Vivimos tiempos de cambio y así lo demuestran los resultados de las elecciones generales donde las fuerzas mayoritarias hasta el momento no han conseguido alcanzar la cantidad de votos suficientes como para gobernar tal y como era la norma hasta el momento. Dos fuerzas emergentes han conseguido claramente romper esa alternancia que hasta el momento era la norma.

En el terreno sanitario la verdad es que, muy a pesar nuestro, hemos observado como en la campaña electoral han sido pocos, por no decir ninguno, los momentos dedicados a un tema que tanto nos atañe y nos preocupa a todos, la Sanidad, la salud, y hemos asistido a momentos de dogmatismo y demagogia muy importantes en relación con la dicotomía existente, de manera forzada e intencionada, entre lo que podríamos denominar Sanidad pública – Sanidad privada, en lugar de preocuparnos de buscar la mejor Sanidad.

España se encuentra inmersa en un contexto europeo, lugar que nos corresponde por naturaleza y por suscripción, es más, es motor de un futuro encabezado por la suma de voluntades, por el sumatorio de esfuerzos que hace que la suma de todos beneficie a una población nada desdeñable en el contexto y orden mundial.

Si nos fijamos en el entorno sanitario, España no deja de ser una excepción. En el resto de los países no existe esa “obsesión” verbal entre público y privado, en la mayoría de los países la Sanidad, sin duda, depende de los poderes públicos y ahí está la base mayoritaria de la financiación, pero a partir de ahí son los proveedores privados los que articulan los servicios ofertados a los pacientes y sus familias y ellos son los que eligen qué centro y qué servicio es el que consideran como más oportuno para tratar sus dolencias en base a prestigio, resultados y dotación. Si el paciente paga sus servicios sanitarios con sus impuestos debería ser escuchado y opinar al respecto sobre qué modelo de Sanidad quiere y poder elegir su proveedor asistencial. Dejemos a un lado las pretensiones de imponer las decisiones de un Estado paternal y sobreprotector, los pacientes tienen sobrada capacidad de juicio para poder tomar sus propias decisiones al respecto.

Lo que exige la administración en la mayoría de los países de la Unión Europea es que la gestión sea lo más eficiente y efectiva posible, de tal forma que tanto en términos de calidad objetiva como en calidad percibida sean los mejores posibles. Este escenario define un nuevo panorama para países como España en el que la administración se debe erigir como garante de los ejes sobre los que se articula la política y los derechos sanitarios establecidos por la ley y los proveedores son los que deben aportar los mejores resultados en términos de salud basados en objetivos previamente establecidos entre los administradores y los proveedores.

Vivimos una situación de cambio social sin precedentes en los que la inversión de la pirámide poblacional se erige como fundamental, pasamos de una sociedad joven a una sociedad envejecida y en este contexto España es el país que presenta un perfil demográfico más cercano a una geriatrización progresiva de nuestra sociedad.

Pero si esto es importante, más lo es el hecho de la cronicidad asociado a este fenómeno, dicen que es en los últimos años de la vida cuando se consumen más recursos sanitarios en todos los sentidos, por lo tanto este fenómeno se transforma en determinante de cara a la sostenibilidad y solvencia de nuestro sistema sanitario.

Hoy en día, la mayoría de los países desarrollados que registran un envejecimiento de la población se enfrentan al aumento del número de personas mayores y dependientes. La necesidad de cuidados de larga duración, a domicilio o en centros especializados, seguirá creciendo tanto en los mercados consolidados como en los mercados emergentes. Además, las tendencias demográficas y sociales, así como las disposiciones públicas inadecuadas incitan al mercado de seguros a ofrecer soluciones de financiación para cuidados de larga duración. La ayuda informal proporcionada a una persona mayor por sus familiares es cada vez más difícil. Por consiguiente, las personas deben organizarse en caso de que se vuelvan incapaces de cuidar de sí mismas.

El informe del CES señala aspectos clave en este acuciante problema, apunta hacia que “la grave situación económica actual, así como la radical reducción del gasto público han condicionado y condicionarán en los próximos años la aplicación de la Ley de Dependencia”. La iniciativa privada en este entorno es fundamental, abarcando más del 70 por ciento de los servicios con residencias, centros de día especializados, atención domiciliaria, etc…

Por otro lado, la innovación constante y la evolución sin parangón de la tecnología, biotecnología y desarrollo farmacéutico, sin duda, van a ser determinantes en el futuro de la Sanidad, pero este avance sin paliativos, siendo absolutamente positivo, tiene una cuestión que resolver: ¿cómo estar al día de los avances que se producen día a día en la Sanidad si, como es lógico, la complejidad tecnológica siempre va asociada a un incremento en costes a corto plazo aun cuando esta tenga el máximo exponente en términos de eficiencia en el medio y largo plazo?

Otro hecho que también ocupa su lugar en términos de solvencia es el incremento incesante de la demanda asistencial debido fundamentalmente a dos hechos. En primer lugar a una conciencia social y cultural que hace que no seamos conscientes del gasto que generamos y, por otro lado, a la conciencia de derecho que tenemos individualmente a consumir tanto como creamos necesario. Se cumple en este punto el conocido axioma de la economía que frente a todo gratis, demanda infinita.

En este contexto de incremento de la esperanza de vida, de la cronicidad asociada a ella, del necesario incremento de costes por la renovación e innovación tecnológica, del aumento del consumo sanitario y de la demanda creciente e incesante, el sector sanitario de titularidad privada se comporta como un aliado estratégico del sistema público, debido a su probada capacidad por contribuir al mantenimiento de un sistema sanitario accesible, sostenible y de calidad para todos los ciudadanos.

El sector de la Sanidad privada representa un peso cada vez más elevado en el sector productivo español, ya que supone el 28,3 por ciento del gasto sanitario total. Este porcentaje es de los más altos de Europa y se encuentra por encima de otros países de nuestro entorno como Alemania (23,29 por ciento) o Reino Unido (16,03 por ciento). Además, si tenemos en cuenta las estimaciones realizadas, sumando el gasto de conciertos con el gasto sanitario privado, se alcanzan los 34.754 millones de euros, que se estima en el 3,38 del PIB nacional. Este es un dato relevante si se tiene en cuenta que el porcentaje del PIB que representaba el gasto sanitario global ha disminuido progresivamente en los últimos años por la reducción del gasto sanitario público y los ajustes, tanto del precio de los medicamentos como de las retribuciones en el sector sanitario.

El sector sanitario de titularidad privada colabora necesariamente con el sistema público de salud a través de conciertos, concesiones y del fenómeno conocido como “mutualismo administrativo”, garantizando su sostenibilidad. Los conciertos que se llevan a cabo entre los servicios regionales de salud y centros privados son la forma de colaboración más común entre la Administración y los proveedores privados.

Casi 2 millones de personas están cubiertas por el régimen de “mutualismo administrativo” en España, lo que evidencia que es un modelo que aporta eficiencia en la prestación de un servicio público, ya que el gasto per cápita de la población cubierta es sustancialmente inferior al gasto sanitario per cápita. En este sentido, la prima media de MUFACE se situó en septiembre de 2014 en 785 euros anuales por asegurado, mientras que el gasto sanitario público per cápita se estima en 1.219 euros, lo que supone un ahorro de 434 euros por asegurado para la Administración.

En términos de empleo y a pesar de la crisis, el sector sanitario privado creó 6.000 nuevos puestos de trabajo en 2014, lo que supone un incremento del 3 por ciento sobre los datos del año anterior. De los 236.567 profesionales empleados en todas las actividades del sector, el 65 por ciento ejerce en el ámbito extrahospitalario y el 35 por ciento restante, en el ámbito hospitalario, siendo Madrid, Cataluña y Andalucía las comunidades con mayor número de profesionales sanitarios.

En cuanto a número de asegurados, la actualización de 2015 de nuestro informe “Sanidad Privada, aportando valor” demuestra que el sistema sanitario privado cuenta con 7,3 millones, lo que contribuye de manera significativa a la descarga y el ahorro en el sistema público. A este respecto, se estima que el ahorro generado en 2014 por el seguro privado se situaría entre 4.079 millones de euros (si el ciudadano realiza un uso mixto de la Sanidad, consumiendo recursos públicos y privados) y 8.862 millones de euros (si el paciente usara exclusivamente el sistema privado).

El sector asegurador ha logrado mantener tasas de crecimiento positivas y el seguro de salud se consolida progresivamente como una necesidad para un porcentaje cada vez más alto de la población. El informe demuestra que en el periodo 2010-2013, el volumen de primas se incrementó un 3,2 por ciento, alcanzando los 6.658 millones en 2013.

Además, es importante reseñar que la actividad realizada por los hospitales privados en el total de actividad asistencial nacional sigue siendo muy relevante. La Sanidad privada llevó a cabo en 2012 el 28,4 por ciento de los actos quirúrgicos (casi 1,5 millones de cirugías), el 22,8 por ciento de las altas y atendió el 21,2 por ciento de las urgencias (cerca de 6 millones…), y existe capacidad para poder incrementar estas cifras, con la consiguiente reducción de listas de espera.

El sector sanitario privado mejora la accesibilidad de la población a la asistencia sanitaria a través de la ampliación de la red de centros de atención sanitaria, mejora de la cobertura geográfica, diversificación de la asistencia y mayor flexibilidad de la asistencia. A día de hoy, el sector cuenta con 455 hospitales privados (53 por ciento del total de centros hospitalarios existentes), lo que corresponde a una dotación de 52.360 camas (33 por ciento del total de camas existentes en España). A nivel geográfico, las comunidades autónomas de Cataluña, Madrid y Andalucía son también las que cuentan con un mayor número de hospitales y camas privadas.

Los avances en las tecnologías han supuesto cambios en la forma de realizar la asistencia sanitaria, con beneficios en términos de reducción de costes, incremento de la seguridad, aumento de la comodidad para el paciente y para el profesional, etc. En este sentido, el sector sanitario privado desempeña un rol fundamental en la incorporación de tecnología puntera e innovadora en el sistema sanitario nacional.

El uso de equipamiento de alta tecnología permite a la Sanidad privada llevar a cabo un uso más eficiente de sus recursos, tanto financieros como humanos, así como contar con una mayor capacidad para gestionar la presión de la demanda asistencial.

Desde este punto de vista innovador y tecnológico, el sistema sanitario privado en nuestro país apuesta claramente por la inversión en equipos de alta tecnología. De hecho, cuenta con el 57 por ciento de las resonancias magnéticas, el 49 por ciento de los PET y el 36 por ciento de los TAC. Además, destaca que Cataluña, Galicia e Islas Baleares son las comunidades que cuentan con un mayor porcentaje de equipos de alta tecnología en hospitales privados, con el 48 por ciento, 39 por ciento y 40 por ciento, respectivamente.

A nivel diagnóstico, los hospitales privados realizan más de un millón de pruebas de resonancia magnética y 873.000 de TAC, mientras que a nivel asistencial realizan un volumen muy significativo de actividad en especialidades complejas como Neurocirugía y Traumatología, entre otras.

El desarrollo de técnicas de imagen, como la resonancia magnética de alto campo, el TAC multicorte o las técnicas híbridas PET-TAC, PET-RMN, entre otras, han permitido una mayor precisión diagnóstica, acortar los tiempos de medición y aumentar la seguridad del paciente, entre otros beneficios. Estas tecnologías permiten realizar nuevos estudios, como los de perfusión de órganos completos, ayudando en la terapia y monitorización de patologías complejas  que permiten valorar mejor la respuesta del paciente al tratamiento y que se encuentran disponibles en la red sanitaria privada.

Lo mismo ocurre a nivel de tratamiento, la Radiocirugía, por ejemplo, una técnica innovadora que realiza procedimientos quirúrgicos a través de rayos gamma de elevada precisión y sin necesidad de realizar incisiones o la cirugía robótica, de amplia implantación en el sector privado, hacen que el riesgo de complicaciones quirúrgicas sea muy reducido y el tiempo de recuperación del paciente se acorte.

El sector sanitario privado va a seguir invirtiendo en tecnología puntera, y así lo ponen de manifiesto los datos disponibles más recientes. Algunas de las áreas de inversión futura del sector incluyen: las tecnologías avanzadas de imagen, como la imagen sintetizada, las combinaciones entre técnicas invivo y técnicas invitro para el diagnóstico de patologías o los sistemas intraoperatorios de diagnóstico.

Aunque las tecnologías de diagnóstico seguirán siendo la principal área de inversión del sector sanitario privado, de acuerdo con la opinión de los expertos, se registra un interés creciente en la tecnología intervencionista, sobre todo la que permite la realización de intervenciones quirúrgicas mínimamente invasivas.

En el ámbito de la terapéutica biológica, la investigación disruptiva, tanto la básica como la traslacional, se ven facilitadas en centros y servicios altamente especializados y en este contexto el sector privado también cumple un papel fundamental. Basta comprobar en la literatura científica la producción anual de los más prestigiosos centros y áreas de Oncología tanto nacionales como internacionales de índole privada.

En el ámbito de la investigación clínica, según los datos del Proyecto BEST de Excelencia en Investigación Clínica de Medicamentos en España, promovido por Farmaindustria, una iniciativa que surge con el fin de fomentar la inversión en I+D mediante la objetivación y monitorización de los procesos de investigación clínica que se realizan en nuestro país, en tan solo diez años, los centros sanitarios privados han participado ya en 900 ensayos clínicos, de los que cerca del 34 por ciento lo han sido en fases tempranas, es decir en fases Ia, Ib y II.

Es relevante resaltar que de los 754 centros contenidos en la muestra 159 son privados (más del 21 por ciento) y respecto al año anterior se han incorporado trece nuevos, una cifra muy significativa que traduce la progresiva importancia de la investigación para el entorno sanitario de titularidad privada.

En cuanto a áreas terapéuticas de investigación preferencial, Oncología, Cardiovascular y Neurociencias son las que realizan un mayor número de ensayos clínicos con participación privada y Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana son las comunidades con mayor número de participación de centros de titularidad privada en ensayos clínicos, con 479, 339 y 173, respectivamente.

En términos de calidad, estudios realizados en España demuestran que el sector sanitario privado sigue invirtiendo en la mejora de la calidad en la prestación asistencial. En esta línea, los centros de provisión privada siguen mejorando continuamente su calidad asistencial a través de certificaciones como las normas ISO (International Organization for Standardization), las basadas en el modelo EFQM (European Foundation for Quality Management), la acreditación Joint Comission International  o la Certificación OHSAS 18001 de seguridad en el trabajo, entre muchas otras.

En este contexto, la calidad es siempre un valor discutible si no se puede probar. Por eso, en 2014 desde IDIS dimos un paso más creando el Sistema de Acreditación QH (Quality Healthcare) de reconocimiento a la excelencia en calidad asistencial, una herramienta que además de ayudar a que se conozca la progresión del sector mediante información contrastada, suficiente y comparable, estimulará el esfuerzo y la sana ambición de los operadores. El beneficiario último de ello es y siempre será el paciente.

La calidad de los procesos y procedimientos, la innovación disruptiva e incremental, los profesionales sanitarios y la lógica del modelo asistencial adaptado a los tiempos, configuran los cuatro ejes sobre los que pivotar aquello que es lo más importante, los resultados de salud; ellos por sí mismos, conforman el parámetro más relevante de una asistencia centrada en el paciente.

Pero la calidad también se mide de una forma subjetiva, una segunda cara del prisma, pero no por ello menos importante, viene representada por la calidad percibida por aquellos que están dentro del sistema y que además son objeto de sus atenciones, los pacientes, que cada vez se encuentran más informados y que, sin duda, forman parte de la gestión de su propia salud; por lo tanto, su opinión cuenta a la hora de determinar si un centro es merecedor de la confianza o no. En este sentido, el último barómetro de la Sanidad privada muestra que el 86 por ciento de los usuarios recomendaría su uso en general a sus familiares y amigos, manteniéndose los índices de satisfacción de años anteriores.

En términos de formación, el sector sanitario privado apuesta decididamente por ella con el fin de procurar una atención sanitaria orientada a la excelencia. Como soporte a la formación de pregrado, el sector sanitario privado cuenta con un total de 13 hospitales universitarios y con cerca de dos centenares de plazas de formación MIR en diferentes especialidades.

Una colaboración leal y de mano tendida como la que ofrecemos al sistema sanitario público redunda en una mejor asistencia, una mayor calidad y unos mejores resultados de salud para nuestros pacientes. En este contexto no pretendemos competir con la Sanidad pública ni ser un sustitutivo de ella, sino que lo que buscamos es ser un elemento sinérgico y complementario que evite ineficiencias y duplicidades que generan gastos redundantes innecesarios.

Por todo lo expresado, desde la Fundación IDIS pensamos que nuestro Sistema Nacional de Salud, para cumplir con sus objetivos, precisa de una reforma consensuada con todas las partes o grupos de interés que lo conforman e interactúan con él. Dicha reforma ha de ser nuclear, estructural, no coyuntural, si es que queremos dotar de futuro y confianza a nuestro sistema y pretendemos que ese ciudadano o paciente empoderado encuentre de nuevo las características fundamentales relacionadas con el sistema que son la accesibilidad, la equidad y la cohesión, puesto que otros aspectos como la “supuesta” gratuidad de todo (y para todos) quizá sean palancas de cambio que habrá que articular y adaptar a los tiempos de máxima exigencia que vivimos.

La reforma necesaria tendría diez ejes que la articulan, siendo el primero de ellos el de la revisión necesaria del catálogo de prestaciones, priorizando lo importante, lo fundamental y lo urgente sobre lo accesorio. Otro aspecto clave de reforma es el de actuar sobre la gobernanza del sistema aportando conceptos como la evaluación reconocida de objetivos y del desempeño en términos económicos y de desarrollo de carrera profesional.

Un tercer aspecto que reformar es el de la corresponsabilidad de los ciudadanos en la gestión de su propia salud. Es muy importante que seamos conscientes del gasto que generamos con nuestras decisiones en materia de salud. Un cuarto elemento clave es el de la reforma y adecuación de las estructuras de nuestro sistema a la realidad demográfica actual y de futuro.

En quinto lugar emerge un elemento que genera un debate estéril que se ha politizado de una forma interesada. Una reforma que se precie debe girar en torno a la utilización eficiente y efectiva de todos los recursos disponibles, vengan de donde vengan, independientemente de su titularidad, gestionados de una forma sinérgica de tal forma que aprovechemos toda la capacidad instalada, y en este contexto los modelos de colaboración basados en calidad, seguridad y resultados, todo con máxima transparencia, son clave.

En sexto lugar, y no por ello menos importante, la interoperabilidad de los sistemas público y privado. Este aspecto es nuclear, fundamental, ya que además de evitar duplicidades y gastos redundantes palia en cierta medida la variabilidad y hace que el paciente experto, co-responsable de su propia salud, propietario de todos sus datos e historial clínico, pueda circular libremente entre sistemas, transitando entre los distintos entornos de asistencia sanitaria de una forma libre y sin cortapisas.

El punto número siete hace referencia al hecho de que es fundamental dotar al nuevo sistema de las herramientas tecnológicas que hoy por hoy ya están disponibles. Me refiero a todo lo relacionado con la salud digital, e-Health, m-Health, u-Health, es decir, la tecnología más rampante y disruptiva al servicio de la salud, la eficiencia y la efectividad de la práctica clínica.

En octavo lugar, y para disponer de un sistema sanitario “engrasado” y competitivo, se hace necesario que el profesional y el centro sanitario tengan desde el punto de vista de idiosincrasia, grabado en su cultura, la misión de ser un punto de referencia para el ciudadano no solo en materia médico-quirúrgica, sino también y de forma muy especial, en dos entornos clave, la educación sanitaria vinculada a la prevención y el consejo psicosocial necesario.

El punto número nueve hace referencia a la necesidad de impulsar y proyectar prácticas saludables entre la población. Se echan de menos campañas dirigidas a la prevención de patologías de alta prevalencia que generan un enorme gasto sanitario. Por último, y no por ello menos importante, un moderno sistema de salud que se precie y que pretenda ser solvente, sostenible, solidario y competitivo debe apostar por la I+D y la innovación junto a la gestión del conocimiento en red.

Todos debemos trabajar para disponer de un Sistema Nacional de Salud que pueda presumir de sus características fundacionales, por ello, desde IDIS nos ponemos a disposición de la Administración para colaborar en todos los ámbitos que sean necesarios con el objetivo de mantener un sistema sanitario eficiente, bien gestionado, que sea modelo y referencia en el futuro y, como nos gusta recordar, la suma de todos aporta valor a la Sanidad.