El confinamiento que hemos vivido y que aún vivimos, en algunos casos, ha supuesto para la gran mayoría de personas un nuevo contexto de aprendizaje. Esta situación ha puesto en jaque nuestra forma de vida. Durante estos días, en muchos casos hemos ido adoptando estrategias a priori adaptativas para la situación, pero ahora llega el momento de hacer frente a la “nueva normalidad”.

La posibilidad de retomar nuestras vidas en esta nueva etapa puede hacer que aparezca malestar psicológico. A continuación, analizamos algunas de las consultas más recurrentes estos días.

Ansiedad ante la nueva situación. Miedo al contagio

Son muchas las personas que durante estos días nos trasladan en Virtus su miedo a salir a la calle o volver a sus puestos de trabajo y poder contagiarse de COVID-19. Salir, o incluso imaginarse saliendo, les provoca una respuesta de ansiedad muy elevada, con el malestar correspondiente. En ocasiones, incluso aparecen síntomas de ansiedad ante la idea de recibir visitas en casa de personas ajenas al núcleo familiar que pudieran portar el virus y/o “contaminar” la casa.

Es interesante, siempre que hablemos de emociones, entender cómo aparecen y cómo podemos trabajar con ellas.
Hay que llevar a cabo autorregistros de las situaciones en las que tenemos sensaciones o emociones “desagradables” para así poder analizar qué pensamientos aparecen y qué creencias pueden estar detrás, estableciendo hipótesis sobre el origen y el mantenimiento de ese malestar. En esta línea, algunas de las preguntas que podríamos plantearnos son: ¿es realista el pensamiento que estoy teniendo?, ¿cómo de objetivo es?, ¿es posible que esté sesgado?, ¿puede ser que esté anticipando de manera catastrofista lo que va a ocurrir?

Habitualmente, variables como la necesidad de control, el perfeccionismo, la hiperexigencia y la hiperresponsabilidad suelen estar detrás de la ansiedad. Por lo que, es importante identificarlas para poder trabajarlas.

Algunas pautas que pueden ayudarnos a hacer frente a estas situaciones son:

• Usar técnicas de relajación que nos permitan manejar la sintomatología física de la ansiedad. Identificar pensamientos desadaptativos y buscar otros más realistas. Contar con apoyo social.
• Tener presente qué función está cumpliendo evitar las situaciones temidas. A corto plazo, si no me expongo a la situación, la ansiedad disminuye, pero ¿qué ocurre a largo plazo?

Tristeza

Otro de los principales motivos de consulta es la tristeza excesiva. Al igual que ocurre con la ansiedad, empezaremos por observar qué está ocurriendo, qué pensamientos están apareciendo para que la persona sienta esa emoción.

El motivo por el que aparece la tristeza puede ser muy variado y es por eso por lo que un primer análisis de por qué aparece resulta imprescindible.

Resulta interesante en este punto hablar de otro de los sesgos que encontramos frecuentemente en consulta. Los “debería” nos imponen pautas muy claras y concretas sobre cómo tenemos que sentirnos, actuar, pensar… generando exigencias y, en algunos casos, frustración cuando esas expectativas no se cumplen. De nuevo, estos “debería” tienen su origen en las creencias que hemos aprendido siendo muy importante investigar cómo están influyendo en los pensamientos, como, por ejemplo: “debería ser capaz de afrontar esto solo o sola”, “no debería sentirme mal”, “mi familia debería darse cuenta de que no me encuentro bien” …

Duelo

Durante estos meses, muchas personas han tenido que hacer frente a situaciones de pérdida, el fallecimiento de familiares y amigos quizás resulta la cara más visible y dolorosa, pero otras pérdidas no mortales pueden ser dolorosas también. Por ello es común en consulta abordar el duelo por estas pérdidas, hoy en día. La pérdida de la economía, de la salud y de las relaciones sociales influye en la elaboración de este duelo. En el caso del duelo es importante:

• Validar las emociones que aparecen ante esta situación, ya que no hay una manera correcta de sentirnos ante una pérdida. Esto es importante porque muchos tenemos creencias sobre cómo hay que afrontarla y, cuando no se cumplen, añadimos al dolor el malestar por no estar sintiéndonos o haciendo lo que “deberíamos”. Tener presente que los tiempos no son los mismos para todas las personas, aferrarnos a las famosas “fases del duelo” como algo fijo que se establece en el tiempo, aunque puede generarnos una sensación de control sobre el proceso, no siempre resulta ser adaptativo.

En cualquier caso, en ocasiones resulta muy complicado abordar el duelo por la pérdida de un ser querido solo, y por ello los profesionales de la psicología podemos ayudar en este camino.

Problemas en la convivencia

Durante estas semanas, hemos tenido que amoldarnos muy rápido a una situación completamente novedosa en la que nos vimos obligados a llevar a cabo la mayoría de los roles que desarrollábamos en nuestra vida en un único contexto, nuestro hogar. Esto ha podido generar diferentes problemas en la convivencia, dando lugar a situaciones de malestar que pueden ser compartidas por todos los miembros del núcleo familiar o no.

Aquí hay que analizar mediante el uso de autorregistros, qué está sucediendo. Es posible que los pensamientos aparezcan de la mano de ciertos sesgos o distorsiones cognitivas a raíz de la convivencia continuada, como pueden ser la abstracción selectiva hacia los hechos o acontecimientos negativos, pensamientos polarizados que nos hacen percibir la situación en polos (blanco o negro, perfecto o imperfecto…), la adivinación del pensamiento del otro o los “debería”. Todo ello hace que nuestro pensamiento se aleje de lo racional y hace que sea más probable que nos sintamos mal.

Los problemas en la convivencia suelen aparecer unidos a los problemas en la comunicación. Es frecuente que las personas, a la hora de comunicarnos, nos movamos entre los polos de la pasividad/sumisión y el de la agresividad. Aunque hay situaciones en la que estos tipos de respuesta pueden ser las más adaptativas, sabemos que las personas que se sitúan en un término medio, que llamamos asertividad, es más probable que consigan sus objetivos en comunicación y que además tengan una imagen de sí mismos más positiva.

El entrenamiento en asertividad es uno de los principales trabajos orientados a la mejora de la comunicación que se lleva a cabo en terapia y que abarca diferentes situaciones (hacer y recibir cumplidos, hacer y recibir críticas, hacer y rehusar peticiones).

En caso de que el malestar psicológico persista o incapacite, en relación con estas variables o con cualquier otra, pide ayuda a un profesional de la psicología para que te ayude a través de consultas online o presenciales.