Con sólo emplear el sentido común podemos deducir lo traumático que puede resultar para una mujer sufrir un cáncer de mama -el tumor maligno más frecuente entre las mujeres de todo el mundo-, sobre todo por la enorme carga emocional y estrés que conlleva, máxime si ha tenido que someterse a una mastectomía (extirpación de la mama). Por fortuna, en la actualidad los avances alcanzados en el diagnóstico precoz y en las técnicas quirúrgicas, permiten que, en lo que se refiere a nuestro país, la supervivencia por esta dolencia se sitúe por encima de la media europea con un porcentaje del 76 por ciento.

Pero una vez que se ha conseguido superar la enfermedad, surge una pregunta inevitable: ¿y ahora qué? Inicialmente, las pacientes afectadas se muestran ansiosas para que de una vez se acabe el tratamiento, pero una vez terminado éste, se dan cuenta de que han de seguir luchando contra la ansiedad que les produce la idea de una reaparición del tumor. Por otro lado, son muchos los inconvenientes que hay que salvar: un fuerte impacto psicológico, cirugía, quimioterapia, radioterapia e, incluso, cinco años adicionales de tratamiento hormonal.

Por todo ello es frecuente que de la terapia contra el cáncer de mama se deriven molestias como trastornos músculo esqueléticos, linfedema (hinchazón del brazo coincidente con la zona mamaria y axilar que ha sufrido la intervención quirúrgica), fatiga, insomnio, sofocos, trastornos depresivos”, que pueden alterar las actividades de la vida cotidiana, aunque estos trastornos se consiguen superar pasado un tiempo.

Al hilo de esta premisa, una de las primeras recomendaciones de los expertos es no convertir este problema en el centro de la vida diaria, sino planificar el futuro en la medida de lo posible, ya que es posible disfrutar de una calidad de vida comparable a la de otras mujeres que no han pasado por dicho trance.

Seguimiento

El doctor Carlos Jara, oncólogo de la Fundación Hospital Alcorcón y miembro del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), señala que una vez finalizado el tratamiento oncológico es importante mantener revisiones periódicas. “No se trata de realizar muchas pruebas, que es lo que piden algunas pacientes porque creen que es la mejor forma de estar “controladas”. Esto no proporciona beneficio adicional y además produce una falsa sensación de seguridad, a excepción, por supuesto, de la mamografía, que se debe mantener durante muchos años, ya que permite detectar segundos tumores en la otra mama y recidivas en la que ya está operada”.

Superada la enfermedad, añade este especialista, las pacientes empiezan a retomar aspectos de su vida que habían pasado a un segundo plano, como son las relaciones íntimas de pareja o la vuelta al mundo laboral. “El cáncer tiene un impacto ciertamente significativo en la vida sexual de las afectadas y sus respectivas parejas. Los cambios en la imagen corporal provocados por los tratamientos, la menopausia precoz en las mujeres jóvenes y otros efectos asociados a la terapia como son la pérdida de libido, la sequedad vaginal o el dolor en la relación sexual inciden en esta problemática, por lo que requiere valoración y asesoramiento específicos”.

Reconstrucción mamaria

En este cometido de recobrar la normalidad vital tras una mastectomía, cobra especial importancia la reconstrucción mamaria. Realizarla, afirman los especialistas en cirugía plástica, supone contribuir a la recuperación psicológica de la paciente sin interrumpir el tratamiento ni el seguimiento posterior que lleva a cabo el oncólogo. Está demostrado que la reconstrucción mamaria mejora la autoestima de la paciente, incrementa la fuerza de voluntad para afrontar la dolencia y permite a las afectadas no pensar ni recordar obsesivamente el importante problema de salud sufrido.

Hoy día incluso es posible realizar una reconstrucción inmediata, que implica la realización de la mastectomía conjuntamente con la reconstrucción de la mama. de esta manera, la paciente se despierta con un contorno mamario adecuado y evita así la experiencia de verse con la mama amputada, lo que de entrada supone un indudable beneficio psicológico.

Algunas mujeres, ante la idea de una mastectomía prefieren no hacer coincidir la reconstrucción mamaria, pues se encuentran intentando adaptarse precisamente al hecho de haber sido diagnosticadas de un cáncer de mama. En estos casos, la reconstrucción debe posponerse.

En cualquier caso, no deja de resultar desconcertante que a pesar de la alta supervivencia que se registra entre las mujeres españolas diagnosticadas de cáncer de mama, todavía es muy escaso el número de mastectomizadas que solicita algunas de las citadas posibilidades quirúrgicas. Según la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), esta circunstancia se debe a la falta de información que al respecto existe tras el diagnóstico, de ahí que en tan sólo el 10 por ciento de las mujeres que en nuestro país se encuentran en esta situación se practica una reconstrucción mamaria. pero si las afectadas son debida y correctamente informadas por un profesional del sector, dicho porcentaje asciende al 85 por ciento.

Opciones

La SECPRE explica que entre las opciones que ofrece la cirugía plástica, reparadora y estética para paliar el problema de la mastectomía está, en primer lugar, el empleo de un globo hinchable (expansor) que el cirujano plástico introduce debajo de la piel y del músculo del pecho de la paciente. A través de un mecanismo de válvula insertado también bajo la piel, se aplica de forma periódica una solución de suero salino durante varias semanas, hasta rellenar el expansor. Posteriormente, cuando la piel del pecho ha dado de sí lo suficiente, el expansor es retirado y es sustituido por una prótesis mamaria definitiva de silicona o de suero salino.

Otra opción de reconstrucción mamaria implica recurrir a los tejidos de la propia paciente para crear una mama más natural.

Existen otras técnicas complementarias, como injertos grasos con células madre, que la cirugía plástica viene utilizando desde hace ya unos años.