La molécula belatacept, comercializada por Bristol-Myers Squibb (BMS) con el nombre de Nulojix, utilizada para prevenir el rechazo del órgano en pacientes adultos sometidos a trasplante de riñón, mejora la función renal y atenúa su riesgo de padecer episodios cardiovasculares, según los últimos datos presentados en el marco del Congreso de la Sociedad Europea de Trasplantes (ESOT, por sus siglas en inglés) que se ha celebrado estos días  en Glasgow (Reino Unido).

 

En este encuentro científico, en el que se han reunido los más destacados especialistas mundiales en la materia, se dieron a conocer las últimas novedades terapéuticas y se presentaron en total 15 abstracts pertenecientes a diversos ensayos clínicos y estudios, incluyendo entre ellos los del trabajo que ha respaldado las autorizaciones de comercialización de  Nulojix en Europa y Estados Unidos.”Belatacept inhibe la respuesta inmune y contribuye a preservar la función renal al año”, ha explicado a EL MÉDICO INTERACTIVO el doctor Josep Grinyó, del Hospital Universitario Bellvitge (Barcelona), uno de los expertos participantes en el evento europeo. “Los datos clínicos sobre betalacept presentados en el Congreso se añadirán al conjunto de evidencias científicas que han respaldado la aprobación del fármaco en Estados Unidos y Europa”, recordó Florence Steinhauslin de BMS.

En opinión Grinyó, “la aprobación de este fármaco en Europa ha supuesto una de las innovaciones más llamativas que se han producido en el campo de la inmunosupresión en los últimos diez años”. Además, reconoció esperanzado  que “este fármaco supone un avance y da la posibilidad de tener más alternativas de tratamiento para prevenir el rechazo sin tener que pasar por la nefrotoxicidad”.

Terapia de mantenimiento

Nulojix es el primer inmunosupresor biológico aprobado como terapia de mantenimiento en pacientes trasplantados de riñón. Es, además, la primera molécula con un mecanismo de acción diferente aprobada en más de una década para este tipo de pacientes. El tratamiento con belatacept comienza en el momento del trasplante, durante la fase inicial o de inducción. Una vez cumplido el primer mes del trasplante y a lo largo de toda la fase de mantenimiento, Nulojix se administra en forma de infusión intravenosa de 30 minutos de duración una vez al mes.

El profesor Klemen Budde, del Departamento de Nefrología de la Universidad alemana Gharité, detalló los beneficios de la nueva opción terapéutica. “Con este fármaco se produce una mejora de la función renal que es superior a los 15 mililitros por minuto y además se ha visto, a través de biopsias protocolo, es decir, de seguimiento, que existe una disminución del daño crónico, por lo que evita por una parte el deterioro de función renal y, por otra parte, preserva mejor la estructura del riñón”. En esta misma línea Grinyó especificó  que estos resultados se vieron al año del trasplante y tras seguir este medicamento y han sido confirmados a los tres años.

Este medicamento beneficia a pacientes renales, específicamente a aquellos que pueden recibir un injerto de edad avanzada, ya que “ganar función renal en esos casos es importante porque la función renal que se consigue al principio, tras el trasplante, determina en parte el pronóstico del injerto del trasplante en sí y la función renal es un factor de riesgo per se de complicaciones cardiovasculares”, por lo que, para el experto, “preservando la función renal, se podrá mejorar la supervivencia a largo plazo del injerto y, por otra parte, atenuar el riesgo cardiovascular en estos pacientes”, explicó el nefrólogo catalán.

Durante esta cita científica en Glasgow, se dio a conocer también que belatacept disminuye la aparición de anticuerpos contra el donante, “es un efecto colateral importante, por lo que en principio se podría preservar mejor el injerto”, subrayó visiblemente esperanzado.

Aunque la respuesta a corto plazo en trasplante de riñón ha mejorado con el transcurso de los años, las tasas de supervivencia de los pacientes y de los órganos trasplantados a largo plazo permanecen prácticamente invariables. Esto se debe a que el resultado a largo plazo en trasplante de riñón se ve limitado por el fallo tardío del órgano trasplantado y por la muerte de pacientes con injertos funcionantes. “En parte se debe a los efectos adversos causados por los agente sin inmunosupresores que se usan actualmente”, explicó Josep María Grinyó, Jefe del Servicio de Nefrología del Hospital del Bellvitge.

Si el injerto falla, la diálisis o un nuevo trasplante son las únicas soluciones de la que dispone el paciente. El trasplante sigue siendo la mejor opción, pero limitada por una creciente escasez de órganos, largas listas de espera de pacientes que necesitan un trasplante y las complicaciones inmunológicas que conlleva la búsqueda de un órgano compatible.

En esta línea, el doctor Grinyó asegura que “el  principal reto es intentar conseguir más donantes porque hay un hiato entre las personas que esperan un trasplante de riñón y donantes efectivos.

El nefrólogo señala también como fundamental mantener baja la incidencia de rechazo agudo y preservar la función renal, y explica que “otro aspecto importante es mejorar el perfil metabólico de estos pacientes y el control de la hipertensión porque, a su vez, eso determina también un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular”.

Del mismo modo, hay que mejorar la calidad de los trasplantes, protegiendo el órgano implantado frente al rechazo “para que duren lo máximo posible y evitar así que esos pacientes vuelvan a la diálisis y requieran un segundo trasplante con el consumo de órganos que esto representa”, remachó el experto.