En los últimos años han florecido las denominadas “adicciones psicológicas”, tales como las adicciones relacionadas con el juego, adicciones a las compras, al trabajo, a internet, al móvil…, según Ana Fernández- Alba Luengo, de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. Esta circunstancia ha captado la atención de quienes consideran que las adicciones psicológicas constituyen una entidad clínica, siendo las nuevas tecnologías una de sus manifestaciones más evidentes.

Tales adicciones, sin droga, no están recogidas, sin embargo, en las clasificaciones al uso de los trastornos mentales, y parece existir cierto acuerdo en que el proceso adictivo es similar al producido por el consumo de drogas: gratificación inicial, restricción de respuestas alternativas, presencia tolerancia-dependencia- abstinencia psicológica y consecuencias negativas.

Para esta especialista, si se acepta que las adicciones pueden limitarse exclusivamente al consumo de sustancias psicoactivas, entonces cualquier hábito conductual es susceptible de adquirir la condición de comportamiento adictivo, a condición de que haya una pérdida de control, una fuerte dependencia psicológica, un desinterés por otras actividades previamente gratificantes y una interferencia significativa en la vida cotidiana.

En localidades como Jaén, por ejemplo, las asociaciones que tratan a jugadores en rehabilitación, como Alujer y Aplijer (de Jaén y Linares, respectivamente), advierten de la aparición en los últimos tiempos de casos de adictos al móvil y a la red, además de compradores compulsivos que invierten, cada vez que salen a la calle, ingentes cantidades de dinero en cosas que realmente no necesitan. El presidente de Alujer, Francisco Jiménez, explica que en su asociación hay actualmente cuatro personas en tratamiento por esa adicción a comprar sin control, y otras dos por la fiebre del móvil.

Como las drogas

El psiquiatra británico Mark Griffiths compara las adicciones a la tecnología con el enganche que producen determinadas sustancias químicas en el cerebro. Según este especialista, la interacción hombre-máquina puede llegar a producir un cierto grado de dependencia física y provocar efectos comparables al uso de las drogas: alteración de la conciencia, conflictos interpersonales…

“No hay tecnologías adictivas, sino personalidades adictivas”, explica, por su parte, el psiquiatra español Luis Rojas Marcos. “El problema no es internet, ni el teléfono móvil, sino la persona compulsiva que se engancharía a cualquier cosa si no existiese la tecnología”.

Ludopatía

Según los doctores Francisco García Rodríguez, especialista en Psiquiatría y en Medicina Familiar y Comunitaria, y Luis Caballero Martínez, psiquiatra consultor, “el juego patológico, la ludopatía, aunque pueda parecer un vicio, se considera una enfermedad, ya que el juego, que es una actividad normal y deseable, cuando llega a la dependencia se convierte en una enfermedad. El juego entonces se transforma en una obsesión, que se incluiría en un trastorno del control de los impulsos, igual que el impulso de robar (cleptomanía) o de quemar (piromanía)”.

Compra compulsiva

De estas nuevas adicciones, conviene señalar una que está ganando adictos, la compra compulsiva. Siempre según los citados expertos García Rodríguez y Caballero Martínez, la compra compulsiva es el afán desmedido, incontrolado y recurrente por adquirir cosas. Es una adicción en toda la regla que, aunque no afecta a mucha gente, es más común de lo que pudiera pensarse.

Al parecer, las primeras manifestaciones de consumo compulsivo comenzaron a registrarse en los años 20 del siglo pasado, pero es en los 80 cuando se convierte en poco menos que una enfermedad social que alcanza a todo tipo de personas, si bien son los jóvenes los más vulnerables, especialmente a los mensajes publicitarios. Es un impulso irreprimible el que lleva a comprar cosas poco útiles y gastar más de lo que se puede, para luego arrepentirse de ello. “Sentimientos de tristeza, rabia, incomprensión, desatención, soledad, buscan su vía de escape en la compra de artículos muchas veces innecesarios que provocan satisfacción en el momento de adquirirlos. Se intenta mitigar el dolor canalizando el enfado hacia la compra y posesión del objeto. Cuando esto se convierte en costumbre, en necesidad irreprimible, aparece el problema”.