Entre las múltiples características en común que tenemos los seres humanos cuando nacemos está el tener los pies planos y regordetes. La existencia de una especie de almohadilla de grasa en la planta del pie y la gran flexibilidad que ostentan los ligamentos del niño son los responsables de este hecho. Es aproximadamente a los 12 meses de edad cuando el pie comienza a perder su graciosa gordura y la planta empieza a adquirir paulatinamente el arco o puente del pie, típico de estas extremidades. Es un proceso que, en principio, se prolonga hasta los tres años, si bien no es entre los cinco y siete años cuando realmente dicho arco se hace más evidente y por fin se configura como tal.

Los huesos y articulaciones que dan forma al esqueleto del pie, y en menor medida los músculos, conforman el arco del pie, perfectamente visible en la parte interna de la planta, aunque su desarrollo no es homogéneo en todos los niños, presentando alturas diferentes. Si a partir de los cinco o siete años de edad dicho arco o bóveda plantar no se ve plenamente conformado y fortalecido, lo conveniente es hacer una oportuna consulta al podólogo o al pediatra, quienes juzgarán la necesidad o no de tratar dichos pies.

Arco plantar

El pie plano es aquél que carece de arco plantar, de modo que al caminar, su propietario apoya toda la planta en el suelo -lo que altera la realización de una marcha adecuada- en vez de apoyar la punta, el talón y el borde externo del pie, como ocurre en los casos normales.

Según la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatológica (SECOT), puede considerarse que el pie plano infantil se presenta en un 10% de los niños entre 4 y 7 años. No se ha descrito un predominio de uno u otro sexo y, en ocasiones, existen antecedentes familiares de este trastorno.

Flexibles y patológicos

Según la Unidad de Ortopedia Pediátrica del Hospital Valle de Hebrón (Barcelona), no existe una causa única a la cual adjudicarle el desarrollo del pie plano. La mayoría de los niños con este trastorno presentan un pie con movilidad adecuada y que no produce molestia alguna. Este es el llamado “pie plano flexible” -en los que están incluidos la inmensa mayoría de los pies planos- y es considerado como una variante anatómica normal; los ligamentos que unen los huesos del pie son, en estos niños, muy laxos y permiten que el arco, aunque esté presente en apariencia, se colapse y se observe disminuido o ausente al realizar el apoyo.

La Asociación Española de Pediatría en Atención Primaria (AEPAP) explica, por su parte, que los pies planos flexibles no suelen producir más que una alteración estética, toda vez que se observa un desgaste asimétrico de la suela del calzado: el borde interno se gasta más que el externo. Tampoco tiene por qué existir en la edad adulta.

Otro tema es el “pie plano rígido o patológico”, que sí implica la presencia de alteraciones importantes en la conformación plantar, lo que resulta doloroso e incapacitante. Las causas en este caso van desde alteraciones congénitas en la formación o posición de los huesos del pie, a uniones anormales entre éstos o pérdida del arco debida a parálisis o debilidad de los músculos de las piernas.

Adolescentes y adultos

El Colegio Oficial de Podólogos de Cataluña refiere que en los adolescentes los pies planos producen cansancio y esguinces repetidos, pero en general tolerados, y ésta es la causa de que mayoritariamente no se traten los pies, junto con la psicología del adolescente que es reticente a los tratamientos, ya que piensan que no podrán utilizar cualquier calzado. Este hecho hoy en día está desmentido, pues con el tratamiento pueden llevar cualquier calzado juvenil, tanto deportivo como informal.

En los adultos, el pie plano conlleva molestias mayores de origen articular, debido al tiempo que transcurre desde que dichas estructuras óseas no trabajan en la posición adecuada, con la consiguiente artrosis de las articulaciones del pie y tobillo, con dolores y molestias primero ocasionales y luego definitivas.

Tratamiento

Sólo el 1% de los niños que tienen pies planos necesita dispositivos ortopédicos. En la mayoría de los casos, el problema se corregirá por sí solo con el crecimiento. En opinión de los especialistas, hasta el momento no se ha podido demostrar que el desarrollo del arco longitudinal plantar pueda ser inducido por el uso de un tipo de plantilla o calzado especiales. Pero si a los 8-12 años el problema no se ha resuelto y además existe dolor al caminar, puede requerirse tratamiento quirúrgico, como también lo requieren los pies planos rígidos, que presentan una alteración anatómica de base, algún grado de incapacidad, deformidades asociadas o alteraciones estructurales.