La prueba estándar que se utiliza en el diagnóstico y valoración inicial de las personas con asma es la espirometría. No obstante, existen otras herramientas que pueden resultar útiles en el manejo de esta patología. El Peak Flow Meter, aunque no puede sustituir a los espirómetros, es considerado por los especialistas como una de las herramientas más útiles para el seguimiento de los pacientes con asma, ya que refleja el estado de las vías de gran calibre.

El Peak Flow Meter es un dispositivo diseñado para medir el flujo espiratorio máximo (FEM) de manera ambulatoria. “Ofrece una medición objetiva de la obstrucción bronquial y es muy útil medir la variabilidad diaria del FEM y ver su evolución temporal”, explica la doctora María Teresa Domínguez Castillo, del Centro de Salud San Hilario, en Dos Hermanas (Sevilla).

El FEM es el mayor flujo de aire alcanzado en una espiración forzada realizada tras una inspiración también forzada y se expresa como porcentaje de su valor de referencia. Se alcanza en los primeros 150 milisegundos de la misma y se expresa en litros por minuto, litros por segundo o como porcentaje de su valor de referencia1.

La doctora Olga Silvia García López, del Centro de Salud Nambroca, en Toledo, indica que, aunque, tradicionalmente, se consideraba que existía una gran correlación entre el FEM y el volumen en espiración forzada en el primer segundo (FEV1), estudios más recientes han revelado que esta relación tiene sus limitaciones2. “El FEM es más sensible que el FEV1 para valorar la variabilidad diaria de los pacientes, pero menos reproducible”, apunta3.

Principales utilidades del Peak Flow

El uso del Peak Flow permite, “además de predecir el grado de obstrucción de la vía aérea, valorar la variabilidad diaria de los pacientes y ver su evolución a lo largo del tiempo”, apunta la doctora Ana Mª Mateos Gómez, del Centro de Salud San Isidro en Los Palacios y Villafranca (Sevilla).

“Esto nos ayudará a ajustar el tratamiento que el paciente precisa en cada momento y realizar planes de autocontrol, ya que un paciente adiestrado es capaz de conocer con antelación si va a tener una crisis, valorar su gravedad y cambiar su tratamiento para evitarla”, añade la especialista.

Entre las principales ventajas del Peak Flow Meter , según refieren los facultativos, son la sencillez y comodidad de su manejo, tanto para los pacientes como para los profesionales, y la obtención de medidas objetivas y reproducibles para el control del paciente con asma.

Para obtener el valor de referencia o mejor marca personal del paciente, la especialista en Medicina de Familia explica que se recomienda realizar el registro del FEM con el Peak Flow Meter durante dos semanas en fase asintomática, realizando dos lecturas diarias previamente al uso de la medicación broncodilatadora (a primera hora de la mañana y a última hora de la tarde). “La realización de cuatro lecturas diarias mejoraría la precisión, pero disminuiría el cumplimiento”.

El resultado se registra en una gráfica donde el eje de ordenadas representa el FEM y el de abscisas el día y hora de la medición. Con dichos resultados se calcula la media de los valores registrados y se obtiene el valor de referencia del paciente, indica la experta.

Ventajas adicionales

“Se trata de un instrumento portátil y barato que facilita la medición del FEM en distintas circunstancias y entornos. Así, podemos monitorizar la respuesta al tratamiento e identificar la gravedad de los pacientes, de modo que el Peak Flow Meter se ha convertido en una de las herramientas más habituales en el abordaje del paciente asmático”, dice la doctora Mateos.

La doctora Domínguez destaca como ventajas que los resultados de la medida del FEM se correlacionan con los valores de FEV1 y proporcionan una estimación del grado de obstrucción bronquial. También considera que fatiga menos que la espirometría forzada al no requerir de una espiración completa hasta volumen residual, “maniobra que en algunos pacientes desencadena tos o sibilancias”, dice.

Por otro lado, es relativamente fácil obtener la colaboración precisa por parte del enfermo, pudiendo ser utilizado a partir de los cinco o seis años de edad. También cabe destacar que el mantenimiento técnico del aparato es mínimo y la interpretación de sus resultados es sencilla, al contrario de lo que puede suceder con la espirometría. Esto permite que el personal sanitario instruya al paciente para su interpretación, completan las sanitarias.

Algunas limitaciones

En cuanto a las limitaciones que puede tener esta herramienta, el doctor José Ramón García Fabero, del Centro de Salud Virgen de la Estrella II, en Coria del Río (Sevilla), observa que no puede sustituir a la espirometría cuando se usa para la evaluación inicial del paciente asmático y que no proporciona información de las vías de pequeño calibre.

Tampoco es útil en el abordaje del paciente con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y que, al ser dependiente del esfuerzo y de una correcta técnica de realización, “puede ser menos valorable en niños pequeños y en ancianos”, asevera. “En el seguimiento a largo plazo requiere el compromiso del paciente para realizar la maniobra con la periodicidad aconsejada y registrar los datos, lo cual implica un esfuerzo, especialmente en fases estables de la enfermedad”, añade.

Falta de formación y de dispositivos

“Pese a ser una de las herramientas más útiles para el seguimiento de los pacientes asmáticos, el Peak Flow Meter dista mucho de ser un medio de diagnóstico y seguimiento, tal como recomiendan las guías de práctica clínica”, subraya la doctora Mateos. Principalmente, la causa es “la deficiente formación de los profesionales y la falta de disponibilidad del aparato, en la mayoría de los casos suplida por la propia aportación tanto de profesionales como pacientes”.

En ese sentido, “es necesaria tanto la formación de profesionales, como mejorar la accesibilidad al Peak Flow, dado que la medición del FEM es una de las partes más importante en la gestión de los síntomas y la prevención de un ataque de asma”, añade.

A su juicio, también son necesarios planes de autocuidado, así como reforzar la educación de los pacientes con asma “ya que constituye el pilar más importante de su tratamiento”, indica. “Deberíamos transmitir a los pacientes cocimientos básicos sobre su enfermedad, entrenar las habilidades necesarias para la correcta administración de la medicación y formarlos para la correcta monitorización de síntomas y la función pulmonar mediante la obtención del FEM con el Peak Flow Meter”, concluye la especialista.

Acceso al Peak Flow

“Con la actual ‘crisis respiratoria’ que estamos viviendo con enfermedades como la COVID-19 o la Gripe A, que provocan tanta ambivalencia en los pacientes con patología respiratoria crónica, es necesario la posibilidad de acceso a procesos diagnósticos-terapéuticos como el Peak Flow que les permita el reajuste de sus fármacos/inhaladores según su funcionalidad respiratoria, sin precisar una consulta constante con las consultas de Neumología hospitalaria o la atención privada”, reflexiona también la doctora Rocío Hidalgo Gómez, del Centro de Salud Pilas, en Pilas (Sevilla).

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores: Raquel María Chaves Chaves, Ana Mª Mateos Gómez , Rocío Hidalgo Gómez, Mª Teresa Domínguez Castillo, Olga Silvia García López, José Ramón García Fabero, Antonio Carlos Elías Becerra, Juan Domingo Gálvez Sánchez y Rocío Hidalgo Gómez.

Referencias:

1 Miquel-Gomara J, 2002

2 Pérez-Yarza EG, 2007

3 Moore VC, 2009