La prostatectomía radical robótica está indicada en los carcinomas de próstata localizados y localmente avanzados, cuando se quiere optimizar los resultados funcionales post-prostatectomía. En líneas generales, son las mismas indicaciones que para la cirugía abierta; es decir, pacientes con estadio clínico T2 o menor sin evidencias clínicas ni radiológicas de metástasis. En principio, se podría llevar a cabo en cualquier paciente que tolere una anestesia general con postura de Trendelenburg forzada. Por el contrario, sería contraindicación absoluta para los pacientes que tengan con compromiso cardiorrespiratorio grave. Para los que tengan cirugías abdominales infraumbilicales y pelvianas complejas representan un gran desafío, pero no constituyen una contraindicación absoluta.

Con respecto a los resultados obtenidos, estos dependen de la agresividad del tumor y de su estadiaje, se puede obtener un gran porcentaje de curación de la enfermedad. Según los últimos estudios multicéntricos internacionales, los resultados a nivel oncológico son comparables a la prostatectomía radical laparoscópica o abierta. Sin embargo, los resultados funcionales parecen ser mejor si el abordaje es robótico.

Menos hemorragias intraoperatorias

Hay que tener en cuenta que la  pérdida de sangre intraoperatoria durante la prostatectomía radical laparoscópica y robótica es mínima. La morbilidad postoperatoria se reduce y el retorno a la actividades se acelera, en comparación con la cirugía abierta. Además, se obtienen buenos resultados en continencia urinaria y función eréctil postoperatoria en series de prostatectomía radical laparoscópica y robótica en manos experimentadas, aunque aún se debate si estos resultados son superiores a la prostatectomía radical retropúbica abierta a cargo de cirujanos con experiencia. Los márgenes tumorales parecen ser comparables en las distintas series.

Beneficios funcionales

Los principales beneficios se registran a nivel funcional. La tasa de recuperación de la continencia urinaria y función sexual son más altas tras una prostatectomía radical robótica que con el abordaje abierto o laparoscópico.

También hay beneficios para el cirujano, sobre todo en las ventajas ergonómicas, ya que se consigue una imagen tridimensional magnificada. Además, hay una mayor facilidad para la disección y la sutura debido al mayor grado de movimiento de los brazos del robot, en comparación con la laparoscopia y se elimina el posible temblor.

Como todo procedimiento quirúrgico es necesaria una curva de aprendizaje que actualmente está alrededor de unos 50 procedimientos. Comparado con el abordaje laparoscópico la curva de aprendizaje es menor. Pero es necesario que haya un aprendizaje, ya que el robot no opera sólo, por lo que los resultados dependerán de la destreza y de la buena mano del propio cirujano.

En la elaboración de este artículo han participado los doctores Carlos Alcalá-Santaella Casanova, Marc Grego Tapia y Nerea Senarriaga Ruiz de la Illa.