Investigadores de la Universidad de Zúrich (Suiza) han estudiado por primera vez exhaustivamente el potencial y los escollos del cribado ampliado de portadores que se realiza durante el embarazo, y ha concluido que detectan hasta la mitad del riesgo de enfermedad grave en el bebé.

Para el estudio, los científicos analizaron los datos de las secuencias de 700 padres que ya tenían hijos con trastornos del neurodesarrollo. Muchos de los más de 3.000 genes investigados pueden causar discapacidades intelectuales, trastornos del desarrollo, autismo y otros trastornos.

"En nuestro estudio pudimos demostrar que este tipo de pruebas genéticas amplias pueden detectar el riesgo de que el niño sufra un trastorno grave del desarrollo en aproximadamente el 44 por ciento de los casos si los padres están emparentados por sangre, por ejemplo como primos hermanos o segundos", dice la directora de genética médica de la Universidad de Zúrich, Anita Rauch. En algunos grupos de población esto es bastante común, por ejemplo en Oriente Medio o el norte de África.

Lagunas en la detección del riesgo en las parejas no consanguíneas

Así las cosas, la prueba sigue detectando alrededor del 5 por ciento de los casos en parejas no consanguíneas, pero solo si se investigan todos los genes recesivos conocidos. Sin embargo, según las recomendaciones de Estados Unidos, las parejas no consanguíneas solo deben someterse a la prueba de los genes comunes que se sabe que tienen una determinada frecuencia de portadores en la población.

"Seguir la recomendación de Estados Unidos reduciría a más de la mitad la tasa de detección del riesgo, ya que aquí también intervienen genes más raros", explica Rauch.

En el caso de los hijos de parejas no consanguíneas, una proporción significativamente mayor de los trastornos del desarrollo está causada por mutaciones ‘de novo’ no hereditarias, mientras que en los hijos de padres emparentados entre sí los defectos genéticos hereditarios desempeñan un papel mayor.

Por este motivo, los investigadores afirman que la probabilidad de detectar riesgos mediante el análisis de los genes de los padres es limitada en el caso de las parejas no consanguíneas.

Muchos genes patógenos siguen sin detectarse

Hay otros factores que también influyen en el potencial de estas pruebas para detectar variantes genéticas problemáticas en genes patógenos conocidos.

En particular, se han subestimado las mutaciones genéticas de sentido erróneo, en las que el esquema genético puede estar alterado o no, y las variantes heredadas de número de copias, en las que el número de copias del gen es incorrecto. Los casos que no pueden detectarse son, por lo general, aquellos en los que se produce al mismo tiempo un defecto genético heredado y otro recién adquirido.

Además, es probable que haya varios miles de genes aún no identificados que probablemente también causen trastornos del desarrollo. Por ejemplo, en la cohorte del estudio investigado, la causa del trastorno del desarrollo en los respectivos niños seguía sin explicarse en aproximadamente el 58 por ciento de los casos.

Decisión consciente a favor o en contra de los niños

Según los investigadores, el estudio aporta datos sobre la importancia del cribado ampliado de portadores. Basándose en la elevada tasa de detección del riesgo en el caso de los padres consanguíneos, los investigadores creen que este cribado debería ofrecerse a estas parejas.

En todos los demás casos, los beneficios y las desventajas deberían sopesarse caso por caso para evitar crear expectativas poco realistas. "Si se descubre que una pareja corre el riesgo de tener hijos con trastornos del neurodesarrollo, será plenamente consciente y podrá decidir si quiere tener hijos juntos o no, o si considera la posibilidad de realizar un diagnóstico prenatal o de preimplantación", afirma Rauch.

Sin embargo, los resultados también muestran que la reducción potencial del riesgo depende en gran medida de los genes seleccionados y de las clasificaciones de las variantes en la prueba. Según Rauch, todavía hay potencial de mejora en las pruebas que se ofrecen actualmente.

"Para mejorar el beneficio clínico, debería considerarse la posibilidad de realizar el cribado de todos los genes recesivos a todas las parejas que deseen una prueba genética amplia, independientemente de la prevalencia poblacional de una variante genética", ha afirmado la experta.

Sin embargo, los resultados también muestran que la reducción potencial del riesgo depende en gran medida de los genes seleccionados y de las clasificaciones de variantes en la prueba. Según Rauch, todavía hay potencial de mejora en las pruebas que se ofrecen actualmente.

"Para mejorar el beneficio clínico, todas las parejas que quieran un test genético amplio deberían considerar el cribado de todos los genes recesivos, independientemente de la prevalencia poblacional de una variante genética. Los laboratorios también deberían utilizar umbrales razonables respecto a cuándo un defecto genético se considera patógeno", finaliza la investigadora.