“A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces. con dolor parirás los hijos”. (Gen 3:16). Por fortuna, esta sentencia divina a la que fue condenada Eva por comer del fruto prohibido parece haber ya “prescrito”, pues, a juzgar por las posibilidades que en la actualidad otorga la Medicina, el parto sin dolor es hoy una realidad habitual, aunque en gran medida restringida aún al privilegiado mundo desarrollado. Dentro de los diferentes tipos de anestesia existentes (anestesia general, con la que el paciente permanece inconsciente y no percibe ningún tipo de sensación. anestesia regional, que “duerme” toda la zona del cuerpo que va a ser operada, y anestesia local, en que se entumecen los tejidos de la zona que se va a intervenir), una de las técnicas más frecuentemente empleadas para mitigar el dolor en el proceso de dar a luz es la anestesia epidural. Es éste un tipo de anestesia local que proporciona alivio del dolor desde el ombligo hacia abajo (incluyendo las paredes vaginales) durante el proceso del parto y en el momento del alumbramiento. Esta técnica puede utilizarse tanto para un parto vaginal como para un parto por cesárea, y su efecto permite a la parturienta estar cómoda y completamente consciente.

¿Panacea?

El doctor Juan Luis Alcázar Zambrano, especialista del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universitaria de Navarra, puntualiza que efectivamente esta técnica si está bien realizada suele ser muy eficaz, pues permite un alivio del dolor en el parto bastante satisfactorio, pero “no es la panacea”, dado que hay un pequeño porcentaje de mujeres en quienes no se consigue eliminar el dolor de manera completa e incluso en algunos casos no produce ningún efecto. No obstante -añade este especialista- está especialmente indicada en casos como el parto distócico (parto anormal por causa materna o fetal), inducción del trabajo de parto, dolor materno, parto vaginal tras cesárea, preeclampsia (hipertensión arterial que se produce durante el embarazo) y cuando la mujer presenta alguna enfermedad respiratoria, renal, neurológica o neuromuscular. También es una técnica anestésica recomendable en caso de prematuridad del bebé, crecimiento intrauterino retardado, presentación podálica (de nalgas) y gestación gemelar.

Algunos riesgos

La anestesia epidural no es una práctica exenta de riesgos, de ahí la conveniencia de que la mujer reciba de su médico toda la información posible al respecto. Cabe aquí hacer el inciso de que una de cada cinco mujeres españolas de entre 23 y 45 años considera insuficiente la información que existe sobre el uso de la anestesia epidural en el parto, y el 40% opina que el médico no informa de manera amplia y clara sobre la misma, según una investigación realizada por la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (SEDAR). Dicho estudio reveló también un nivel de satisfacción alto entre las que habían sido intervenidas con epidural, pero una de cada diez encuestadas manifestó que su experiencia había sido “peor de lo esperado”. Muy excepcionalmente esta técnica anestésica produce complicaciones graves como reacciones alérgicas, hematomas epidurales, infecciones o abscesos epidurales, convulsiones por administración del anestésico local intravenoso, cefaleas y meningitis.

Plena conciencia

La anestesia epidural se aplica en el momento en que comienzan las contracciones y cuando el cuello del útero comienza a dilatarse. Según explica la SEDAR, se administra a través de un pequeño catéter que se coloca en la región baja de la espalda, en la zona lumbar, entre la cuarta y quinta vértebra. Antes de realizar la punción, se lava y se desinfecta la zona y se aplica un poco de anestesia local. Mediante una pequeña aguja guía se introduce el catéter y a través de este tubito se suministra el fármaco anestésico. En general, el efecto calmante suele tardar entre 10 y 20 minutos en aparecer y su acción es gradual porque tiene que “alcanzar” a varios nervios. Los especialistas recalcan que la inyección de la epidural no es especialmente dolorosa, toda vez que primero se duerme la piel, con lo cual es más que probable que apenas se sienta un ligero pinchazo seguido de una sensación de presión. Una vez aplicada, la parturienta seguirá sintiendo la presión de las contracciones, pero no el dolor, y permanecerá plenamente consciente a lo largo del trabajo del parto, su evolución y culminación.