Redacción, Valencia.- “Aunque varios estudios apuntan lo contrario, la presión de pulso no tiene valor, de forma individual, como factor de riesgo de las enfermedades cardiovasculares. El control de la presión arterial de forma adecuada, con el fin de estimar el riesgo cardiovascular del paciente hipertenso, debe valorar en su conjunto las presiones sistólica, diastólica y de pulso, ya que su cálculo por separado disminuye el valor diagnóstico”, según ha manifestado el doctor Luis Miguel Ruilope, jefe de la Unidad de Hipertensión del Hospital 12 de Octubre de Madrid, en el transcurso de la octava reunión de la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española Para la Lucha Contra la Hipertensión Arterial.

 

“La presión de pulso es la diferencia entre la presión sistólica y diastólica, lo que indica que cuando ésta supera los 60 mmHg, supondría un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular adicional a tener en cuenta. Por tanto, si el paciente consigue reducir los niveles de presión sistólica y diastólica, junto a la presión de pulso, podría tener más beneficios que el hipertenso que tuviera control sobre ambas presiones en ausencia de cambios en la presión de pulso”, tal como ha afirmado el doctor Ruilope.

 

“Recientemente -indicó este especialista- se ha publicado en la revista británica The Lancet, un estudio realizado en cerca de un millón de personas, que demuestra que la presión de pulso sigue los cambios de presión sistólica y diastólica, que pone en duda que la presión de pulso pueda ser un factor importante cuando se mide de forma independiente”.

 

Aunque podría haber riesgo a cualquier edad, son las personas mayores de 60 años quienes presentan unos índices de presión de pulso más elevada. Esto es debido a que este colectivo se caracteriza por mantener el nivel de presión sistólica alto, que como consecuencia, y al ir siempre ligados, elevan la presión de pulso.

 

“Por esta razón, hay que tener en cuenta que la presión de pulso de forma independiente es un factor teórico de reducción del riesgo cardiovascular, que siempre depende de los niveles que alcancen la sistólica y la diastólica. Existe más relación entre el incremento de la mortalidad por causas cardiovasculares y los índices de sistólica y diastólica, que entre la presión de pulso”, ha añadido el doctor Ruilope.

 

“Por otro lado, es muy importante tener en cuenta que cuando se aplique el tratamiento farmacológico para reducir la presión sistólica, éste debe ser en ausencia de modificaciones importantes de la diastólica, porque de esta manera, la distancia entre ambas se acortará, evitando la variación de la presión de pulso”, en opinión de este especialista.