Tener osteoporosis no implica estar más expuesto a la COVID-19 ni tener más riesgo de padecer complicaciones graves, pero el virus sí se ha cebado especialmente en la población que más sufre esta patología, como son los mayores de 70 años. Esto está obligando a redoblar los esfuerzos durante la pandemia con el objetivo no solo de mantener el control de estos pacientes, sino sobre todo para que no abandonen el tratamiento, que se ha convertido en uno de los principales efectos colaterales del coronavirus.

“Una de las prioridades ha sido que los pacientes continúen con sus tratamientos, durante el confinamiento hubo muchos que los dejaron para no moverse de sus domicilios”, rememora el doctor José Carlos Bastida, coordinador del Grupo de Trabajo de Artrosis-Osteoporosis de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). “No iban a buscar el tratamiento a la farmacia o decidían por su cuenta y riesgo que lo dejaban”, todo ello fruto de que “hay gente que le tiene más miedo al coronavirus que a su enfermedad crónica”.

Así que durante este periodo se han incrementado los controles telefónicos recordando a los pacientes la importancia de no abandonar el tratamiento, enviando también personal de enfermería a los domicilios para su administración. “Esta tarea de insistencia la hemos tenido que hacer desde todas las sociedades científicas médicas, porque en una patología crónica como la osteoporosis es fundamental la adherencia terapéutica”, subraya el doctor Bastida.

Ningún tratamiento aumenta el riesgo

La causa de esta preocupación es sencilla: algunos de estos tratamientos “son biológicos y, si los abandonas, desaparecen en la sangre y al cabo de un mes has perdido los beneficios adquiridos y tienes el mismo riesgo de fractura que antes de iniciarlos”. Y todo ello, insistiendo en que “ningún tratamiento de osteoporosis aumenta el riesgo de coronavirus”, antes al contrario, como apuntan algunos estudios en relación con la administración de vitamina D.

“Circularon muchas noticias falsas sobre muchos tratamientos que pudieron hacer mella en algunos pacientes”, hasta el punto de que el doctor Bastida está convencido de que “hubo pacientes que abandonaron el tratamiento al leer esas noticias”. “Nosotros desde Atención Primaria hemos ido desmintiendo estos rumores continuamente en los controles que hemos ido haciendo”, apostilla.

Adherencia

La importancia clave de la adherencia terapéutica ha sido reiterada desde la Fundación Internacional de Osteoporosis (FIO) desde que estalló la pandemia. “No interrumpa ningún tratamiento contra la osteoporosis (incluidos los suplementos de calcio y vitamina D) que le hayan recetado y hable con su médico si tiene alguna preocupación”, subraya en sus recomendaciones contra el coronavirus.

Por ello, si por las limitaciones de movilidad que va imponiendo la lucha contra el Covid-19 hay dificultades para ir a por los medicamentos, “hay que pedir ayuda”, señala el doctor Bastida. “Y otra cosa muy importante es hacer algún tipo de ejercicio para no perder masa muscular, hay que luchar contra la fragilidad. La gente se ha movido mucho menos y se ha perdido masa muscular”, lo que incrementa la inestabilidad y ahora aumenta el riesgo de fracturas.

Durante el confinamiento

La falta de actividad acarrea mayor pérdida de masa ósea y lleva consigo menor resistencia a caídas y fracturas. “La pandemia ha complicado este cuadro”, y es que la osteoporosis es una patología crónica muy ligada a la edad “y hay muchas personas mayores con miedo a salir de casa, se han movido mucho menos, a lo que se une la pérdida de rango de la vitamina D por menor exposición solar”.

En la actualidad hay varios estudios en marcha para valorar hasta qué punto ha empeorado la situación, sobre todo durante el confinamiento. La observación diaria, advierte el doctor Bastida, avanza que han disminuido las fracturas vertebrales y de cadera producidas en la calle, pero que han aumentado en el hogar. “La inactividad y el abandono de los tratamientos traerá un repunte de las fracturas”, augura.

A ello hay que unir que “los pacientes osteoporóticos han sufrido retrasos en las pruebas diagnósticas, como ha ocurrido con todos los crónicos, se han producido tapones en la asistencia y sigue habiéndolos”. Un atasco que, por ejemplo, se sigue sufriendo en muchos centros para realizar densitometrías.

Consejo para los pacientes

Y con este panorama, ¿cuál es el consejo para los pacientes? El doctor Bastida lo tiene claro, hay que seguir confiando en los profesionales sanitario: “Parece que no es tan fácil llegar a nosotros como antes, pero seguimos aquí, que no duden en plantearnos cualquier duda”, afirma el doctor Bastida. Y, sobre todo, insistir con el cumplimiento del tratamiento, “es importantísimo porque es la única manera de que no aparezcan nuevas fracturas por el aumento de la fragilidad”, y es que estas fracturas son la puerta abierta para un incremento “de la dependencia, de la pérdida de calidad de vida y de la mortalidad”.

Teniendo en cuenta que se calcula que en España hay casi tres millones de personas con osteoporosis, el otro gran reto es mantener en lo posible la normalidad en las consultas mientras el coronavirus siga muy presente. “Hay que seguir vigilando, valorar siempre si un paciente que se rompe es por fragilidad o no y buscar permanentemente cualquier rastro de fractura vertebral, que es una fractura centinela que nos dice que esa persona tiene un elevadísimo riesgo de romperse en los próximos años”, todo ello con vistas a iniciar un tratamiento cuanto antes y reducir así las posibles complicaciones de futuro.