¿Cuál es la misión del Centro Nacional de Epidemiología?

Dentro de nuestra misión de mejorar la salud de la población, tenemos tres grandes labores: servicio, investigación y formación. Por un lado, dentro del Instituto de Salud Carlos III somos el centro con una colaboración más estrecha con el Ministerio de Sanidad, ya que gestionamos la Red Nacional de vigilancia de enfermedades transmisibles. Estamos colaborando con el Ministerio de Sanidad para que la vigilancia en salud pública incluya también a las enfermedades no transmisibles, es decir, las enfermedades crónicas, ya que constituyen la principal causa de mortalidad y discapacidad en nuestro país, por lo que es lógico que también se vigilen. No obstante, ya hemos trabajado en el conocimiento de la situación de algunas enfermedades no transmisibles como el cáncer, las patologías cardiovasculares, y algunas neurodegenerativas, principalmente analizando la mortalidad por estas causas. Otra de nuestras funciones se centra en la investigación epidemiológica de aquellas áreas en las que estamos especializados. Y un área muy importante es la formación de especialistas de Medicina Preventiva y Salud Pública, donde el Instituto tiene un área de formación, dentro del sistema MIR, que está adscrita a la Escuela Nacional de Sanidad y colaboramos activamente en el Máster de Salud Pública, al que acuden para formarse la mayor parte de los especialistas MIR en Medicina Preventiva y Salud Pública.

En comparación con el resto de países, ¿cómo está España en formación de especialistas en Salud Pública?

Estamos en un momento muy bueno. No somos líderes, pero tenemos muy buena formación. Cuando yo empecé la situación no era así, pero se ha desarrollado muchísimo. Y en el contexto europeo, incluso internacional, contamos con muy buenos profesionales que dejan el listón muy alto. No hay que olvidar que, ahora, los residentes que se forman aquí, en la Escuela Nacional de Sanidad, tienen posibilidades de hacer rotaciones en organismos internacionales y eso es muy interesante de cara a su formación.

Buenos profesionales, pero sigue habiendo fuga de talentos, ¿cómo se podría frenar en el ámbito de la investigación en el que usted trabaja?

En estos momentos tenemos un problema de médicos a todos los niveles, y no solo porque se vayan al extranjero, aunque si hablamos de investigación es verdad que ni la capacidad de investigar ni los sueldos de aquí son equiparables a lo que pueden encontrar fuera y eso hace inclinar la balanza. Con la crisis se nos han ido muchos profesionales y algunos han empezado a volver, pero otros ni se lo plantean. En el ámbito de la investigación no hemos recuperado todo el talento que se ha ido porque no somos capaces de ofrecer nada tan atractivo como lo que se puede encontrar fuera. La solución pasaría por mejorar varios aspectos, uno es el sueldo, sin duda, pero no el único, porque lo más importante es mejorar los proyectos de investigación. Hay que financiar más proyectos y con recursos más realistas. En el ámbito de la epidemiología, los mejores estudios que se pueden hacer son los estudios de cohortes, y estos requieren seguir y monitorizar a un número alto de personas durante bastante tiempo, lo que conlleva la necesidad de contar con suficiente financiación, pero, en España, los proyectos se financian a tres años, y pasado ese plazo tienes que estar en vilo para saber si se va a conseguir la financiación para los tres años siguientes. En EE.UU., por ejemplo, ofrecen financiación a más años vista y con más recursos, de modo que se pueden montar estudios complejos porque sabes que vas a contar con los medios y el tiempo suficiente para llevarlo a cabo. En los centros públicos tenemos las mismas limitaciones que en el resto, con una situación muy dura, ya que no es solo la financiación, sino que la gestión administrativa es muy burocrática y hasta que consigues todos los permisos necesarios se te puede ir más de un año, tiempo que el proyecto no avanza y no tienes ningún resultado. Yo espero que esta situación mejore.

En estos momentos, ¿cuáles son las principales líneas de investigación en las que está involucrado el Centro Nacional de Epidemiología?

Dentro de las enfermedades transmisibles, tenemos varias líneas de investigación, pero tal vez una que se puede destacar por su importancia e impacto internacional es el estudio sobre la gripe, en el que estamos colaborando con la Organización Mundial de la Salud y el Centro Europeo de Control de Enfermedades Transmisibles (ECDE, por sus siglas en inglés), que está en Estocolmo. Y otra investigación muy potente y productiva es la que estamos desarrollando en el ámbito del VIH/sida, donde somos el centro que mantiene la unidad de la Cohorte de la Red de Investigación en Sida (CoRIS), una red muy importante de investigación en sida en todo el país y que coordinamos desde aquí. En lo que se refiere a las enfermedades no transmisibles, seguramente, son los estudios en cáncer los más destacables, ya que los realizamos a través de colaboraciones con centros de todas las Comunidades Autónomas. Uno de los más destacados es el MCC Spain, un estudio multicaso control poblacional que incluye tumores de alta incidencia en España. Se trata de una iniciativa del CIBERESP y está coordinada por dos investigadores: Manolis Kogevinas, del Instituto de Salud Global (ISGlobal) de Barcelona, y por mí, desde el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). Este es el estudio sobre cáncer más grande que se ha hecho en nuestro país y abarca tumores de colon, mama, próstata, gástrico y leucemia linfática crónica. Otra área de investigación, muy interesante y con mucho recorrido es la de los factores de riesgo de las enfermedades crónicas y la evaluación de políticas sanitarias. En ella hemos evaluado, por ejemplo, la repercusión de la Ley Antitabaco en España, o el efecto de la crisis económica en la salud de la población que, por cierto, no se vio un aumento de mortalidad; probablemente, esta es una opinión personal, porque contamos con un colchón de apoyo y asistencia de familiares que nos ayuda a salir adelante.

El envejecimiento de la población hace que nos preocupemos más por las enfermedades crónicas. ¿Por dónde avanza la investigación epidemiológica en este ámbito?

Un aspecto muy importante en este sentido es la prevención. No tengo datos de España, pero en Estados Unidos, un artículo publicado en la revista Nature refleja que solo el 7 por ciento de la financiación en investigación en cáncer se destina a la prevención. Con el avance de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población, es esencial desarrollar estrategias para prevenir nuevos casos. Es cierto que los tratamientos avanzan y cada vez son más precisos, pero al mismo tiempo, también son más caros y tienen efectos secundarios, por lo que sigue siendo importante investigar en prevención primaria, y ver cómo podemos hacer que la población adopte estilos de vida más saludables, al tiempo que les protegemos de riesgos ambientales innecesarios, por ejemplo, de la contaminación que se ha demostrado que tiene una relación directa, no solo con las enfermedades respiratorias, sino también con las cardiovasculares y algunos tipos de cáncer. Por tanto, prevención primaria no solo en estilos de vida que la población adopta, sino en políticas sanitarias que ponemos en marcha para protegerla.

Estamos viendo cómo esas medidas necesarias a veces no casan bien con la política. ¿Cómo ve esta situación desde su puesto de gestora e investigadora?

Pues no sé, es muy difícil. Yo en temas de política soy un poco pesimista. No entiendo que los políticos no se pongan de acuerdo en medidas básicas que pueden suponer un beneficio para toda la población. Ahora que estamos con el tema de Madrid Central, no consigo entender que se desmonte porque lo han hecho otros sin tener en cuenta los beneficios que puede aportar para toda la población. Así no podemos avanzar. Seguro que hay aciertos políticos que es bueno apoyar, aunque seas de otro partido, para poder seguir avanzando. En este momento, mi experiencia en salud pública con el Ministerio es que se está haciendo un gran esfuerzo por actualizar algunas leyes que incluyen aspectos específicos que se quedaron sin desarrollar. En concreto, la Ley General de Sanidad, requería desarrollar un nuevo Real Decreto de Vigilancia de Salud Pública, en el que el Ministerio está trabajando. Y la parte más interesante es que para ello están contando con grupos de trabajo en colaboración con todas las autonomías y con grupos de expertos. Creo que es un esfuerzo importante que busca unificar determinadas estrategias a nivel nacional, lo que, a veces, resulta difícil con la Sanidad transferida. Se está trabajando a nivel técnico, lo cual resulta más fácil, y existe una voluntad política por avanzar y mejorar en este sentido y estoy convencida de que va a salir adelante y va a ser positivo para todos.

¿Cómo está la financiación de la I+D+i biomédica en España?

Con un amplio margen de mejora. Creo que habría que dedicar más fondos, priorizar la investigación más relevante en salud pública, ampliar la visión de la investigación y plantear los proyectos a largo plazo. En el ámbito de la epidemiología, hay una iniciativa a nivel internacional muy interesante y que ya está dando muchos frutos, que es la creación de mega cohortes de población, muy bien caracterizada, con recogida de muestras biológicas periódicas, y seguida en el tiempo. Son grandes plataformas de investigación en las que las comunidades científicas pueden abordar estudios de todo tipo en lo que se llama Medicina de Precisión, incluyendo la Salud Pública de Precisión. En el caso de España, no hemos puesto ninguna iniciativa de este tipo sobre la mesa y nos hemos quedado fuera de algunas oportunidades de financiación europea. Desarrollar una iniciativa así es una decisión política, ya que requiere una inversión importante, y asegurarla un tiempo suficiente para conseguirlo. Otros países de nuestro entorno han puesto sobre la mesa fondos para 8 o 10 años, considerando que una iniciativa así era estratégica para su investigación en salud. Es cierto que algunas hipótesis biológicas puedes estudiarlas utilizando las cohortes de otros países, pero hay muchos aspectos que son propios de nuestro entorno, son contexto-dependientes, y no se pueden investigar en otras poblaciones. Son estudios de cohortes y caso-control que, en definitiva, son grandes plataformas de investigación para conocer la salud de la población, establecer estrategias de salud pública, incluso, vigilar las posibles desigualdades en salud. España es un país suficientemente grande y con unas grandes variedades de clima, dieta, costumbres…, contextos que se dan solo aquí, lo que lo hace ideal para investigar las relaciones entre formas de vivir o exposiciones de la población con las enfermedades. Desde el CIBERESP lo propusimos en su día, y aunque sabemos que nuestros responsables inmediatos apoyan la idea, no hemos sido capaces de contar con ese apoyo que, entiendo, es una decisión política. Hay que entender que es una inversión a futuro que resulta rentable.

En su faceta como investigadora, sigue en la primera línea de los estudios en cáncer de mama. ¿Por dónde va la línea de estas investigaciones?

El cáncer de mama es el más frecuente en nuestro país, igual que en los de nuestro entorno, pero tenemos una incidencia media baja respecto a Europa, quizás por los hábitos de vida que hemos tenido, pero eso hay que estudiarlo. Por ello, estamos volcados en el campo de la prevención estudiando los factores modificables que puedan disminuir el riesgo de una persona de desarrollar un cáncer de mama; un riesgo que oscila entre un 10-12% de toda la población femenina. Queremos ir un paso más allá al margen de factores que ya se sabe que influyen, como es la obesidad o la ausencia de actividad física. Nos hemos centrado en la dieta porque, aunque se sabe que influye, tenemos una dieta muy variada y con aspectos que se correlacionan. Lo hemos hecho tras fijar tres patrones diferentes de formas de comer: la dieta occidental (influida por otros países con más consumo de grasa), la mediterránea (que mantiene su consumo de pescado, frutas y legumbres), y la prudente (con bajo consumo de grasas, pero sin llegar a la mediterránea); y su correlación con el cáncer de mama. Aplicando estos patrones hemos encontrado que, a mayor adherencia a la dieta occidental, más riesgo de cáncer de mama; no hemos encontrado relación con la dieta prudente, pero sí que una alta adherencia a la dieta mediterránea constituye una disminución de riesgo de sufrir el tumor, especialmente para el subtipo de tumores triple negativo. Estos patrones también los estamos aplicado al estudio MCC Spain y nos han arrojado resultados en todos los tipos de tumores que están ahí incluidos, lo que nos permite hacer Medicina Preventiva con una serie de recomendaciones que no solo van dirigidas al cáncer de mama sino a toda la población. Otra línea de investigación en la que estamos trabajando trata sobre la influencia de diferentes exposiciones, factores modificables y estilos de vida, sobre la densidad mamográfica, como principal fenotipo marcador de riesgo de cáncer de mama. En ese sentido, estamos estudiando cómo influye el perfil lipídico, la vitamina D o la contaminación en relación con la alta densidad mamográfica, cuyos resultados nos permitirán ofrecer recomendaciones a la población susceptible antes de desarrollar la enfermedad.

¿Cómo compagina sus labores de investigación con la dirección del Centro Nacional de Epidemiología?

Me estoy adaptando. Lo cierto es que ahora investigo menos, pero tengo un grupo de investigación muy potente en el que confío mucho, y que son quienes ahora hacen todo el trabajo y yo superviso. De momento lo compagino, pero voy transfiriendo responsabilidades. Si he aceptado ser la directora del CNE es porque vengo del centro, lo conozco bien y tengo un gran apoyo de todos mis compañeros. Lo cierto es que he aceptado esa responsabilidad sabiendo que va en detrimento de mi labor investigadora, pero creo que desde aquí puedo impulsar a todos los grupos de investigación y servicios del CNE y espero conseguir una mayor visibilidad de nuestra labor. Tenemos la percepción de que no se sabe muy bien lo que hacemos, incluso, dentro del propio ISCIII, por eso lo primero que hicimos fue organizar unas jornadas científicas para que todos sepan en qué líneas de investigación estamos trabajando. Me gustaría también impulsar la investigación en aquellas áreas en las que la labor de servicio del día a día deja poco margen a la investigación, como es el caso de las enfermedades no transmisibles pero que van a ser muy relevantes. Y otro reto es poder atraer más plazas, con perfil investigador, para que no solo proporcionemos información que el sistema de vigilancia requiere, sino que aprovechemos toda esa información para extraer conclusiones que puedan ser de ayuda en el desarrollo de estrategias de Salud Pública.

En la Ciencia son pocas las mujeres que llegan a puestos directivos. ¿Cómo ve el papel de la mujer en este contexto?

La Ciencia se está feminizando, cada vez hay más mujeres. Es verdad que el reparto no es equitativo, y es más difícil que lleguen a puestos de responsabilidad, pero cada vez hay más mujeres. En la Universidad, para acceder a Medicina y a otras carreras de Ciencia relacionadas se ven más mujeres. Es un proceso evolutivo. No obstante, creo que esta feminización, en el ámbito de la investigación, a veces se da porque se sigue considerando que la mujer no es la responsable de mantener a la familia, a menudo cuenta con el respaldo económico de su pareja y se puede permitir aceptar la inestabilidad laboral y el trabajo a veces mal remunerado que supone la investigación. Estamos ante una carrera profesional muy creativa y vocacional, pero a veces muy inestable y con sueldos en general modestos.