Hace más de 5.000 años los indios de los Andes comenzaron a cultivar uno de los alimentos siempre presentes en nuestra cocina: la patata. Tal fue la aceptación de aquel alimento nunca visto, traído a Europa por Cristóbal Colón, que con el tiempo el viejo continente dejó de mirarlo con el recelo que acompaña a todo lo desconocido y durante siglos llenó la boca, el estómago y la salud de los que más la necesitaban, los pobres. La patata llegó a adquirir tal trascendencia que su escasa recolección derivada de las malas cosechas o las primeras plagas que asolaron Europa desataron verdaderas hambrunas que mermaron gravemente la población de algunos países.

La reina de la cocina

Cientos de años después nadie es ajeno a que la patata es una de las reinas de la cocina. Tiene el caché suficiente para ser imprescindible en la carta de todo gourmet que se precie y para no poder ser cuestionada en ninguna dieta sana y equilibrada.

Incluso la economía está de su parte. Hoy podemos decir que es el cultivo vegetal más importante del mundo, categoría que no sólo ha conseguido por la grandeza de sus beneficios nutricionales y gastronómicos, sino también el que no sea nada exigente con las condiciones ambientales que necesita para crecer y pueda cultivarse en todas partes.

Tantas tierras la han dado cobijo que se ha teñido de su color y ha adoptado la forma y el tamaño del terreno en que se cultivan. El arco iris que dibuja es enorme. Su piel puede ser blanca, marrón, rosa, amarilla, roja o negro violáceo y su carne rosa, violeta, blanca o amarilla. Incluso el modo de conservarse y cocerse es diferente entre las miles de variedades distintas que existen en el mundo. Aún así, Europa no ha querido dejar de estar cerca de un alimento que considera como propio, y a día de hoy, el 90% de la producción mundial de patata proviene de este continente, principalmente de la Europa oriental. A los españoles nos encandiló tanto y lo sigue haciendo día tras día que hemos permitido que se convierta en uno de los elementos claves de la dieta mediterránea. Basta como ejemplo la tortilla de patata que, a pesar de su sencillez, es uno de nuestros mejores manjares y una ilustre embajadora de la riqueza culinaria de nuestro país.

Salud para todos

Niños, jóvenes, adultos, mayores, no importa la edad, la patata, excepto que un médico indique lo contrario, es buena para todos. De hecho, en la ‘Pirámide de Alimentación Saludable’, elaborada por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, ocupa, junto con los cereales y sus derivados, el escalafón más importante de todos, la base de la pirámide o, lo que es lo mismo, uno de los pilares que sustenta una alimentación sana y equilibrada.

Sin duda, ha sabido ganarse el respeto de los expertos de nutrición, que insisten en que se ha de comer a diario junto con los cereales, las verduras, las frutas, las hortalizas, los lácteos y el aceite de oliva. Lo único que cambia dependiendo del sexo, la edad y lo activo que sea cada individuo es la cantidad, que puede oscilar entre una y tres raciones diarias, teniendo en cuenta que una ración es aproximadamente 100 gramos o, lo que es lo mismo, una patata grande o dos pequeñas.

Sus propiedades nutritivas, como veremos más adelante, son muchas, pero para disfrutar plenamente de ellas, lo mejor es cocinarlas hervidas, cocidas al vapor o asadas al horno, solas o acompañadas de verduras, carnes y pescados, pero siempre con su piel, ya que los minerales se encuentran justo debajo de la piel de la patata por lo que se pierde una gran cantidad de ellos al pelarla.

Un consejo. Aunque seguro que las patatas fritas gustan mucho en casa, sobre todo a los más pequeños, la verdad es que no es la mejor forma de cocinar este alimento. Una de sus principales virtudes es que apenas tiene grasa (0,16 gramos por cada 100 gramos), pero en la sartén, con un chorro de aceite y peladas, añadimos a la patata entre un 5 y un 25% de grasa, un porcentaje que oscila en función del tipo de patata, el tamaño de los trozos, la temperatura y el tipo de aceite que se utilice, pues por ejemplo la patata absorbe menos grasa cuanto más alta es la temperatura y más pequeños los trozos. Por ello es mucho más saludable tomarlas cocidas, y a ser posible al vapor, técnica culinaria con la que se conservan en mayor grado las vitaminas y minerales de este alimento.

Fuente de nutrientes

Si por algo se ha reconocido el mérito de la patata es por su alto contenido en hidratos de carbono complejos (19 gramos por cada 100), pues gracias a ellos mantenemos en forma nuestra mente y nuestro cuerpo. Además, es uno de los alimentos esenciales para combatir el estreñimiento: basta con tomar tres patatas grandes con piel para cubrir una cuarta parte de las necesidades diarias que nuestro organismo necesita para funcionar como un reloj, pues con la fibra aumenta el volumen y la consistencia de las deposiciones.

El plátano ha ganado mucho prestigio por ser un alimento rico en potasio, cuando en realidad la patata contiene más cantidad que él. Este mineral ayuda a mantener la piel en buen estado, estimula los impulsos nerviosos para la contracción muscular y juega un papel esencial en el buen funcionamiento cardiaco. Junto a él, la patata cuenta también con niveles elevados de magnesio, cuya presencia es fundamental en la formación de los huesos y de los dientes e interviene en el equilibrio hormonal, papeles que le ha convertido en un mineral imprescindible para niños que estén en pleno proceso de crecimiento y desarrollo.

Por último, la patata también ha sabido hacerse un hueco en el grupo de alimentos ricos en vitaminas al aportar vitaminas del grupo B y vitamina C, esta última responsable de neutralizar los radicales libres que causan el envejecimiento. Tanto que aportar en tan poco y más teniendo en cuenta que la mayor parte de la patata es agua.

Por último un consejo…

Se deben lavar, trocear y pelar en el momento y no dejarlas en remojo pues, de esta manera, se pierde gran parte de su contenido en minerales y vitaminas.

FUENTE: Sociedad Española de Nutrición Comunitaria y “Patatas de Francia”.