Los ojos le pican y le lloran, tiene la nariz obstruida y no sabe por qué. Acude a su médico en busca de una respuesta y éste le dice que es posible que se trate de una alergia. Esta visita es el pistoletazo de salida con el que se abre la carrera por confirmar o desechar las sospechas del médico y dar con la sustancia que está causando estos problemas.

En primer lugar, el médico de familia o el pediatra, en el caso de que el afectado sea un niño, realizará una serie de preguntas para conocer el estado de salud del paciente y cómo y dónde discurre su día a día, tanto en casa como en el trabajo o la escuela. Normalmente la alergia la producen sustancias con las que se está en contacto de forma frecuente. así, por ejemplo, si un niño tiene conjuntivitis y un animal en casa, es muy probable que el responsable sea el pelo del animal, y si ya ha aflorado la primavera y el pequeño vive en el campo, lo más normal es que tenga alergia al polen de alguna planta. La colaboración del paciente en este proceso es fundamental. Nadie mejor que él para identificar en qué circunstancias aparecen los síntomas: al tomar determinado alimento o medicamento, cuando pasea por el parque” y hacérselo saber al médico.

Con la historia clínica y el examen físico pertinente, el médico ya puede sospechar de una o varias sustancias como posibles responsables de haber causado la alergia. Su trabajo acaba aquí. Ahora le toca el turno al alergólogo, quien con el diagnóstico del médico de cabecera en la mano evaluará si es conveniente realizar las pruebas para confirmar o no las sospechas. Algunos medicamentos interfieren en las pruebas por lo que antes de acudir a la consulta del alergólogo no se olvide de preguntar a su médico de cabecera si los medicamentos que está tomando pueden influir en el resultado. De ser así, lo aconsejable es que deje de tomarlos unos días antes de someterse a la prueba.

El alergólogo

Gracias a la realización de las que todos conocemos como “pruebas de alergia”, el alergólogo podrá determinar a qué es alérgica una persona y prescribir el tratamiento necesario para eliminar o al menos controlar los síntomas. Aunque un individuo puede ser alérgico de por vida, un tratamiento adecuado permite convivir con la sustancia que causa el proceso alérgico y llevar una vida normal.

Cualquier persona que tenga síntomas que apunten a una posible alergia puede someterse a una de estas pruebas, incluso los lactantes, pero no todos los médicos pueden realizarlas. El especialista capacitado para prescribir, realizar e interpretar estas pruebas es el alergólogo.

En ocasiones, desvelar la causa no es sencillo, ya que los síntomas pueden ser el resultado de la suma de varios factores. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando coinciden cantidades grandes de alérgenos con una infección viral, el humo del tabaco, el aire frío o el ejercicio físico. Otras veces, la naturaleza es caprichosa y diferente en cada zona. Por ejemplo, el moho, los ácaros y las plantas capaces de generar una alergia no son los mismos en toda nuestra geografía. Así, en la costa mediterránea es muy común la alergia al polen de una maleza llamada Parietaria, en cambio en la meseta y en la costa nor-occidental apenas se producen casos de este tipo.

Prick-test

La prueba que en la actualidad cuenta con la confianza mayoritaria de los alergólogos es el prick-test. Consiste en introducir una pequeña cantidad de alérgeno en la piel de la cara anterior de brazo mediante un pequeño pinchazo. Los extractos de alérgenos (sustancias que al introducirse en el organismo provocan una reacción alérgica) que se utilizan en esta prueba están estandarizados según las normativas de la Unión Europea.

Una vez que el alérgeno ha entrado en el organismo, la maquinaria comienza a trabajar. Las personas alérgicas cuentan con un anticuerpo llamado IgE (inmunoglobulina E), el cual está unido a dos tipos de células: los mastocitos y los basófilos. Cuando estas células entran en contacto con el alérgeno se activan y liberan unas sustancias químicas que son las responsables del enrojecimiento y la inflamación. Durante la prueba, esta reacción sólo se produce en la zona de la piel en la que se ha introducido la pequeña cantidad del alérgeno responsable. Así, por ejemplo si se han testado dos alérgenos, uno propio del conejo y otro con polen de gramíneas y usted a lo que realmente es alérgico es al conejo sólo se inflamará, picará un poco y se formará una roncha y un habón del tamaño de una lenteja en el punto de la piel en el que se ha introducido el alérgeno correspondiente a dicho animal.

Lo bueno de esta prueba es que los resultados están listos en apenas quince minutos y que las únicas molestias son una ligera inflamación y unas pequeñas ronchas que aparecerán en el lugar donde se hizo la prueba y que desaparecerán en media hora.

Otras pruebas

Existen otras pruebas disponibles para utilizar cuando las circunstancias así lo requieran:

” Intradérmica: en esta ocasión, el alérgeno se introduce bajo la piel con una jeringa. Es más sensible y se puede utilizar con carácter confirmatorio cuando el prick-test da negativo o es dudoso.

” Método de escarificación: en la actualidad apenas se usa y lo normal es que se haga con alimentos naturales. Consiste en hacer una pequeña herida en la piel y poner en ella el alérgeno.

” Prueba de provocación: si la prueba cutánea no deja claro el resultado, siempre se puede acudir a “la provocación”, es decir a que el paciente inhale o trague una diminuta cantidad del alérgeno que está bajo sospecha. Es muy raro que se utilice para comprobar alérgenos que no sean alimentos o medicamentos. Esta prueba puede provocar reacciones alérgicas intensas, por lo que sólo se realizan cuando es estrictamente necesario, en un hospital y bajo el control de un alergólogo.

” Prueba en la sangre (CAP): cuando se han descartado el resto de pruebas porque, por ejemplo, no se puede suspender la medicación o la piel no está en condiciones adecuadas, es necesario realizar un análisis de sangre. Es una prueba más costosa, los resultados no están disponibles tan rápido como las pruebas cutáneas y el hecho de que dé negativo no significa que no se sea alérgico.

” Prueba del parche: consiste en poner en contacto el alérgeno con la piel del paciente mediante un parche dérmico durante 48-72 horas. Si transcurrido ese tiempo aparece una lesión en la piel, se considera que el resultado de la prueba es positivo. Se utiliza, por ejemplo, en el caso de la dermatitis de contacto.

FUENTE: Asociación de Alergología e Inmunología Clínica de la Región de Murcia y Unidad de Alergia Infantil del Hospital La Fe (Valencia).