Investigadores de la Universidad Rockefeller de Nueva York han descrito en Science una nueva clase de neuronas en la región del polo temporal del cerebro. Estas células vinculan la percepción del rostro de los seres queridos con la memoria a largo plazo.

Como indican los autores de la investigación, se ha buscado durante muchos años qué neuronas podrían explicar la reacción instintiva que siente el ser humano cuando ve un rostro familiar, como el de una abuela. Y, de hecho, estas células eran coloquialmente conocidas como ‘la neurona de la abuela’.

“Cuando empecé a investigar en en neurociencia, si querías ridiculizar el argumento de alguien, lo descartabas diciendo que era ‘solo otra neurona de la abuela’, una hipótesis que no podría existir. Ahora, en un rincón oscuro y poco estudiado del cerebro, hemos encontrado lo más parecido a una ‘neurona abuela’: células capaces de vincular la percepción del rostro con la memoria”, ha detallado Winrich Freiwald, profesor de Neurociencias y Comportamiento de la Universidad Rockefeller.

Neurona abuela

La idea de una ‘neurona abuela’ apareció por primera vez en la década de 1960 como una célula cerebral teórica que codificaría, por sí misma, un concepto complejo y específico. De este modo, existiría una neurona para la memoria de la abuela, otra para recordar a la madre y otras para el resto de seres queridos. La noción de una relación uno a uno entre las células cerebrales y los objetos o conceptos fue un intento de abordar el misterio de cómo el cerebro combina lo que vemos con nuestros recuerdos a largo plazo.

Desde entonces, los científicos han descubierto muchas neuronas sensoriales especializadas en procesar información facial y células de memoria dedicadas a almacenar datos de encuentros personales. Pero una ‘neurona de la abuela’, o incluso una célula híbrida capaz de vincular la visión con la memoria, nunca surgió. “La esperanza es que ya lo habríamos logrado. Pero estábamos lejos de eso. No teníamos un conocimiento claro de dónde y cómo el cerebro procesa las caras conocidas”, ha recordado Freiwald.

Investigación en macacos

Recientemente, el investigador y su equipo descubrieron que un área pequeña en la región del polo temporal del cerebro puede estar involucrada en el reconocimiento facial. Utilizaron imágenes de resonancia magnética funcional como guía para acercarse a las regiones TP de dos macacos rhesus. Se registraron las señales eléctricas de las neuronas TP mientras los macacos miraban imágenes de rostros familiares -que habían visto en persona- y rostros desconocidos, que solo habían visto virtualmente en una pantalla.

El equipo descubrió que las neuronas en la región TP eran altamente selectivas, respondiendo a rostros que los sujetos habían visto antes con más fuerza que a los desconocidos. Y las neuronas discriminaban con rapidez entre caras conocidas y desconocidas inmediatamente después de procesar la imagen.

Curiosamente, estas células respondieron tres veces con más fuerza a los rostros familiares que a los desconocidos a pesar de que los sujetos habían visto los rostros desconocidos muchas veces virtualmente en las pantallas.

“Esto puede indicar la importancia de conocer a alguien en persona”, ha apuntado la neurocientífica Sofia Landi, primera autora del artículo. “Dada la tendencia actual a volverse virtual, es importante tener en cuenta que los rostros que hemos visto en una pantalla pueden no evocar la misma actividad neuronal que los rostros que conocemos en persona”, ha añadido.

Conexión entre el dominio sensorial y memoria

Los hallazgos constituyen, en opinión de los investigadores, la primera evidencia de una célula cerebral híbrida, similar a la legendaria ‘neurona de la abuela’. Las células de la región TP se comportan como células sensoriales, con respuestas fiables y rápidas a los estímulos visuales. Pero también actúan como células de memoria que responden solo a estímulos que el cerebro ha visto antes, en este caso, individuos familiares, lo que refleja un cambio en el cerebro como resultado de encuentros pasados. “Son estas células muy visuales, muy sensoriales, pero como células de memoria”, ha descrito Freiwald. “Hemos descubierto una conexión entre los dominios sensorial y de la memoria”.

Pero las células no son, estrictamente hablando, ‘neuronas de la abuela’. En lugar de que una célula codifique una sola cara familiar, las células de la región TP parecen funcionar en concierto, como un colectivo. “Es un ‘área de la cara de la abuela’ del cerebro”, ha sugerido Freiwald.

El descubrimiento de la región TP en el corazón del reconocimiento facial significa que los investigadores pronto podrán comenzar a investigar cómo esas células codifican rostros familiares. “Ahora podemos preguntarnos cómo está conectada esta región con las otras partes del cerebro y qué sucede cuando aparece una nueva cara”, ha anunciado Freiwald. “Y, por supuesto, podemos comenzar a explorar cómo funciona en el cerebro humano”.

En el futuro, los hallazgos también pueden tener implicaciones clínicas para las personas que padecen prosopagnosia, una enfermedad que causa aislamiento social y que afecta a aproximadamente el uno por ciento de la población. “Las personas con este tipo de ceguera facial a menudo sufren de depresión. Puede ser debilitante, porque, en el peor de los casos, ni siquiera pueden reconocer a sus parientes cercanos. Este descubrimiento podría algún día ayudarnos a diseñar estrategias para ayudarlos”, ha concluido Freiwald.