Las técnicas de identificación por ADN han alcanzado tal nivel de sensibilidad que es posible encontrar y analizar la huella genética del individuo que ha manipulado una bomba en los fragmentos que quedan después de la explosión. Al menos, así lo demuestra un experimento presentado en el congreso Academia de Ciencias Forenses, según informa el diario EL MUNDO.

Investigadores de la Universidad del Estado de Michigan, en EEUU, pidieron a diez voluntarios que tocaran durante diez segundos cada componente de 20 artefactos explosivos que posteriormente fueron almacenado durante un mes. Al cabo de este tiempo, detonaron las bombas en un agujero practicado en la tierra y recolectaron algunos fragmentos.

Cuatro de los explosivos contenían una cantidad suficiente de ADN como para identificar a "terrorista" y de otras cinco se pudieron extraer trazas del material genético, pero no se pudo analizar.

La técnica empleada consiste en rastrear regiones del ADN que tienen una secuencia repetitiva de entre dos y siete "letras" genéticas. La localización y el número de iteraciones es particular de cada individuo, de modo que el análisis de una cantidad suficiente de regiones de la doble hélice es una huella única.

Según la revista "New Scientist" en la Unidad de ADN del Servicio de Ciencia Forense británico se emplea actualmente en casos reales una metodología similar para investigar a sospechosos. Un agente de este organismo asegura que "podemos recrear en nuestras cabezas qué ha podido hacer exactamente un asesino".