“Sabemos que una alimentación adecuada es buena para la salud ocular en general, tanto a nivel de la superficie ocular como a nivel del cristalino y, sobre todo, de la mácula”, asegura el doctor José Manuel Benítez del Castillo, catedrático de Oftalmología y especialista en la Clínica Rementería de Madrid.

El oftalmólogo es uno de los miembros del grupo internacional Tear Film and Ocular Surface Society (TIFOS), donde estudian el estilo de vida y las enfermedades de la superficie ocular. Concretamente, Benítez del Castillo es el encargado de la Nutrición.

Aunque todavía no existe evidencia científica contundente que relacione de forma clara cómo comer algunos productos reduce enfermedades del ojo, sí se ha visto que la alimentación afecta en las cataratas, en degeneración macular y en la superficie ocular (ojo seco, alergias…).

Por ejemplo, hay trabajos sobre cómo los ácidos grasos Omega-3 y los antioxidantes previenen el deterioro que ocurre en el sistema ocular con la edad. Ambos son beneficiosos frente a la degeneración macular.

La importancia de la dieta mediterránea

“Hay estudios que muestran que aquellas personas que siguen una dieta mediterránea padecen menos ojo seco. Yo siempre digo que esta dieta no es solo comida mediterránea (mucha fibra, poca carne, pescado, cereales…), que es bueno, sino también el estilo de vida”, asegura el catedrático de Oftalmología.

“La gente sale más a la calle; está más tiempo en el sol, que aumenta la vitamina D para evitar la deficiencia que produce ojo seco; y hay más felicidad que, al contrario que la depresión, es antiinflamatoria y mejora también esta condición”, prosigue.

También señala que la vida mediterránea está relacionada con el ayuno. En las tres grandes religiones de la cuenca mediterránea (la católica, musulmana y judía) lo realizan en determinadas festividades o etapas de la vida. Algo que Benítez del Castillo considera muy positivo.

“Es una forma de resetear tu cuerpo y creo que, parte de que en el Mediterráneo haya menos ojo seco que en otras poblaciones, es debido a la dieta. El problema es que la estamos perdiendo. Cada vez es más occidental, con más Omega-6 y menos Omega-3. Son todo cuestiones que estamos estudiando”, explica.

Asimismo, reconoce que aún no hay certeza suficiente como para ‘prescribir’ ciertos alimentos para combatir estas enfermedades que, en general, están provocadas por varios factores.

Nutrición en la clínica

El doctor explica que hace no mucho acudieron a su consulta dos chicas más jóvenes con ojo seco, un problema que se da más en mujeres más mayores. Hablando con ambas en la entrevista supo que padecían anorexia. Eso significa que “se alimentan peor y tienen deficiencia de vitamina A”, explica.

Otros de sus pacientes, que en el pasado sufrieron sobrepeso y se han sometido a una cirugía bariátrica, tienen peor absorción de nutrientes y deficiencia de vitamina A. Lo que da lugar, igualmente, a ojo seco.

“También hay pacientes con ojo seco y problemas intestinales que, tras hacerles un estudio, comprobamos su intolerancia a la fructosa, a la lactosa o al gluten. Una vez eliminados esos alimentos de su dieta, mejoran la enfermedad”, asegura.

Microbiota

El doctor Benítez del Castillo también señala que la microbiota está muy relacionada con la salud ocular. Dependiendo de cuál tenga el paciente, puede padecer más inflamación y alteraciones intestinales. Ello también se relaciona con enfermedades de la superficie ocular, como el ojo seco, la blefaritis o la alergia.

“Asimismo, esa microbiota, a través del nervio vago, condiciona nuestro estado de ánimo. Hace que estemos más estresados, deprimidos o con ansiedad, lo que a su vez produce patología ocular, sobre todo, de superficie”, asegura.

Sustancias y alimentos recomendables para la salud ocular:

  • Antioxidantes: frutas, verduras (especialmente, las verdes).
  • Omega 3: pescados azules, nueces.
  • Probióticos: para mantener una microbiota intestinal sana. Por ejemplo, el kéfir o el yogur natural sin azúcar.
  • Polifenoles: actúan mejorando la salud del sistema inmunológico. Se encuentran, por ejemplo, en la manzana, cebolla, espinacas o té verde.
  • Curcuminoides: tienen propiedades antioxidantes. Están el cúrcuma y el jengibre, por ejemplo.
  • Minerales: productos ricos en zinc, como el chocolate negro, la calabaza, cacahuetes u ostras.