Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Planificación Natural de la Familia (PFN) es un término que se utiliza para describir métodos de planificación o prevención del embarazo que se basan en la observación de signos y síntomas que se producen durante el ciclo menstrual. Las personas que utilizan la PFN para evitar la gestación se abstienen de practicar el coito en días potencialmente fecundos, mientras que quienes desean un embarazo la utilizan para determinar la fase fecunda y elevar así al máximo la probabilidad de conseguirlo. En definitiva, lo que se hace es tener en cuenta tanto la supervivencia de los espermatozoides como la del óvulo y adaptar el comportamiento sexual de la pareja en función de su proyecto: evitar o conseguir un embarazo.

Es importante saber que la duración del periodo fértil, es decir de aquellos días del ciclo en los que un coito puede dar como resultado un embarazo, está determinado por dos factores: el período de tiempo antes de la ovulación, durante el cual los espermatozoides pueden sobrevivir dentro del cuello uterino de la mujer conservando su capacidad fertilizadora (3-5 días), y el periodo durante el cual el óvulo conserva su capacidad de ser fecundado (24 horas, 48 si existe una doble ovulación). Por lo tanto, el período fértil es de 7 días.

Método sintotérmico

Existen distintos métodos o sistemas que se engloban dentro de la Planificación Familiar Natural. De todos ellos, el método sintotérmico es el que los expertos consideran más completo, al tener en cuenta el mayor número de signos y síntomas que ayudan a precisar la fase fértil y no fértil del ciclo menstrual femenino. Así, los principales signos indicativos de fertilidad en los que se fundamenta este método son el estado del moco cervical, la temperatura basal y la autopalpación del cuello uterino.

El moco cervical es una sustancia que secreta el cuello uterino los días inmediatamente anteriores a la ovulación y los inmediatamente posteriores a ella. Un nivel alto de estrógenos en la fase anterior a la ovulación hace que el moco tenga unas características óptimas que ayudan a la ascensión de los espermatozoides en busca del óvulo. Una vez que se ha producido la ovulación, las características de este moco óptimo o fértil cambian por influencia de la progesterona hacia formas menos favorables o no fértiles, disminuyendo su producción hasta que desaparece.

Para determinar la evolución del moco cervical se tienen en cuenta tres características:

DENSIDAD: va de cremoso (f) a filante (F) inmediatamente antes de ovular para volver a cremoso (f) inmediatamente después de la ovulación y desaparecer posteriormente.

ELASTICIDAD: de espeso (f) a elástico (F) antes de la ovulación y de nuevo espeso (f) después y desaparición.

COLOR: amarillo o blanco (f) a transparente (F) antes y de nuevo blanco o amarillo después.

Estas características del moco se aprecian fácilmente cuando se toma un poco del mismo entre los dedos pulgar e índice colocados paralelamente y se van separando poco a poco. así se observará un moco un tanto pegajoso que se rompe, no se estira (moco definido como f) y otro tipo de moco que no se rompe, que es elástico al estirarse y que se asemeja a una clara de huevo (moco definido como F o de máxima fertilidad).

Además del aspecto del moco cervical, es necesario tener en cuenta también las sensaciones que produce: la mujer puede percibir una sensación de sequedad que revelaría la ausencia de moco, de humedad que indica su presencia o sensación de lubricación, de mojado, que indica un moco filante y abundante de tipo F.

Cada día, por la noche, se deben anotar las características observadas del moco durante todo el día. Si en un mismo día se han observado distintas sensaciones y diferentes características de moco, se recogen siempre los signos de mayor fertilidad. Para mejor anotación se pueden traducir las observaciones en claves. Así, se puede usar el color rojo para tener en cuenta la menstruación, color verde cuando no existe moco y la sensación es de sequedad y blanco con “f” o “F” si la sensación o el moco observado corresponden con las características anteriormente explicadas. Los días de máxima fertilidad se correlacionan con la sensación de lubrificada, mojada y con moco cervical elástico, filante, semejante a la clara de huevo. Podría suceder que no se observara moco (pues puede que sea tan transparente que no se aprecie) pero la sensación es de lubrificada. se estaría en el mismo caso de máxima fertilidad.

Es importante para el método fijar lo que se considera día pico, que corresponde con el último día en el que se presentan las características de máxima fertilidad, es decir el último de los días que se han anotado con “F”, a partir del cual cambian las características del moco y de la sensación a lo que se ha considerado como “f”. Este día pico, por tanto, se determina siempre a posteriori, es decir el día siguiente. Es alrededor de este día pico cuando se produce la ovulación. Se marca este día pico y se le asigna el número 0 y los siguientes tres días se señalan con el 1, 2 y 3. El método sintotérmico considera que la fase infértil postovulatoria comienza a partir del tercer día después del pico, teniendo en cuenta que es necesario valorar también los otros signos que tiene en cuenta el método (que ahora veremos) y no solo el moco.

Temperatura basal

La temperatura basal es la temperatura corporal que se mide en reposo absoluto. Utilizar la variación de la temperatura basal de la mujer a lo largo del ciclo, como signo para determinar la fase potencialmente fértil y la no fértil, se basa en el hecho de que, inmediatamente después de la ovulación, se produce un incremento de la secreción de progesterona por el ovario que va a cambiar las características del moco cervical, va a inhibir una nueva ovulación por el ovario y, entre otras acciones, va a aumentar la temperatura basal de 2 a 5 décimas. De esta manera, si se determina este aumento de temperatura, se podrá afirmar que se ha producido la ovulación. Como se sabe que el óvulo permanece viable 24 horas y que, en caso de que se produzca una doble ovulación en el ciclo, ésta ocurre siempre como máximo a las 48 horas de la primera, resulta que tres días (48+24 horas) después de constatar la elevación de la temperatura basal, es científicamente imposible que se pueda producir fecundación pues no existe óvulo viable, periodo que la temperatura basal determina como no fértil.

Para apreciar este cambio en la temperatura basal, es necesario realizar una toma diaria de la temperatura, al menos hasta determinar claramente la elevación y cerciorarse de estar en fase no fértil hasta el final del ciclo menstrual.

La temperatura basal puede venir alterada por algunas circunstancias como son viajes, estrés, vómitos, diarrea, no haber dormido, tomar medicamentos hipotérmicos, etc. Es por tanto interesante reflejar cualquier circunstancia susceptible de alterar la temperatura en el gráfico para tenerla en cuenta. No obstante, conviene recordar de nuevo que el método sintotérmico no se basa en un único signo o síntoma por lo que la determinación de la fase fértil y no fértil tiene en cuenta más observaciones (moco cervical, cuello uterino).

Autopalpación del cuello uterino

El cérvix o cuello uterino sufre cambios a lo largo del ciclo que pueden ser observados y de esta forma determinar en la fase del ciclo (fértil o no fértil) en la que se está en cada momento.

Apertura: el cuello se va a ir abriendo paulatinamente en la fase preovulatoria hasta su máxima apertura durante la ovulación, para posteriormente irse cerrando en la fase postovulatoria.

Resistencia: comienza encontrándose más duro en la fase preovulatoria, va haciéndose algo más blando hasta la ovulación, para en la fase postovulatoria ir adquiriendo más dureza hasta el final del ciclo.

Altura: inmediatamente después de la menstruación, se encuentra fácilmente accesible a la autopalpación (bajo) y paulatinamente se va elevando hasta llegar a la máxima elevación durante la ovulación (alto) para volver a descender en la fase postovulatoria.

Ángulo: al término de la menstruación, el cérvix se inclina sobre la pared vaginal (inclinado) para irse alineando gradualmente hasta la ovulación, momento en el que se encuentra alineado al eje de la vagina, para posteriormente inclinarse o desalinearse durante la fase postovulatoria.

Cálculo del posible inicio de la fase fértil

Cuando la mujer ha observado y recogido datos de varios ciclos (es recomendable al menos 12 ciclos) puede realizar un cálculo que le indique el posible comienzo de la fase fértil. Es importante resaltar que este cálculo ayuda a situar aproximadamente esta fase fértil pero que no la determina por sí mismo, para esto es necesario tener en cuenta los tres signos objetivos anteriormente explicados (moco cervical, temperatura basal y autopalpación de cuello uterino).

Para realizar este cálculo, se toma la duración del ciclo más corto observado de los 12 últimos y se resta 20, ese día es el posible comienzo de la fase fértil, así si el ciclo más corto es de 26 días 26 – 20 = 6, el sexto día del ciclo puede comenzar la fase fértil (que habrá que comprobar con el resto de signos moco, temperatura, cuello). Este cálculo se puede realizar también teniendo en cuenta el día más precoz de comienzo de temperaturas altas observado de los 12 ciclos y se le resta 8, a partir de ese día es el posible comienzo de la fase fértil. Por ejemplo, el día más precoz de temperatura alta es el día 15, por lo tanto 15 – 8 = 7. de esta forma a partir del día séptimo del ciclo puede comenzar la fase fértil.

Si solo se disponen de datos de seis ciclos el cálculo se realiza restando 21 a la duración del ciclo más corto (26 – 21 = 5)

Recogida de todos los datos en un gráfico

Los cuatro diferentes datos explicados anteriormente, se recogen en una misma gráfica de tal forma que la fase fértil y no fértil va a ser resultado de la observación conjunta de los tres signos anteriormente desarrollados (moco cervical, temperatura basal y autopalpación del cuello uterino) Siempre se tendrá en cuenta el signo más restrictivo, es decir, suponiendo que el moco cervical indique que el comienzo de la fase no fértil postovulatoria es el día 18 del ciclo y la temperatura indica el día 19, se fijará el día 19 como inicio de la fase no fértil y no el 18. El cálculo del posible inicio de la fase fértil va a complementar estos datos y en la gráfica se va a señalar con una línea recta vertical.

Además de los signos anteriormente explicados, cada mujer puede observar algunos otros signos que pueden complementar la información principal dada. Algunas de estas posibles observaciones (que pueden no producirse en muchas mujeres) son:

Cambios en el pecho: se puede notar más grande, tenso, duro, hipersensible e incluso doloroso. Estos cambios son más frecuentes en la fase postovulatoria y desaparecen con el comienzo de la menstruación.

Dolor ovárico: se puede observar un ligero dolor localizado en el bajo abdomen que dura de unos segundos o minutos a varios días. Se puede irradiar a la espalda (“dolor de riñones”) o a las piernas. Estas molestias se relacionan con la ovulación.

Sangrado intermenstrual: en ocasiones, en fase fértil aparece un ligero sangrado en forma de moco teñido de color rojizo o marrón y en más raramente en forma de sangrado. Este dato podría estar relacionado también con la ovulación.

FUENTE: Antonio Castillo. Aula de la Farmacia 2007 y Manual de Anticoncepción y Planificación Familiar para Farmacéuticos.