer a un CIBER es la capacidad de interacción con otros grupos relevantes de investigación. En el área de Oncología ocurre lo mismo, de modo que se obtiene una panorámica muy global de la investigación, y constantemente se generan sinergias entre distintos grupos. En realidad, tenemos una lista de espera grande de grupos que quieren entrar, a pesar de que nuestra financiación es escasísima y que formar parte del Centro no supone grandes beneficios económicos. Los grupos quieren pertenecer a esta estructura, porque tenemos muchísimas reuniones, especialistas de distintos campos, etc. Por ejemplo, en la investigación de la biopsia líquida tenemos 5-6 grupos líderes, al igual que en informática. Fundamentalmente, es la capacidad de interacción lo que beneficia estar en el CIBER.

¿Y cuáles son los principales problemas de los investigadores del Centro?

Tenemos dificultades, sobre todo en el ámbito administrativo. El CIBER no tiene un centro físico, es un centro de investigación; tiene su NIF y su gerencia; sin embargo, sus trabajadores están repartidos entre las distintas instituciones, y cada una tiene sus gerencias, su NIF, etc. En definitiva, son trabajadores de una institución que colaboran en otra, lo que genera situaciones complicadas. En cualquier caso, me gustaría dejar claro que las ventajas son muchísimo mayores que los inconvenientes, como muestra que tenemos docenas de grupos intentando entrar en el Centro.

¿Cómo es la colaboración con las entidades privadas?

El CIBER de Oncología tiene un recorrido todavía corto, solo tres años, por lo que aún no se han potenciado muchos acuerdos con la industria. Existe una participación y una financiación de la investigación por parte de la industria, pero esto se canaliza a través de las instituciones que forman parte de donde trabajan los investigadores del Centro. Por ahora no hemos conseguido que el CIBER sea una herramienta para atraer financiación de la empresa y de la industria.

¿Cómo se podría atraer esa financiación?

La complicación reside en que el investigador del CIBER trabaja en una institución que ya tiene sus propios contratos con empresas. Habría que conseguir que las compañías se comprometieran a financiar también a los grupos directamente, al consorcio en sí. Esto se puede explorar en el futuro, desde luego.

En este sentido, ¿considera necesaria una ley de mecenazgo?

Totalmente; de hecho, hemos tenido algunas dificultades con instituciones, no donantes particulares. Por ejemplo, hemos tenido problemas administrativos con proyectos con la Asociación Española Contra el Cáncer, precisamente porque no tenemos esta ley de mecenazgo. Debería ser una prioridad, es algo que todos los estamentos de la investigación llevamos reclamando desde hace muchísimo tiempo. Desgraciadamente, no nos han escuchado. La filantropía juega un papel fundamental en los países más avanzados del mundo, como Gran Bretaña y EE. UU., y, desde luego, nos tomarían por locos si criticáramos a los filántropos, porque están devolviendo a la sociedad parte de su fortuna a través de la financiación de proyectos de investigación.

¿Qué le pide a las Administraciones Públicas, a los políticos?

Muchísima más sensibilidad, y a veces ni siquiera cuesta nada. Por ejemplo, es necesario tener un calendario fijo de cuándo se hacen las convocatorias públicas, que no dependan del Gobierno y que no varíen. No cuesta nada que los partidos políticos se pongan de acuerdo para que, gobierne quien gobierne, se cumpla un calendario de convocatorias públicas. En general, no hay una sensibilidad hacia la investigación en tres ámbitos: el presupuestario, a la hora de realizar los calendarios y para simplificar los trámites administrativos. En los últimos años se ha producido una complicación administrativa que hace que los investigadores pierdan gran parte de su tiempo intentando solventar trámites cada vez más complicados. En vez de estar centrados en el proyecto científico, tienen que preocuparse por justificar cualquier gasto de una manera exhaustiva, a veces redundante.

¿Habría que reducir los trámites administrativos?

Es algo que tampoco cuesta dinero. Yo creo que el tipo de controles para asegurarse de que el dinero va realmente a la investigación es más que suficiente. Nunca he oído que el dinero destinado a la investigación se haya usado mal; sin embargo, cada año hay un trámite burocrático más, una restricción más, que nos hacen a veces perder la mitad del día en justificar una serie de trámites administrativos y burocráticos que no van a ningún sitio. Y esto sucede en un contexto en el que cada vez hay menos dinero.

Además, la propia investigación también genera su propia burocracia, registro de datos, etc.

Seguro que esto supone un apartado especial, pero es algo que los investigadores hacen con gusto, porque tiene que ver con su labor científica, está relacionado con el manejo de datos científicos. El problema es tener que realizar un concurso público entre proveedores para gastar 200€ en el laboratorio, que, además, es algo muy específico para un experimento concreto. Se produce mucha intervención de estructuras administrativas con un conocimiento muy limitado de la realidad científica.

En España, cuando asoma una crisis económica se suele reducir la inversión en investigación, ¿cree que puede volver a ocurrir?

Cuando empezó la última crisis muchos países reaccionaron aumentando la financiación en la investigación, por ejemplo, Alemania. Los investigadores españoles no somos tan competitivos atrayendo fondos europeos, y esa inversión va a otros Estados miembro que invierten más, ya que tienen mucha más capacidad competitiva y presentan proyectos de mucha más calidad. Se trata de una especie de círculo vicioso. Por una parte, se recorta el presupuesto, pero seguimos investigando y publicando en revistas de alto impacto, por lo que pensarán que no nos hace falta más inversión. Y ocurre lo contrario, hacemos lo que podemos. Las consecuencias no las están pagando los investigadores ya establecidos, con cierta edad, sino los jóvenes. En cualquier tipo de organización, tener una edad media de 60 años es muy significativo. No se han incorporado los suficientes investigadores jóvenes, y es una tragedia, porque la gente de más edad es la que está manteniendo la productividad científica, pero, cuando se jubile, ¿quién investigará?

Además, siempre se asocia la investigación con la inestabilidad laboral…

Es otro componente del problema, totalmente cierto. Muchas veces las mentes más brillantes ni siquiera tienden a ir a la ciencia, prefieren otras opciones que les permiten desarrollar un proyecto vital.

¿Cuál es el perfil de los profesionales que pertenecen al CIBER de Oncología?

Desde el principio, por las características específicas de la Oncología, que tiene mucho de biología celular básica, ha habido siempre un componente fundamental de investigación básica, en España y en todas partes. Sin embargo, en el Centro siempre hemos tenido muy presente que no queremos alejarnos de la realidad del paciente, y esto se ha plasmado en que, justo el 50% de los investigadores del CIBER son clínicos, y el 50% son básicos. Todos los programas están codirigidos por sendos investigadores, uno clínico y otro básico. El componente básico es inevitable, porque el cáncer es una enfermedad compleja muy asociada con casi todas las funciones celulares, con lo cual tiene que haber mucha biología celular y mucha bioquímica, pero es muy importante no distraerse y focalizar toda la investigación para beneficiar a los pacientes. Nuestra manera de hacerlo es mantener este equilibrio exacto y establecer dicha coordinación en todos los programas, de modo que los objetivos pueden ser de biología muy profunda, pero siempre encaminados a mejorar el diagnóstico, el tratamiento y la prevención del cáncer.

¿Qué otros perfiles profesionales hay?

Todos los grupos clínicos cuentan con profesionales de Enfermería; particularmente, los que hacen ensayos clínicos tienen también la complejidad de cualquier grupo clínico, con oncólogos médicos, cirujanos, radioterapeutas, farmacéuticos, etc. Los grupos básicos también se están diversificando cada vez más, y, además de bioquímicos y biólogos, actualmente también cuentan con personal para tratar la cantidad de datos que se generan, y cada vez hay más matemáticos, informáticos, etc. Los grupos clínicos tienden a ser muy multidisciplinares, todos los estamentos son necesarios para tratar a los pacientes. Por su parte, los grupos básicos también se están haciendo multidisciplinares, por ejemplo, para el manejo de grandes bases de datos.

CIBERONC tiene un programa de formación para investigadores, ¿en qué consiste y cuáles son sus objetivos principales?

Ha sido un propósito fundamental desde el principio tener un programa fuerte de formación y movilidad, y hemos dedicado dinero a potenciar las primeras fases de la carrera científica, con becas de introducción a la investigación. También promovemos mucho la movilidad entre grupos para aprovechar las interacciones. En el CIBER, asimismo, hemos patrocinado cursos y congresos, entre otras iniciativas, para favorecer las vocaciones por la investigación. Tenemos mucho contacto con los investigadores jóvenes, y, desgraciadamente, somos conscientes de lo pesimistas que son, ante todo, por la falta de estabilidad laboral. Por mucha vocación que tengan, a veces no pueden continuar la carrera como investigadores.

¿En qué consisten los programas de movilidad?

Constantemente intentamos trabajar en red, intercambiamos información y formación sobre tecnologías desarrolladas en cualquier laboratorio. La mejor manera de exportarlas es invitar a alguien a que aprenda a usarlas. Por ejemplo, en mi laboratorio recibimos a investigadores de otros centros para que conozcan los trabajos que desarrollamos, pues requieren de una cierta preparación. También intercambiamos experiencias con expertos en Informática para que aprendan a desarrollar algoritmos, por ejemplo.

 

NOTA DE REDACCIÓN:

La entrevista que ahora publicamos fue concedida a EL MÉDICO para un especial de Oncología de su edición impresa mensual. Este número corresponde a la publicación de abril, y el contenido se cerró para su impresión en las primera semanas de marzo. Esta entrevista se realizó a mediados de febrero.