En Medicina Interna, 1 de cada 4 pacientes que acude a consulta presenta obesidad. Más del 40 por ciento de personas de mayores de 65 años tienen obesidad. Una cifra que pasa al 70 por ciento si hablamos de obesidad abdominal. En este contexto, la realidad es que existen diversas guías sobre obesidad, pero ninguna está enfocada al manejo de la obesidad en el paciente mayor de forma integral. Es por ello que médicos internistas de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) acaban de presentar un nuevo protocolo pionero para el despistaje, valoración y abordaje integral de la obesidad en mayores de 65 años.

El protocolo establece a través de preguntas sencillas, un perfil de paciente. Todo ello en función de su grado de fragilidad, sarcopenia y situación cognitiva. El objetivo es ofrecer un plan de tratamiento individualizado. Este puede ser reducido, si intensifica intervenciones no farmacológicas y preserva calidad de vida evitando dietas restrictivas. Sería conservado si cuenta con intervención farmacológica, además de pautas de estilo de vida y otras recomendaciones.

Obesidad en mayores de 65 años

La obesidad en mayores de 65 años es especialmente preocupante ya que aumenta la morbimortalidad de los pacientes con fibrilación auricular, con enfermedades cardiovasculares, con enfermedades pulmonares o renales. Cabe recordar que las personas de edad avanzada, tienden a incrementar el porcentaje de grasa corporal y la adiposidad. Además, en fases avanzadas de la vida esta característica puede acompañarse de un estado de desnutrición.

Como expone Juana Carretero, internista y vicepresidenta primera de SEMI, “el abordaje de la obesidad debe ser personalizado, individualizado y centrado en la persona que la padece, especialmente en las personas mayores de 65 años. Sin embargo, a veces en consulta no pensemos en tratar su obesidad. Es muy importante valorarlas de forma integral y tener muy en cuenta también su obesidad”.

Así, a la hora de plantear el manejo clínico de la obesidad en mayores de 65 años es importante valorar el estado funcional. También si el paciente presenta sarcopenia o deterioro cognitivo. De esta forma, en un paciente con IMC entre 30 y 34,9 estaría indicado intensificar el estilo de vida saludable. Asimismo, en aquellos pacientes con IMC entre 35 y 39,9 es importante valorar también si presenta otras comorbilidades y el impacto que estas tienen sobre la limitación del paciente, así como la posible prescripción de medicación.  Por último, con un IMC de 40, se recomienda intensificación del estilo de vida saludable, además del tratamiento farmacológico. Además, en algún grupo de paciente específico incluso se puede valorar la cirugía bariátrica.