La fiebre es el síntoma más frecuente en los niños y, por esta razón, la principal causa de consulta médica. Cuando un niño tiene fiebre con frecuencia aparece en los padres una gran preocupación, e incluso a veces un sentimiento de angustia ante la posibilidad de que el niño tenga una enfermedad grave. Sin embargo, la fiebre en los niños se debe en la mayoría de las ocasiones a enfermedades leves.

¿Qué es la fiebre?

Fiebre es la elevación de la temperatura del cuerpo por encima de 38ºC. Febrícula se le llama a la temperatura entre 37,5º y 38ºC. Aunque la temperatura normal varía con la edad (máxima de 37,5ºC en niños pequeños y 38ºC en niños mayores), no se considera fiebre hasta que no supera los 38ºC axilar. La temperatura normal (35,5º – 37,5ºC) es mayor en el recto y el oído que en la axila o en la ingle, mayor por la tarde que por la mañana y superior después del ejercicio y durante el periodo de digestión de la comida.

La fiebre es una respuesta del organismo producida generalmente por la agresión de un microbio, virus o bacteria, pero también puede ser debida a causas no infecciosas. La fiebre no es dañina, siempre que no sea excesiva, y es útil para luchar contra las infecciones. Pero fiebre no significa necesariamente infección, porque muchas infecciones, sobre todo las de recién nacidos y lactantes pequeños, no se acompañan de fiebre. Por otra parte, algunas no están provocadas por ninguna infección sino por otras causas que más adelante se detallan.

¿Cómo se debe tomar la temperatura?

Aunque existen muchos métodos para tomar la temperatura, el más fiable sigue siendo el termómetro introducido en el recto durante un periodo de 1 ó 2 minutos.

La temperatura en la axila o en la ingle puede dar valores más bajos que la temperatura real, bien porque no se deja puesto el termómetro 5 minutos, que es el tiempo necesario para que la lectura sea fiable, o bien porque no se coloca adecuadamente, de forma que no todo el calor del cuerpo puede trasmitirse al termómetro.

Existen termómetros de oído, muy cómodos porque la lectura es instantánea, pero muchas veces la temperatura que ofrece no es totalmente fiable ya que puede estar afectada por infecciones de oído, tapones o por una inadecuada técnica de medición. Otros termómetros cómodos y de fácil uso son los digitales para poner en la frente o en otras partes de la piel.

Un termómetro excelente son las manos, e incluso mejor los labios, que aplicados sobre la frente o el cuerpo del niño detectan con mucha fiabilidad si la temperatura es superior o no a lo habitual. Una vez sospechada así la presencia de fiebre es necesario poner un termómetro para confirmarla y también para conocer la evolución de la temperatura en las siguientes horas.

¿Cómo se mantiene la temperatura del cuerpo?

Los niños mayores y los adultos pueden mantener la temperatura del cuerpo estable, aunque haga frío o calor en el exterior, gracias a un sistema de calentamiento y refrigeración natural que es el responsable de que el cuerpo se caliente cuando hace frío o se enfríe cuando hace calor. La fiebre se produce porque se sobrepasa la capacidad natural de refrigeración del cuerpo. Los niños pequeños pueden tener poco desarrollado este sistema que mantiene estable la temperatura corporal.

Cuando la temperatura del organismo está elevada, se ponen en marcha los mecanismos de pérdida de calor, la sudoración y la emisión de calor al exterior. El cuerpo actúa como un radiador de calefacción, motivo por el cual el niño con fiebre debe estar con poca ropa o desnudo para facilitar esta eliminación de calor hacia el exterior. La sudoración puede ser tanto de gotas gruesas como de gotas imperceptibles. en ambos casos tienen el mismo objetivo, evaporarse, para lo que necesitan calor que es robado del cuerpo, de modo que éste se enfría. La evaporación del sudor tiene el mismo efecto físico que cuando nos ponemos alcohol o colonia en nuestra piel y soplamos: se nota inmediatamente una sensación de frío provocada por esta evaporación. Por eso los niños con fiebre pierden de manera invisible mucha agua por su piel y necesitan que se les ofrezca frecuentemente líquidos para compensar estas pérdidas.

El calor se mantiene gracias al metabolismo y combustión de los alimentos y a que se evita, cuando hace frío en el exterior, que la sangre pase en demasía por la piel, enfriándose. Este mecanismo explica que, cuando hace frío, la piel esté fría (pero no la temperatura del cuerpo) y pálida, porque lo que da calor y color a la piel es la sangre, que al eludir la piel evita su enfriamiento. Esto también sucede en algunos niños rebeldes a las medidas físicas o farmacológicas para bajar la fiebre, en los que la frente y la cabeza están ardiendo mientras que las extremidades están frías y de mal color. El termostato de esta central térmica capaz de mantener la temperatura entre 35,5ºC y 37ºC está en el cerebro.

¿Cuáles son las principales causas de fiebre?

En los niños las principales causas de fiebre, no las únicas, son las infecciones. Las infecciones pueden manifestarse solo con fiebre o con fiebre más otros síntomas. Estos cuadros suelen corresponder generalmente a infecciones respiratorias leves, banales, de origen vírico, autolimitadas, que evolucionan hacia la curación espontáneamente. En este caso, los niños tienen fiebre, tos y mocos pero presentan un buen estado general en ausencia de fiebre, ya que todos los niños están decaídos mientras tienen fiebre.

En ocasiones la fiebre acompaña a infecciones respiratorias no leves que cursan también con tos, expectoración y decaimiento o infección de las amígdalas, oídos, etc., muchas de las cuales precisan tratamiento específico.

Otras infecciones muy frecuentes productoras de fiebre son las gastrointestinales que cursan con vómitos, diarrea y dolor abdominal, así como las infecciones urinarias que pueden producir fiebre sin ningún otro síntoma.

Otras infecciones víricas o bacterianas, algunas graves como la sepsis o la meningitis, pueden producir en el niño pequeño fiebre no acompañada de ningún otro síntoma. Estos niños deben ser estudiados por su pediatra.

Pero algunas fiebres no son de origen infeccioso. La más frecuente es la fiebre por alta temperatura ambiental, bien porque la calefacción es muy elevada, porque es un día de mucho calor o porque se expone al niño excesivamente al sol. La deshidratación y algunas intoxicaciones también producen fiebre.

¿Cuándo preocuparse por la fiebre?

Siempre que un niño tenga fiebre debe ser valorado por un médico. Sin embargo, en algunas situaciones la consulta debe hacerse de urgencia para descartar una enfermedad grave. Estas situaciones de alarma ante la fiebre son:

” Recién nacido con fiebre o, por el contrario, con baja temperatura (inferior a 35,5ºC) porque en ambos casos es necesario descartar infección.

” Bebé menor de tres meses con fiebre elevada, sin causa aparente o con otros síntomas acompañantes entre los que están el decaimiento, la irritabilidad y el rechazo de la alimentación.

” Niños menores de dos años con fiebre, tendencia al sueño (en ausencia de fiebre) o dificultad al respirar.

” Niños de cualquier edad con fiebre y manchas rojas en la piel, manchas que al apretar la piel o al estirarla con los dedos, o al apretarlas con un vaso transparente, no desaparecen. Estas manchas pueden ser petequias, un signo que obliga a consultar con mucha urgencia porque puede corresponder a un tipo de infección muy grave llamada sepsis o septicemia.

” Niños de cualquier edad con temperatura por encima de 40ºC. En los demás casos de fiebre, cuando el estado general del niño no es malo y su vitalidad no está claramente disminuida, puede demorarse la visita al médico 24 ó 36 horas. Mientras, es necesario vigilar la aparición de síntomas de alarma y descender la fiebre con medidas físicas y con fármacos.

¿Qué se debe hacer cuando un niño tiene fiebre?

En primer lugar quitarle ropa y ofrecerle agua. Los niños pequeños toleran bien quedarse desnudos, pero los mayores lo toleran mal y reclaman ropa de abrigo que puede ser sustituida por ropa de verano que no mantiene la temperatura.

Si el niño es pequeño y la fiebre es elevada se debe, o bien bañarle con agua tibia fresca durante 15-20 minutos, o bien aplicarle paños fríos mojados en la frente, axilas, ingles, brazos y piernas, paños que periódicamente deben cambiarse por otros mojados porque rápidamente se calientan. Los niños mayores suelen rechazar el baño fresco y toleran mejor los paños fríos. Con estas sencillas medidas se puede controlar la fiebre cuando no es elevada. En estos casos, además, hay que administrar fármacos antitérmicos.

El médico o el farmacéutico indicarán qué fármacos se pueden utilizar para normalizar la temperatura, la dosis y la frecuencia con la que se deben tomar estos medicamentos. La dosis depende del peso, no de la edad.

Los dos fármacos más utilizados son el ibuprofeno y el paracetamol. En el mercado existen diversas marcas y formas de presentación. El ibuprofeno debe administrarse después de ingerir algún alimento (leche, galletas, yogur) porque puede irritar el estómago. Es recomendable que los padres se familiaricen con alguno de estos fármacos, de forma que puedan utilizarlos siempre que el médico autorice a ello.

Artículo elaborado por el Dr. Juan Casado Flores, Profesor de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid y Jefe de la UCI Pediátrica del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid.