Uno de cada siete pacientes con cáncer de todo el mundo se quedó sin poder someterse a operaciones que podrían salvarles la vida durante los confinamientos por el COVID-19, según revela un nuevo estudio publicado en la revista ‘The Lancet Oncology’.

Las cirugías de cáncer planificadas se vieron afectadas por los encierros, independientemente de las tasas locales de COVID-19 en ese momento, y los pacientes de los países con menores ingresos son los que corren mayor riesgo de no ser operados.

Si bien los cierres han sido esenciales para proteger al público en general de la propagación de la infección, han tenido un impacto colateral en la atención a otros pacientes y condiciones de salud. En uno de los primeros estudios en los que se han medido directamente estos efectos, los investigadores demostraron que los cierres provocaban retrasos significativos en la cirugía del cáncer y potencialmente más muertes por cáncer. Estas podrían haberse evitado si las operaciones se hubieran realizado a tiempo.

Reorganización durante la recuperación de la pandemia

Los investigadores reclaman una importante reorganización global durante la recuperación de la pandemia para proporcionar vías quirúrgicas electivas protegidas y camas de cuidados críticos que permitan continuar con la cirugía de forma segura, así como la inversión en capacidad de “aumento” para futuras emergencias de salud pública.

Durante los periodos de bloqueo total, uno de cada siete pacientes (15%) no se sometió a la operación prevista después de una media de 5,3 meses desde el diagnóstico, todos ellos con un motivo relacionado con la COVID-19. Sin embargo, durante los periodos de restricción leve, la tasa de no operación fue muy baja (0,6%).

Los pacientes que esperaban una intervención quirúrgica durante más de seis semanas durante la restricción total tenían una probabilidad significativamente menor de someterse a la cirugía oncológica prevista. Los pacientes frágiles, los que padecían un cáncer avanzado y los que esperaban una intervención quirúrgica en países de renta media-baja tenían menos probabilidades de someterse a la operación de cáncer que necesitaban urgentemente.

Camas de cirugía electiva

“Para evitar más daños durante futuros cierres, debemos hacer que los sistemas en torno a la cirugía electiva sean más resistentes, protegiendo las camas de cirugía electiva y el espacio de los quirófanos, y dotando adecuadamente la capacidad de ‘aumento’ para los períodos de alta demanda en el hospital, ya sea el COVID, la gripe u otras emergencias de salud pública”, añade.

El coautor principal, Aneel Bhangu, de la Universidad de Birmingham, subraya que “los pacientes más vulnerables a los efectos del cierre fueron los de los países de renta baja, donde los problemas de capacidad que estaban presentes antes de la pandemia se agravaron durante las restricciones del cierre. Los pacientes de este entorno corrían el mayor riesgo de cancelación, a pesar de ser más jóvenes y tener menos comorbilidades”.

El equipo cree que estos datos pueden ayudar a informar a los gobiernos a la hora de tomar decisiones sobre si prolongar o reducir las restricciones.

Los cierres a nivel de país tienen un impacto directo en los procedimientos y la planificación de los hospitales, ya que los sistemas de salud cambian para reflejar las estrictas políticas gubernamentales que restringen el movimiento. Los investigadores descubrieron que los cierres totales y moderados aumentaban de forma independiente la probabilidad de no operar tras ajustar las tasas locales de notificación de casos de COVID-19.