El origen de la Radiología se marca en el año 1895 con el descubrimiento por W. Roentgen de un nuevo tipo de energía: los Rayos X. A partir de este momento se inicia un proceso de desarrollo tecnológico continuo de la mano de la física, la química, la ingeniería y la informática que ha llevado a convertir a la especialidad de Radiodiagnóstico en uno de los pilares fundamentas de la atención sanitaria en la actualidad.

Según la OMS, el 80% de las decisiones médicas en nuestro entorno se toman basándose en pruebas radiológicas, con un papel esencial de la imagen médica (en todas sus variedades) en el diagnóstico, seguimiento e incluso en el tratamiento del paciente.

¿Cuáles son esas técnicas de imagen más habituales?

La radiología simple (“las placas de rayos X”) sigue siendo la exploración más realizada en los servicios de radiodiagnóstico. Las ventajas de su utilización son sobradamente conocidas: amplia disponibilidad, fácil realización, reproductibilidad, coste, seguridad y gran rendimiento diagnóstico especialmente en valoración del tórax y lesiones del hueso.

La Tomografía Computarizada (TC) también utiliza rayos X pero en este caso no obtiene una imagen única en un solo plano. El tubo gira alrededor del paciente emitiendo rayos X que son recogidos por una placa con múltiples detectores. Se realiza un barrido del territorio a explorar y mediante procesamiento informático se obtienen las imágenes volumétricas con las que reconstruir en cualquier plano del espacio o en forma tridimensional.

La TC tiene una gran resolución espacial permitiendo ver lesiones milimétricas que no son detectables en los estudios de radiología simple y por su rapidez y precisión, es la técnica ideal para la patología urgente, permitiendo estudios de cuerpo completo en una única y rápida exploración.

La mamografía es otra prueba basada en los rayos X, que se utiliza para el estudio del tejido mamario. Es la técnica fundamental de los programas de detección precoz del cáncer de mama y junto con la eco y la RM, son los grandes pilares del manejo de la patología mamaria. Actualmente, los equipos digitales aportan una gran calidad de imagen y una mínima radiación y los equipos modernos con tomosíntesis permiten una evaluación volumétrica de la mama (ya no son sólo imágenes en un plano). En los últimos años también se ha desarrollado la mamografía con contraste para mejor caracterización de lesiones.

La ecografía es una técnica de diagnóstico por imagen que utiliza los ultrasonidos como fuente de producción de imágenes. Por su coste, disponibilidad, portabilidad, versatilidad y posibilidad de realizar una exploración dinámica escuchando activamente al paciente es una técnica que tiene una altísima rentabilidad diagnóstica y múltiples campos de aplicación. La principal limitación de la ecografía viene determinada por las alteraciones a la transmisión del sonido en el hueso y en el aire, lo que hace que la ecografía tenga dificultad para evaluar estructuras con aire (como el pulmón) o protegidas por hueso.

La Resonancia Magnética (RM) es una técnica de diagnóstico radiológico basada en la respuesta de los tejidos al ser sometidos a un campo magnético muy potente y excitados mediante pulsos de radiofrecuencia.

El funcionamiento de la RM es complejo e implica múltiples procesos físicos. Los estudios son largos y la colaboración del paciente es muy importante. La seguridad es un elemento fundamental en la prueba, siendo imprescindible conocer si el paciente es portador de algún dispositivo incompatible.

La RM permite obtener imágenes en múltiples planos y secuencias que proporcionan una información tanto morfológica como funcional. Su principal ventaja sobre otros métodos de imagen es la alta resolución de contraste que permite estudiar los tejidos con gran detalle y la hace especialmente útil para la valoración del sistema nervioso, las estructuras músculo-articulares y estudiar lesiones viscerales.

En todas las pruebas de imagen pueden emplearse medios de contraste, que son fármacos específicos que favorecen la visualización y el estudio de tejidos, cavidades o lesiones. La finalidad de los medios de contraste no es sólo el estudio morfológico de las estructuras, sino que también pueden aportar información funcional y dinámica y permiten distinguir tejidos sanos de enfermos.

Los principales contrastes

Contrastes gastrointestinales: se administran por vía oral, rectal (enema opaco), por estomas o a través de catéteres con el fin de evaluar posibles alteraciones en la pared y en la luz del tubo digestivo.

Contrastes intracavitarios: rellenan trayectos fistulosos (fistulografía) o cavidades anatómicas como la vejiga (cistografía) o el útero (histerosalpingografía) y permiten valorar alteraciones morfológicas.

Contrastes intravasculares: existen distintos contrastes con composiciones diferentes según la técnica de imagen. En el caso de las pruebas basadas en rayos X son fundamentalmente compuestos derivados del Iodo. Para la RM el contraste es totalmente diferente y el compuesto principal es el Gadolinio. En el caso de la ecografía el contraste está formado por burbujas de gas, siendo el compuesto principal el hexafluoruro de azufre.

En todas las técnicas de imagen es el radiólogo, como médico especialista, el que planifica cómo debe realizarse la exploración, determina si el contraste es necesario o si hacen falta pruebas complementarias para completar la valoración del paciente.

Radiodiagnóstico… pero no solo diagnóstico

Además de la vertiente diagnóstica, la Radiología tiene una faceta cada vez más intervencionista: Todas las técnicas radiológicas permiten realizar procedimientos intervencionistas, tanto para el diagnóstico (punciones con aguja fina o biopsias con aguja gruesa) como para el tratamiento, aumentando día a día el número de patologías que pueden ser tratadas con técnicas mínimamente invasivas por los radiólogos intervencionistas. La selección de la técnica más adecuada va a depender de las características de la lesión y del paciente, la disponibilidad de equipamiento y la experiencia de los radiólogos.

El futuro

Los principales avances de las técnicas de imagen siguen unas líneas comunes para todas las modalidades: Optimizar tiempos y flujos de trabajo para hacer más ágil el manejo e intentar disminuir las listas de espera. Buscar el mejor rendimiento diagnóstico con la mayor seguridad y confort para el paciente. Disminuir radiación, tiempo de exploración, ruido, etc.

Los equipos de TC de última generación (doble energía, TC espectral, contaje de fotones) permiten aumentar la discriminación de tejidos incluso sin contraste y disminuyen las dosis de radiación.

Los equipos de RM intentan aumentar la comodidad del paciente y cada vez existe mayor desarrollo de las técnicas que aportan información de la funcionalidad y no sólo de la morfología.

La ecografía tiene cada vez equipos de mayor resolución y que permiten estudios multiparamétricos, en los que valoramos la anatomía y otros parámetros como la rigidez del tejido (elastografía) o su vascularización (con estudios Doppler o con contraste).

La Radiología es una especialidad “joven” y con un desarrollo tecnológico constante y especialmente vertiginoso en los últimos 20 años, que no tiene miedo al cambio y a la modernidad. En los últimos años están incorporándose nuevas herramientas que mejoran la comunicación como la impresión de modelos 3D, herramientas que mejoran el proceso diagnóstico como la radiómica (que convierte imágenes en datos cuantificables y nos permite detectar patrones relacionados con agresividad o respuesta al tratamiento de algunas lesiones) o la inteligencia artificial que permite automatizar algunas tareas de clasificación e incluso de detección de lesiones. Todas estas técnicas novedosas van a permitir extraer más información de las exploraciones, pero al mismo tiempo generan mucha más información que requiere tiempo y dedicación de los radiólogos para ser valorada.

La amplia variedad de técnicas de imagen disponibles, con sus distintas ventajas y limitaciones, hace que el papel de los radiólogos sea fundamental: aplicar la exploración más adecuada y velar por el uso correcto de las pruebas de imagen haciendo una medicina eficiente y orientada a las necesidades individuales de cada paciente.

El radiólogo actual no es sólo un especialista que interpreta imágenes y realiza informes sino un clínico más, un médico consultor que resuelve las dudas de otros especialistas, que participa activamente en los comités multidisciplinares y realiza no sólo diagnóstico, sino también intervencionismo mínimamente invasivo guiado por imagen.