Si algunos de los adultos sufren el llamado síndrome postvacacional tras las vacaciones estivales, a nadie debe extrañar que para algunos niños también resulte estresante volver de nuevo al colegio. La razón está en que la vuelta al cole conlleva una adaptación progresiva que supone un gran esfuerzo físico y psíquico para los más pequeños de la casa. Muchos padres deben afrontar conjuntamente la vuelta al trabajo con la vuelta al período escolar de sus hijos. Según el doctor Ignacio Ferrando, director de Programas Médicos de Sanitas, “ambas circunstancias traen consigo responsabilidades “prioritarias” en la mayoría de los casos y “urgentes” en algunos otros, lo que provoca una “compleja” situación de estrés individual e, incluso, en la unidad familiar”.

La comunicación entre padres e hijos juega un papel muy importante a la hora de minimizar los posibles problemas generados por esta situación. El niño está intrigado por una serie de preguntas como: “¿quién será mi próximo profesor?”, “¿podré sentarme con mis amigos?”. Este tipo de planteamientos pueden provocar en el escolar un estado de ansiedad, sobre todo, si corresponde a su primera incorporación en educación primaria o si es su primer curso en un nuevo centro.

En opinión de Ferrando, “en el período inmediatamente anterior a la incorporación a la rutina escolar, los niños pueden sufrir el denominado síndrome de la normalidad (equivalente infantil del síndrome postvacacional adulto), que les provoca hastío, cansancio y ansiedad”, llegando en algunos extremos a “casos depresivos”.