Las vacunas frente a la COVID-19 se encuentran en fase de administración desde el pasado 26 de diciembre y, para que sea efectiva, es necesario recibir dos dosis con un mínimo de 21 días de de diferencia entre ellas – en el caso de Moderna y Pfizer-; 28 días en el caso de AstraZeneca.

Además, la OMS ha recomendado que no se superen los seis meses de tiempo entre la primera y la segunda dosis a la hora de administrarlas en el caso de Moderna y Pfizer; siendo un máximo de 84 días (12 semanas aprox.) en el caso de AstraZeneca.

Vacunas de Pfizer y Moderna

Ambas vacunas, que han registrado una efectividad del 95% en la prevención de casos de COVID-19, utilizan ARN mensajero. Una molécula de material genético (100 microgramos por dosis la de Moderna, 30 la de Pfizer) con instrucciones para generar temporalmente proteína spike (S), como la que encontramos en la superficie del SARS-Co-2. De este modo, el organismo la reconocerá si lo infecta el virus y generará anticuerpos.

Por otra parte, ambas vacunas necesitan ser refrigeradas, lo único que las diferencia es la temperatura de conservación en cada caso. Por un parte, la inyección de Pfizer necesita temperaturas ultrafrías, de unos 70 grados bajo cero. Mientras que el producto de Moderna puede permanecer al menos seis meses a 20 grados bajo cero y aguanta 30 días en la nevera, con temperaturas entre 2 y 8 grados. En lo referente al coste económico, la vacuna de Pfizer superaría los 15 euros por dosis y la concebida por la empresa Moderna alcanzaría los 21 euros por dosis.

Vacuna de AstraZeneca

En concreto, esta vacuna está fabricada con otro virus (un adenovirus) que ha sido modificado para transportar el gen de las instrucciones para producir la proteína S (spike) del virus. Cuando el organismo recibe la vacuna, el sistema inmunitario reconoce esta proteína como ajena y produce anticuerpos y activa las células T (linfocitos) para atacarla. Si más adelante se entra en contacto con el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario lo reconoce rápidamente e inicia una respuesta de defensa en contra del coronavirus.

Dos estudios, llevados a cabo en el Reino Unido y en Brasil, fueron los que evaluó la EMA para proceder a la autorización de la vacuna. En ellos, se demuestra una reducción del 60% en el número de casos sintomáticos de COVID en el grupo vacunado (64 casos entre 5.258 vacunados) al compararlo con el grupo control (154 casos entre 5.210 no vacunados).

La mayoría de participantes en estos estudios tenían entre 18 y 55 años. No hubo suficientes participantes en los grupos de mayor edad para proporcionar un dato de la efectividad de la vacuna AstraZeneca en mayores de 55 años.

Embarazo

Debido a que las vacunas de ARNm de COVID-19 no están compuestas de virus vivos, no se cree que aumenten el riesgo de infertilidad, pérdida gestacional en primer o segundo trimestre, muerte fetal o anomalías congénitas. Si bien, cabe señalar que las mujeres embarazadas y lactantes fueron excluidas de los ensayos iniciales de fase III de estas vacunas, por lo que los datos de seguridad específicos en estas poblaciones por el momento no se encuentran disponibles.

La recomendación del Ministerio de Sanidad, ASEBIR (Asociación para el Estudio de la Biología de la Reproducción) y la SEF (Sociedad Española de la Fertilidad) es que en el caso de mujeres que planean quedarse embarazadas en el futuro, es muy probable que la vacuna no ocasione problemas en el feto ni en la embarazada. De cualquier modo, si se está planeando un embarazo, como medida de precaución, se pueden esperar 2 semanas tras la administración de la segunda dosis.

En el caso de un tratamiento de reproducción asistida se recomienda también posponer la inseminación o transferencia embrionaria dos semanas tras la administración de la segunda dosis. No se considera necesario interrumpir el proceso de estudio, la estimulación ovárica, la obtención de gametos o la generación de embriones.

Otras organizaciones, sin embargo, optan por una posición más prudente. Debido a la falta de estudios sobre los efectos de las vacunas sobre los óvulos, esperma e implantación embrionaria, se recomienda posponer la búsqueda de gestación durante al menos dos meses tras la segunda dosis.

En definitiva, los estudios en laboratorio en modelos animales no han mostrado ningún efecto dañino en el embarazo. Sin embargo, la información sobre el empleo de la vacuna en el embarazo es todavía muy limitada.