“De lo bueno lo mejor y de lo malo lo peor”. Este dicho popular no sólo sirve para las grandes ciudades sino también para internet. Nadie duda de sus grandes ventajas: sin salir de casa podemos saber lo que ocurre en cualquier punto del planeta, acceder a información clave para nuestro trabajo, escuchar nuestra música favorita o estar en contacto con familiares y amigos. Pero no es oro todo lo que reluce y los “delincuentes” también han sabido adaptarse a la nueva era tecnológica. Internet es como salir a la calle y no estamos libres de posibles peligros.

Fácilmente se puede encontrar en la red, casi sin buscarlo, material ofensivo, pornográfico, violento o racista o acabar seducidos por los encantos de un supuesto nuevo amigo que, bajo una identidad falsa, lo único que pretende es sacar algún provecho. Por eso, una regla de oro para velar por nuestra seguridad es cuidar el anonimato, pues nunca se sabe quién está al otro lado.

Un adulto probablemente conoce los riesgos y puede cuidarse solo. el problema está en cómo conseguir que los menores se muevan por internet de una manera segura, educativa y divertida. Es un magnífico lugar para que los niños aprendan y jueguen, pero para evitar que se convierta en el escenario de una nefasta experiencia, los padres no han de perder de vista la seguridad, han de informar a sus hijos sobre los riesgos de Internet y el modo de evitarlos, e involucrarse con ellos en el uso de las nuevas tecnologías.

Para ser consciente de las dimensiones del problema, basta saber que el 32 por ciento de los adolescentes que navegan por internet reconocen que han sido objeto de comentarios molestos y potencialmente amenazadores. en estos casos lo habitual es que los chavales prefieran resolver el problema por su cuenta o con sus amigos y solamente recurren a los padres cuando la situación se les escapa de las manos.

De hecho el 64 por ciento de los adolescentes afirman que hacen cosas en internet que no quieren que sus padres conozcan. La mayoría asegura que “toma precauciones” cuando navega por la web, pero hay quien reconoce haber pasado la línea en alguna ocasión y haber dado su dirección de e-mail a extraños, haber acudido a alguna cita “a ciegas” o haber sido víctima de un “ciberbullying”, o al menos conocen a otros menores que han protagonizado alguna de estas situaciones.

Los verdaderos riesgos

En internet circulan “depredadores”, gente que se pone en contacto con niños y adolescentes y que no son quien realmente dicen ser, siempre con intenciones más que dudosas. Éste es, sin lugar a dudas, el mayor peligro que internet esconde para los niños cuando no existe la supervisión de un adulto.

Las redes sociales, tipo facebook, son imparables, una verdadera ventana abierta al mundo en la que se tiende a publicar información personal y fotografías. Sin menoscabar que no todas las páginas son aptas para menores y que sin un control adecuado puede que accedan a sitios web con material pornográfico, de contenido racista, que hagan apología de la anorexia o que les introduzca en el peligroso mundo de los explosivos, por poner algunos ejemplos.

El conocido como “bulling” ha saltado de las aulas a las pantallas del ordenador y de los móviles y ahora muchos niños son víctimas del acoso virtual de otros niños que utilizan estas “armas” para avergonzarles y humillarles. Finalmente, los virus que se cuelan en el ordenador cuando se baja música, juegos o programas por internet y el archiconocido “robo de la propiedad intelectual” al que se expone todo el que deja sus trabajos a disposición del público en la web completan la lista.

Límites y normas

Si su hijo es un cibernauta, no intente prohibirle que forme parte de las redes sociales por miedo a lo que pueda pasar, basta con que mantenga en todo momento seleccionado el perfil privado para que ningún desconocido pueda entrar en su información personal. Aún así, convénzale para que no publique información privada ni fotografías inapropiadas o engañosas. Pídale que no entre en las webs en las que aparezca la indicación “acceso prohibido a menores” y explíquele las razones para no dejarse vencer por la rebeldía innata a su edad y ceder a la tentación. Ayúdele a elaborar sus contraseñas. Cosas obvias, como el nombre o la fecha de nacimiento, son fáciles de adivinar. Lo mejor son combinaciones de números, caracteres especiales y contraseñas lo más largas posibles.

Un paso más

Microsoft y la Asociación Española de Pediatría unieron sus conocimientos a finales de 2007 para garantizar la seguridad infantil en internet con “Windows Live One- Care Protección Infantil”, un programa que se puede bajar sin ningún coste accediendo a www.protegeatushijos.com. Se adapta a la edad de cada niño con tres categorías: hasta los 10 años la protección es muy alta, entre 11 y 14, la protección es media y de 15 a 18, la protección es baja. Con él se pueden limitar las búsquedas, bloquear o permitir determinadas páginas, supervisar los sitios webs que visitan los niños, decidir con quién pueden o no comunicarse y cuándo puede utilizar herramientas como el Messenger o el Hotmail.

FUENTES: Asociación Española de Pediatría, Microsoft y Asociación “Protégeles”.