Redacción, Madrid.-“La disfagia se presenta, principalmente, asociada a la edad o a enfermedades neurológicas, de manera que casi la mitad de los afectados por esta alteración son ancianos y pacientes neurológicos”, según explicó Cleofé Pérez-Portabella, supervisora jefe de la Unidad de Dietética y Nutrición del Hospital Vall d”Hebrón, durante su intervención en el III Curso de Nutrición para Médicos de Residencia, organizado por la Sociedad Española de Nutrición Parenteral y Enteral (SENPE).

 

En opinión de esta experta en Dietética y Nutrición, “la disfagia es más frecuente de lo que creemos, lo que ocurre es que, en el caso de los ancianos, muchas veces nos pasa desapercibida, no damos importancia a la tos durante la comida, a la retención exagerada en la boca de líquidos o alimento. Sin embargo, pueden ser signos de alerta iniciales, para prevenir complicaciones”.

 

Según se puso de manifiesto durante el curso, el origen de la disfagia puede ser de carácter anatómico (dificultad de progresión por una disminución de la luz del esófago) o bien funcional (alteración en el mecanismo de propulsión del bolo o de protección de la vía respiratoria, debida, entre otras, a la enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple, accidente vascular cerebral, miopatías diversas,”). En cuanto a los afectados por este síntoma, existen principalmente dos grandes grupos de pacientes: aquéllos con disfagia por problemas mecánicos, y los que presentan disfagia secundaria a problemas neurológicos, como por ejemplo los accidentes vasculares cerebrales, la enfermedad de Alzheimer u otras demencias.

 

Las consecuencias de la disfagia, en opinión de Cleofé Pérez-Portabella, “son también muy importantes, ya que puede ocurrir que el paciente, por padecer disfagia, deje de comer y no reciba el aporte calórico necesario, o no coma adecuadamente en relación con la cantidad y calidad de los alimentos a ingerir, puesto que, en algunos casos y con el fin de facilitar el paso del alimento se siguen dietas poco nutritivas, especialmente con poco aporte de proteína”.

 

“Por otra parte “continuó esta experta- en las personas mayores la sensación de sed disminuye por lo que es más probable que tiendan a deshidratarse. La disfagia, además, provoca inseguridad (por miedo a atragantarse) por lo que hay que facilitarles la toma de dichos líquidos y alimentos con texturas adaptadas mediante espesantes, purés homogéneos o gelatinas”.

 

Deshidratación, desnutrición y neumonía por aspiración

Entre las principales consecuencias de este trastorno surge el riesgo de deshidratación y desnutrición. Disminuye así su capacidad de respuesta frente a infecciones, su fuerza muscular y, por tanto, su autonomía. Éste es el caso de las neumonías por aspiración, un tipo de complicación asociada a disfagia muy grave que provoca una mortalidad muy elevada que llega hasta el 50 por ciento”. Para evitarlo -insistió esta experta- “lo primero y más importante es detectar la disfagia precozmente y actuar de forma rápida antes de que la persona se desnutra, se deshidrate y/ o presente complicaciones pulmonares graves”.

 

De ahí que, tal y como explicó Pérez-Portabella, durante su intervención en el curso patrocinado por Novartis Consumer Health, “la multidisciplinariedad sea un elemento básico en el abordaje de la disfagia debido a la necesaria participación de distintas disciplinas profesionales (equipo de enfermería, logopeda, dietistas, y médicos geriatras, digestólogos, radiólogos, etc.). Hoy en día todavía debemos hacer énfasis en la necesaria identificación del problema para poder realizar un correcto diagnóstico y un programa de intervención integral, temas que son en cualquier caso objeto de debate”.

 

La supervisora jefe de la Unidad de Dietética y Nutrición del Hospital Vall d”Hebrón, señaló, además, que “las Unidades de Dietética y Nutrición de los distintos hospitales españoles facilitan a los pacientes disfágicos una serie de recetas de fácil aplicación en sus hogares para modificar la textura de los alimentos y espesarlos hasta conseguir la consistencia néctar o pudding, que es la ideal para que el alimento llegue al estómago en pacientes disfágicos. De esta manera, “se pretende lograr un óptimo estado nutricional y de hidratación, asegurar una alimentación equilibrada y en definitiva, mejorar la calidad de vida del paciente “, concluyó.