Una predisposición genética a fumar aumenta el riesgo de que una persona se recupere peor de un ictus isquémico, según un estudio publicado en la edición online de ‘Neurology‘, la revista médica de la Academia Americana de Neurología.

"La recuperación del ictus puede variar mucho entre las personas, desde la recuperación total hasta la discapacidad grave o la muerte –explica el autor del estudio, el doctor Xinfeng Liu, de la Universidad de Nanjing (China)–. Aunque estudios anteriores han encontrado vínculos entre el tabaquismo y una peor recuperación del ictus, no ha quedado claro si el tabaquismo es una causa. Al examinar las variantes genéticas que aumentan el riesgo de que una persona fume, descubrimos que el tabaquismo sí provoca peores resultados en el ictus", añade.

Resultados de un meta-análisis

Para evaluar la relación genética entre el tabaquismo y la recuperación del ictus, los investigadores analizaron los resultados de un meta-análisis de 12 estudios de Estados Unidos, Europa y Australia, que examinaban la genética y la recuperación del ictus. En los estudios participaron 6.021 personas de ascendencia genética europea que habían sufrido un ictus isquémico. Los niveles de recuperación se midieron tres meses después del ictus.

Los investigadores utilizaron un diseño de estudio denominado aleatorización mendeliana para determinar si existía una causa y un efecto entre 373 variaciones genéticas denominadas polimorfismos de un solo nucleótido (PSN) que se sabe que están relacionadas con un mayor riesgo de fumar y una mala recuperación del ictus. Los PSN son comunes y pueden actuar como marcadores biológicos, ayudando a localizar los genes que están asociados con la enfermedad.

Tras ajustar la edad, el sexo y la gravedad del ictus, los investigadores descubrieron que las personas genéticamente predispuestas a fumar tenían un 48% más de riesgo de sufrir una peor recuperación del ictus que las que no estaban genéticamente predispuestas. Los resultados se mantuvieron igual cuando los investigadores ajustaron aún más el consumo de alcohol predispuesto genéticamente.

"Nuestros resultados proporcionan un apoyo genético a la teoría de que el tabaquismo provoca una mala recuperación tras un ictus isquémico –subraya Liu–. Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para la recuperación del ictus. No sólo los médicos deberían animar a todas las personas a no fumar, sino que también se debería animar a las personas que han sufrido un ictus a dejar de fumar", concluye.