Investigadoras españolas han recomendado a las personas fumadoras y fumadoras pasivas que realicen una mayor vigilancia nutricional, ya que la corrección de las deficiencias podría suponer un beneficio sanitario. Se ha observado que la situación nutricional de los fumadores y los fumadores pasivos está relacionada con la aparición o el agravamiento de enfermedades relacionadas con el hábito tabáquico, como las patologías cardiovasculares y oncológicas, la osteoporosis, las cataratas, etc.

Mayor vigilancia nutricional

Estas han sido las principales conclusiones del estudio ‘Problemática nutricional en fumadores y fumadores pasivos’, publicado en la revista Nutrición Hospitalaria. La primera firmante del artículo ha sido Rosa M. Ortega Anta, del Departamento de Nutrición y Ciencia de los Alimentos de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid. También forma parte del Grupo de Investigación VALORNUT, de la misma Universidad.

El objetivo de este proyecto ha sido “profundizar en los problemas nutricionales específicos de los fumadores que pueden contribuir a perjudicar su salud”. Para ello, las autoras del estudio han realizado una búsqueda bibliográfica relacionada con el tema que han tratado.

Resultados de la investigación

Los fumadores consumen cantidades inferiores de diversos alimentos, sobre todo frutas, verduras, cereales y lácteos. Por tanto, su ingesta de vitaminas, minerales y fitoquímicos es inferior a la observada en las personas que no fuman. También suele ser mayor el consumo de carne, cafeína y alcohol, mientras que su actividad física suele ser menor a la registrada entre las personas no fumadoras.

Según los expertos, el estrés oxidativo y los cambios metabólicos aumentan las necesidades de algunos nutrientes en los fumadores para lograr la misma situación bioquímica que en las personas que no fuman. Las ingestas recomendadas de vitamina C se han incrementado, pero probablemente sea necesario aumentar las de otros nutrientes. En general, los fumadores sufren deficiencias con más frecuencia (vitaminas C, E, β-caroteno, B1, B2, B12, ácido fólico, calcio, magnesio, hierro, yodo, etc.) que los no fumadores.

Más dietas imprudentes

Según el estudio, un alto porcentaje de fumadores realiza “dietas imprudentes y alejadas del ideal teórico”. A la vez, siguen “conductas poco saludables, como un alto consumo de alcohol, sedentarismo, etc.”.

Asimismo, el tabaco modifica el sentido del gusto y las preferencias alimentarias. Uno de los ejemplos aportados ha sido la reducción del consumo de frutas, verduras, hortalizas, cereales, pescados y lácteos. Por el contrario, los fumadores son más partidarios de consumir productos cárnicos, comida elaborada o comida rápida, grasas, sal, café y alcohol. “El consumo de alcohol potencia los cambios de los hábitos alimentarios asociados al hábito de fumar”.

A modo de conclusión, las investigadoras han comentado que, si bien la mejor opción siempre es dejar el tabaco, también es necesario “conseguir una mejora nutricional de los fumadores y los fumadores pasivos para conseguir cierta protección sanitaria”.