Coincidiendo con la Semana Mundial de la Inmunización, que la OMS y los Centros Europeos de Control de Enfermedades (ECDC) celebran cada año la última semana de abril, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) ha recordado a través de su Grupo de Patología Infecciosa la importancia de la vacunación como una medida de salud pública que salva miles de vidas cada año en todo el mundo.

Los especialistas en Pediatría de AP han querido subrayar la necesidad de formación y actualización continua sobre las vacunas en general y cada una de ellas en particular, así como la importancia de que los profesionales sanitarios conozcan la variabilidad geográfica y temporal existente en los calendarios sistemáticos de cada una de las comunidades autónomas.

En el marco de esta semana, dedicada por las autoridades sanitarias internacionales a poner de manifiesto la importancia de la inmunización, el Grupo de Patología Infecciosa de la AEPap ha querido recordar a los profesionales y a las autoridades sanitarias algunos puntos de mejora en este terreno. Entre otros, destacan, "la importancia de conocer las situaciones de riesgo que precisan administración de vacunas especiales".

"Las altas tasas de cobertura vacunal que existen en España han motivado que la población y algunos profesionales perciban como remota la posibilidad de que se produzcan casos de enfermedades muy frecuentes en la era prevacunal como por ejemplo el sarampión, la poliomielitis o la difteria. Enfermedades que, en su mayoría, no tienen un tratamiento específico y que pueden producir muertes y graves secuelas. Sin embargo, en países de nuestro entorno (Rumania pero también Francia, Alemania, Polonia, Ucrania, Suiza e Italia) se está produciendo en los últimos años un aumento continuo en los casos de sarampión, con resultado de muerte en algunos casos", ha destacado la Dra. Rosa Albañil, coordinadora de este grupo de trabajo de la AEPap.

A juicio de la Dra. Albañil, el papel de los profesionales de Atención Primaria es fundamental en el mantenimiento de coberturas vacunales altas que aseguren el objetivo de protección individual y de la población. "Se necesitan profesionales adecuadamente formados para poder tomar las mejores decisiones en cada momento y para cada paciente, proporcionar una adecuada información a las familias y desterrar mitos y conceptos erróneos", ha señalado.

Los pediatras de AP recuerdan que la inmunización es un proceso dinámico que obliga a una revisión continua de los calendarios vacunales, "para adaptarlos a los cambios y teniendo en cuenta la existencia de factores de riesgo, no siempre ligados a problemas de salud sino también a estilos de vida y desplazamientos geográficos, que precisen vacunas especiales", señala la Dra. Albañil. Este punto tiene especial interés porque hay datos publicados en nuestro país sobre la insuficiente cobertura vacunal en estos grupos de población, subraya la AEPap.

Infraestructura y aprovisionamiento

"La labor e implicación de los profesionales no es suficiente para conseguir unas tasas de cobertura adecuadas; son necesarias además una infraestructura y un aprovisionamiento de productos sanitarios que son responsabilidad de las autoridades sanitarias", recuerdan los pediatras de esta sociedad científica.

"Los responsables de las administraciones sanitarias deben considerar la inmunización una prioridad sanitaria nacional y como tal asegurar la disponibilidad en los servicios sanitarios públicos tanto de las vacunas incluidas en los calendarios vacunales como de las necesarias para situaciones de riesgo. No es tolerable que se produzcan situaciones de desabastecimiento, no sólo por los posibles riesgos sanitarios derivados de la omisión o retraso en la administración de una dosis vacunal, sino por el mensaje de banalización que se ofrece y el desconcierto que se produce en la población. No es admisible que se produzcan situaciones que comprometan la credibilidad de las vacunas", destacan desde la AEPap.

"No hay que olvidar que en países con un alto nivel de desarrollo económico y sociosanitario existe una desafección, cuando no un movimiento activo frente a las vacunas, que no debemos alentar con actitudes erráticas y poco rigurosas", señala por su parte la Dra. Concha Sánchez Pina, presidenta de la AEPap. "El necesario debate sobre políticas vacunales debe trasladarse a foros de ámbito científico-profesional y huir del sensacionalismo. Las decisiones adoptadas deben tomarse de acuerdo con la evidencia científica y explicarse de forma transparente".

Ámbitos de mejora

Los ámbitos de mejora sobre los que desde la AEPap quieren llamar la atención a las autoridades sanitarias son, fundamentalmente, considerar la inmunización una prioridad sanitaria nacional y garantizar las prestaciones y servicios necesarios para llevarla a efecto; regirse por la transparencia en la comunicación de las decisiones adoptadas que deben trasladarse a los profesionales antes que a los medios; trasladar instrucciones rápidas y precisas a los profesionales sanitarios; coherencia de las mismas con las medidas de política sanitaria y con la información suministrada a la opinión pública; y continuar avanzando en el establecimiento de un calendario y un registro vacunal únicos para todas la CCAA.

La vacunación, en suma, constituye una medida esencial en la prevención y control de enfermedades infecciosas inmunoprevenibles y en la promoción de la salud. En este sentido, el establecimiento de un calendario y un registro vacunal únicos, en el marco de una historia de salud única para todas la CCAA, además de garantizar la igualdad, contribuiría a prevenir los errores producidos en el proceso de inmunización.

"Los profesionales deben recibir por parte de las autoridades sanitarias instrucciones precisas y coherentes que deben preceder siempre a la información suministrada a los medios", insisten los representantes de la AEPap. Desde la universalización de la vacunación existe un antes y un después en la práctica de la Medicina y sobre todo en los objetivos y resultados en salud obtenidos. Que sus efectos continúen es responsabilidad de todos los agentes que intervienen en el proceso, autoridades, profesionales y ciudadanos, y de que entre ellos exista una adecuada coordinación y cooperación, concluyen.