Más del 20% de los pacientes de una consulta de atención primaria (AP) tiene sobrepeso-obesidad y de estos un 10% son diabéticos. Los criterios para enviarlos al endocrino son fundamentalmente la sospecha de DM específicos (genéticos, enfermedades del páncreas exocrino y endocrinopatías), embarazo en mujer diabética, cualquier paciente con mal control metabólico crónico a pesar de modificaciones terapéuticas y pacientes menores de 40 años con posible DM1 en el momento del diagnóstico

Los programas de ejercicio físico se han mostrado eficaces en la mejora del control glucémico, con disminuciones de HbA1c del 0,6% (IC 95%: 0,9 a 0,3), y en la reducción de los niveles de triglicéridos en estudios de entre 8 semanas y 12 meses. En pacientes con DM2 se recomienda la realización de ejercicio físico regular y continuado, de intensidad aeróbica o anaeróbica, o preferiblemente una combinación de ambas. La frecuencia recomendada es de tres sesiones semanales en días alternos, progresivas en duración e intensidad, y preferiblemente supervisadas.

En ancianos que viven solos los especialistas apuestan por realizar una valoración geriátrica integral y una intervención multidisciplinar. Para ello, la enfermería y los cuidadores juegan un papel clave en el modo de atenderlos. La actuación sobre estos pacientes frágiles debe completar actividades de promoción y educación para la salud como, por ejemplo, corrección de hábitos tóxicos, de la actividad física, consejos sobre nutrición, utilización adecuada de medicamentos, prevención de caídas, preparación para la jubilación, formación de cuidadores.

Actividades preventivas

Otros aspectos a tener en cuenta en el anciano frágil son las actividades preventivas: vacunación de gripe y tétanos, valoración de la agudeza visual y auditiva, revisiones de parámetros físicos (HTA, peso) y analíticos, así como actividades de seguimiento: procesos que requieran rehabilitación física o psíquica y acompañamiento de procesos crónicos.

Se hace también necesaria la revisión periódica de la polifarmacia ya que las múltiples medicaciones que presentan los pacientes ancianos exigen al médico a revisarlas continuamente. Muchas de ellas hay que modificarlas por las interacciones con nuevas drogas recibidas o por cambios en el organismo que pueden obligar a cambiar a dosis de medicación que ya se venía tomando.

En numerosas ocasiones sencillos métodos de intervención son los que generan una diferencia entre mejor y peor calidad de vida, ya que permiten a los adultos mayores lograr más autonomía, previenen caídas y las complicaciones de las mismas, consiguen mejor respuesta a los tratamientos y se generan menos restructuraciones familiares condicionada por la pérdida de autonomía de estos pacientes.

Por su proximidad a los pacientes resulta fundamental el papel de la enfermería en la consecución de cambios saludables en el estilo de vida en pacientes con DM2. Por lo tanto no se deben limitar a  informarles sobre las medidas que deben poner en marcha de forma genérica, con folletos, dietas y recomendaciones, sino intentar pactar con ellos cambios reales que puedan asumir de forma sencilla.

La función de la Enfermería

Se requiere que el enfermero o enfermera realice una valoración exhaustiva previa de las personas y sus familias, sus riesgos, sus posibilidades para luego planificar en conjunto las acciones y cuidados tendentes a lograr la meta de mejorar su calidad de vida y salud. Es necesario el seguimiento y control en los hogares para constatar los avances de las personas en su cuidado y evaluar los logros.

Y es pérdidas de peso de un 7% y realizar ejercicio físico 30 minutos diarios demuestra que reducen hasta un 50% la aparición de la diabetes tipo II. Otro tipo de cambios como dietas por raciones y deporte más reglado requieren de la colaboración de nutricionistas y fisioterapeutas trabajando de forma conjunta. La actividad física se plantea siempre como un complemento a la dieta, ya que es difícil conseguir un balance energético negativo aumentando únicamente el gasto.

La adaptación de la familia al diagnóstico de la diabetes es extremadamente importante ya que el proceso de la patología crónica requiere una adaptación de toda la familia a la nueva situación. Esto conlleva un desgaste que puede suponer que se desencadenen situaciones de conflicto y los miembros de la familia necesitan educación, igual que el paciente, para ayudar a hacer posible los cambios de vida y el soporte necesario. Es especialmente importante que todos los miembros de la familia que vivan con el paciente entiendan las demandas del cuidado de la diabetes.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Mariano Callado Ramón, José Antonio Sánchez García, José Juan Atienza Gaona, María Dolores Almarcha Riquelme, Ignacio Martí Romera, Juan Solera Albero, Tomás Soler López, María Paz Muñoz Izquierdo, Ricardo Córdoba Talavera y Jorge Germán Lloscos Llavador, Juan Antonio Divison Garrote, Celia Chumillas Checa, Carmen Campayo Ortega, Rosa María Mañas Morales, Antonio Vicente Marín, María del Carmen Valdivia Florensa, Juan Luis López Carrasco, Carlos García Culebras, Emiliano De la Fuente Ila, María Victoria Moya Cantarell, Ana María Galdámez Núñez, Francisco José Fernández-Rosillo Padilla, Ángel García Serrano, Ignacio García Nadal, Ana Cuenca Abellán, Rosario Beltrán Díaz, Diego Navarro Valero, Carmen Sánchez Castaño, de Albacete.