Gracias a imágenes obtenidas con resonancia magnética funcional se han podido detectar determinadas zonas del cerebro que presentan alteraciones en los niños con obesidad. Se trata de la corteza orbitofrontal y la amígdala. Estos son los  centros que regulan las sensaciones de recompensa y de castigo y su relación con la parte del cerebro que regula las necesidades básicas, como la comida y las emociones. También  la corteza somatosensorial, donde el cerebro representa la imagen de nuestro propio cuerpo.

El trabajo está liderado por investigadores del Hospital del Mar y de ISGlobal, centro impulsado por la Fundación “la Caixa”. Para ello han analizando imágenes del cerebro de 230 niños de entre 8 y 12 años. Se trata de la primera vez que se hace un estudio de estas características con niños. De esta forma, los investigadores han podido certificar que el cerebro de los niños con obesidad presenta rasgos diferentes respecto a los que tienen peso normal o sobrepeso.

Causas de los niños con obesidad

La clave de este estudio está en que estas alteraciones vinculan la obesidad con una patología cerebral. Esta es similar al trastorno obsesivo-compulsivo, ya que las zonas del cerebro afectadas son las mismas que en esta enfermedad.

“La obesidad en general y, en particular, la infantil, se enfoca como un mal hábito. Por ello, se señala a determinados alimentos como responsables, pero no es del todo así”, explica. Jesús Pujol, autor del estudio. El estudio ha permitido detectar “un salto cualitativo en los niños y niñas, que va de un mal hábito en el caso del sobrepeso, a una ‘enfermedad’ cerebral en forma de alteración funcional cuando el sobrepeso pasa a ser obesidad. Es claramente una obsesión por la comida”, apunta.

El hecho de tener hiperexcitadas estas zonas del cerebro provoca una ansiedad permanente en los niños con obesidad y, a la vez, altera la propia percepción del cuerpo, magnificándola. Añade más información Laura Blanco Hinojo, también firmante del estudio. “Los niños con obesidad sufren mucho su problema y sufren la idea obsesiva acerca de la comida”. De esta forma, la comida no les tranquiliza, no disfrutan, solo les quita la ansiedad de forma parcial. “Es decir, la obsesión por comer invade la mente de la persona, hecho que es vivido de forma negativa, con sufrimiento, un hecho que no pasa con los niños con peso normal o sobrepeso”.

Los investigadores apuntan que el estudio no permite determinar si la obesidad genera las alteraciones cerebrales o son estas alteraciones las que provocan el sobrepeso y la obesidad. Pero sí concluye que hay que tener en cuenta los dos factores, la alimentación y la patología cerebral.