Cuando acudimos a la consulta del médico porque notamos que algo no funciona bien en nuestro organismo, es más que probable que, entre otras pruebas a realizar, el facultativo, antes de emitir su diagnóstico, solicite un análisis de orina y otro de sangre.

En el caso de la orina, su condición de líquido resultante del metabolismo del cuerpo le confiere, como objeto de análisis, una gran importancia, fundamentalmente por la gran cantidad de información clínica que proporciona, por la rapidez de su obtención y por el bajo coste que supone su observación y análisis en laboratorio.

Para extraer de ella la información requerida, la orina es sometida a un estudio bioquímico y microscópico con el fin de detectar elementos anormales que puedan delatar la existencia de distintos problemas médicos. Dicho de otro modo, permite al médico obtener un diagnóstico de diferentes enfermedades y el control de algunas de ellas, como la diabetes, u otros trastornos de tipo ovárico o prostático, por citar sólo un ejemplo de una enorme lista de alteraciones que se pueden deducir de un análisis de orina. De ahí que sea habitual que previamente el personal sanitario nos dé algunas instrucciones para obtener una muestra adecuada de la orina, ya que si este primer paso se hace mal, los resultados analíticos pueden distorsionarse y, consecuentemente, quedar invalidados.

Análisis químico y microscópico

La utilización en la actualidad de “tiras reactivas” permite analizar hasta diez parámetros diferentes en la orina, algunos de los cuales deben ir acompañados del análisis microscópico del sedimento urinario para obtener información adicional. Dichas tiras son de celulosa impregnada en productos químicos que “reaccionan” -de ahí su nombre- adoptando un determinado color ante la presencia de sustancias como proteínas, glucosa, bacterias, etc.

No obstante, una observación a simple vista de la apariencia y color de la orina, que puede variar desde orina clara a turbia, amarilla clara, amarilla oscura o rojiza, etc., permite ya de entrada ciertas interpretaciones diagnósticas.

Mediante el análisis químico, la orina aporta datos como su densidad, el pH, la presencia de proteínas, bilirrubina, glucosa, hemoglobina, nitritos y cetonas. El análisis microscópico, por su parte, revela la presencia en esa orina de bacterias u otros microorganismos, además de cristales, grasas, mucosidad, hematíes, leucocitos y otros tipos de células.

Medicamentos que pueden alterar los resultados

Algunos medicamentos pueden alterar el color de la orina, sin que este hecho suponga la existencia de enfermedad alguna. Por ello es conveniente que antes de realizar un análisis de orina informe al médico o al analista sobre el tratamiento farmacológico que está siguiendo. El médico le puede solicitar dejar de tomar algunos medicamentos que puedan afectar los resultados del examen, entre los que se encuentran: cloroquina, suplementos de hierro, levodopa, nitrofurantoína, fenazopiridina, fenotiazinas, fenitoína, riboflavina, etc.

ANALISIS DE ORINA. VALORES NORMALES

» El color normal de la orina es amarillo transparente.

» La densidad de la orina es de 1.006 a 1.030.

» pH: los valores normales fluctúan de 4.6 a 8.0.

» En la orina normalmente no se encuentran: hemoglobina, hematíes o glóbulos rojos, leucocitos o glóbulos blancos.

» Tampoco debería haber proteínas, glucosa o cetonas.

» No debe haber nitritos ni bilirrubina, si bien la presencia de pequeñas trazas de urobilinógeno es normal.

La orina, toda una fuente de datos