La profesionalización, el reconocimiento y la acreditación de los tutores es fundamental para mantener una formación de calidad en Farmacia Hospitalaria; aunque la docencia no pasa sólo por los tutores, sino que hay que involucrar en ella a todos los profesionales de cada unidad docente: es necesaria generosidad ante la llegada de la troncalidad e involucrar también a los estudiantes y a los residentes para "sacar adelante la docencia, sólo con los tutores no es posible". Así se ha puesto de manifiesto en el curso para tutores ‘Proyecto de troncalidad. Área de capacitación específica’, desarrollado en el 56 Congreso Nacional de la SEFH que se celebra hasta este viernes en Santiago de Compostela.

En la mesa redonda han intervenido como ponentes los doctores Juan Antonio Garrido, jefe de estudios del Complejo Hospitalario Arquitecto Marcide, en el Área Sanitaria de Ferrol; Joaquín Giradles, presidente de la Comisión Nacional de la Especialidad de Farmacia Hospitalaria; y María  Antonia Mangues, jefa del Servicio de Farmacia en el Hospital Sant Pau de Barcelona.

De hacer un repaso sobre todo lo que trae la troncalidad (Farmacia Hospitalaria no es una especialidad médica, pero el último proyecto de Real Decreto habla de especialidades sanitarias), de la reflexión que hay detrás de un cambio en el modelo formativo que, hay consenso, es necesario en España, de los cambios que producirá y de algunas de las debilidades que está mostrando la elaboración normativa del sistema troncal se encargó Juan Antonio Garrido.

El doctor Garrido realizó una evaluación crítica de la troncalidad, de su metodología formativa. Recordó que la troncalidad llega para ‘fabricar’ especialistas con un carácter integral y favorecer la reespecialización y, con ello, la flexibilidad del sistema sanitario. Cuestiones como las áreas de capacitación específica también fueron analizadas por este experto, que dejó un mensaje: "En este cambio debe involucrarse todo el sistema, pero, desde luego, hacerlo los tutores".

Con la troncalidad, advirtió Garrido, se trata de pasar de las rotaciones rígidas al aprendizaje: de ver qué se ha aprendido a hacer y no qué cursos o rotaciones se han realizado.

Acreditación docente

Sobre la acreditación docente, sobre todo lo relacionado con los requisitos de acreditación de los Servicios de Farmacia, se encargó Joaquín Giráldez, que recordó que entre las funciones de la Comisión Nacional de la Especialidad está elaborar el programa formativo y establecer criterios de evaluación de las unidades docentes y formativas. Y en este aspecto, recalcó, la Comisión se está mostrando exigente, elevando el nivel exigido cada diez años.

Al hablar de los requisitos de acreditación de las unidades docentes, que detalló, Giráldez lamentó que sólo en una ocasión, y parcialmente, se haya logrado desacreditar un centro (se suspendió la convocatoria de plazas un año) pese a ser un caso flagrante. Y también lamentó en diversos puntos de su intervención que la política y la profesión muchas veces no caminen juntas, como sucedió en 2004 al suspenderse, con el cambio político, las actividades docentes, los cursos de tutores de Farmacia Hospitalaria que realizaba la Comisión; o que el programa formativo en 2010 haya sido aprobado por el CNECS pero no por la Comisión de Recursos Humanos del SNS.

Entre los requisitos para la aprobación de los servicios de Farmacia, explicó, cobran fuerza los relacionados con la gestión del riesgo y la calidad, o con la de la investigación, la docencia y los recursos humanos. Aunque lamentó que en muchos servicios de Farmacia Hospitalaria no se garantice la atención continuada (falla de viernes a lunes). "Formar requiere experiencia, los tratamientos se repiten", dijo, y señaló que las comunidades autónomas no tienen los mismos niveles de exigencia en la acreditación de los Servicios de Farmacia.

El futuro de la formación

Finalmente, María Antonia Mangues se centró en el futuro de la formación en Farmacia Hospitalaria. La formación integra el Plan Estratégico del Proyecto 2020 de la SEFH.

En este proyecto, explicó la doctora Mangues, se establece que en 2020 el 95 por ciento de los hospitales deberán tener implementados programas de desarrollo profesional individualizado para todos los farmacéuticos del Servicio, y también para todo el personal técnico y de Enfermería.

Igualmente, en el 80 por ciento de los hospitales los Servicios de Farmacia establecerán un plan de formación, y también en el 80 por ciento de los servicios deberá haber al menos un farmacéutico con acreditación BPS (el referente: basado en una evaluación objetiva y exigente de la práctica profesional en cada ACE, tiene el reconocimiento del colectivo profesional y exige una reacreditación periódica) o similar,

Mangues reconoció que hay "mucho trabajo por hacer", como demuestran los datos: en la actualidad, esos porcentajes citados se mueven entre el 20 y el 30 por ciento. "En el fondo", dijo Mangues, "con la formación se trata de garantizar a los individuos y a la sociedad la calidad, seguridad y eficiencia en los tratamientos farmacológicos, en colaboración con todos los profesionales en la evidencia. El residente debe ser el eje, e involucrarse: esto exige consensuar estándares y desarrollar sistemas de formación creativos".

"El futuro", añadió, "pasa por profesionalizar la docencia y trabajar en la competencia, la acreditación, la evaluación/reacreditación y el reconocimiento" de las unidades docentes". Y profesionalizar la docencia pasa por el reconocimiento efectivo del tutor: certificación oficial, carrera profesional, potenciar la formación docente, disminuir su actividad asistencial, y un reconocimiento económico.