Faltan unos pocos días para la celebración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Comienzan los preparativos para la que, desde hace mucho tiempo es, posiblemente, la jornada más reivindicativa del año. Miles de personas salen a las calles a manifestarse a favor de la lucha justa del feminismo y en contra de la violencia a la que se somete a muchas mujeres y que todos los años presenta cifras inaceptables. El Colegio de Médicos de Bizkaia ha apoyado, apoya y apoyará acciones y reivindicaciones en este sentido.

Estamos de acuerdo en que una de las formas más visibles de secundar estas legítimas reivindicaciones es la manifestación pública. Llenar las calles de las ciudades, todas y todos a una, es una forma efectiva de hacer patente el apoyo a la causa. Pero este 2021, ese gesto que nos parece tan obvio y natural se ve sometido, cuando menos, a una profunda reflexión a la que, desde la autoridad que nos proporciona el conocimiento médico y científico, queremos invitar a realizar a los movimientos sociales, a la administración y a toda la ciudadanía de Bizkaia.

En el Estado español, el derecho a la manifestación es un derecho fundamental recogido en la Constitución. No debemos renunciar a él. Ahora bien, la Constitución española también reconoce, en su artículo 43, el derecho a la protección de la salud. Una salud que, en estos momentos, está más amenazada que nunca.

Posiblemente, las manifestaciones del próximo 8 de marzo no serán las únicas actividades que pueda llevar a cabo la ciudadanía para comprometer la evolución descendente de los contagios por coronavirus SARS-CoV-2 que se están produciendo en la actualidad, pero sí será una de las que contribuya a ello. Y es probable que lo haga de forma muy importante, especialmente si tenemos en cuenta la capacidad de convocatoria que tiene la celebración de esta histórica reivindicación en todos los pueblos y ciudades. Apelamos a la responsabilidad de las organizaciones convocantes y de la ciudadanía a la hora de buscar otros modelos de reclamación que no supongan un aumento de la amenaza para la salud de la población. Reunir a muchas personas en una situación de altísimo riesgo sanitario sería, a nuestro entender, una irresponsabilidad inaceptable después de un año de lucha contra un virus que ha causado, y sigue causando, tanta muerte, tanta enfermedad, tanto sufrimiento, tanto dolor y tanta desesperanza a tantas mujeres y hombres en este país.

Las médicas y los médicos, todo el personal sanitario, seguimos trabajando sin descanso para salvar esas vidas que este virus sigue empeñado en arrebatar. Y lo hacemos día a día, en jornadas interminables y agotadoras. Atendemos a nuestras y nuestros pacientes en todos  los niveles asistenciales; tratamos las secuelas a las que deben enfrentarse muchas personas que, afortunadamente, han sido capaces de superar la COVID-19; acogemos y escuchamos a las ciudadanas y ciudadanos que, desesperanzados y desanimados, acuden a nuestras consultas a contarnos que se han quedado sin trabajo y que la ansiedad por un futuro incierto no les deja dormir. Por eso, la simple idea de que se pongan en marcha iniciativas que puedan alargar esta situación cada vez más desgastante nos resulta inasumible, por más justas que sean. Por eso pedimos a todos y todas un cambio en el modo de llevar a cabo la reivindicación que no agrave todavía más la ya grave situación.  Un cambio de modelo que, al menos por este año, evite las concentraciones multitudinarias.

En el mejor de los casos, gracias a nuestra responsabilidad, nuestra prevención y a la eficacia de la ciencia, quizá para este otoño este panorama todavía lleno de nubarrones e incertidumbres se haya aclarado. Quizá para el 8 de marzo de 2022 este momento de pesadilla actual comience a ser un triste recuerdo. Ojalá sea así y, entonces, como decía Pablo Milanés, podremos pisar las calles nuevamente y volveremos a reunirnos para alzar nuestras voces en apoyo a las mujeres presentes y para exigir que no tengamos que volver a detenernos nunca más a llorar por las mujeres ausentes.