Las reducciones de aerosoles podrían contribuir al enfriamiento global y evitar más de un millón de muertes prematuras anuales durante una década, según un nuevo estudio elaborado por investigadores del Instituto Scripps de Oceanografía y la Escuela de Política y Estrategia Global de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos).

El histórico Acuerdo de París de 2016 no aborda las emisiones de aerosoles, como partículas finas como el hollín que causan contaminación. No obstante, las conclusiones de esta investigación, publicadas en la revista ‘Earth’s Future’, sugieren que la contabilidad de los aerosoles debería incorporarse explícitamente a la política climática internacional.

«La consideración conjunta de los gases de efecto invernadero y los aerosoles es fundamental. Mientras que todas las emisiones de gases de efecto invernadero podrían considerarse inequívocamente perjudiciales, los aerosoles son más complicados. Todos los aerosoles son perjudiciales para la salud humana, pero también suelen contribuir a contrarrestar el calentamiento global al enfriar la superficie de la Tierra», explica el primer autor del artículo, Pascal Polonik.

Se calcula que las emisiones de aerosoles procedentes de la quema de combustibles fósiles como el carbón y el gasóleo son responsables de nueve millones de muertes prematuras en todo el mundo. Aunque la mayoría de los aerosoles tienen un efecto refrigerante porque reflejan la luz solar, algunos tipos, como el carbono negro, tienen un efecto de calentamiento.

El equipo de investigación quería explorar las compensaciones a las que se enfrentarían los países si tuvieran en cuenta los aerosoles y, al mismo tiempo, realizaran recortes de CO2 para cumplir los compromisos de París. Su modelo ofrece un desglose por países de los impactos de las reducciones de aerosoles en los ocho sectores económicos que causan emisiones.

Para cada país, los autores consideran tres escenarios. El primer escenario da prioridad a la calidad del aire, dirigiendo las reducciones de aerosoles a los sectores «más sucios» que emiten más partículas sólidas. El segundo da prioridad a las temperaturas dirigiéndose a las industrias que emiten aerosoles que más contribuyen al calentamiento y el tercero, denominado enfoque «políticamente conveniente», reduce las emisiones de todos los sectores económicos por igual.

Evitar hasta un millón de muertes prematuras al año

Con estos tres enfoques, los autores concluyen que, para 2030, los tres escenarios permitirían evitar hasta un millón de muertes prematuras al año y obtener diferencias de temperatura global de la misma magnitud que las derivadas de la reducción de los gases de efecto invernadero.

Por ejemplo, Estados Unidos podría optar por salvar más vidas centrándose en las emisiones de aerosoles en los sectores de la producción industrial, el transporte marítimo o el residencial/comercial. También podría limitar más el calentamiento con recortes en los sectores de disolventes, residencial/comercial y de residuos.

Para sorpresa de los autores, el tercer escenario, que puede ser el más factible políticamente de aplicar como política, puede provocar tanto más muertes como menos enfriamiento en determinados lugares, como África, China, Oriente Medio y Sudamérica.

«Aplicar los recortes de forma equitativa y hacer que cada industria haga su parte justa puede ser la forma más fácil de aplicar la política climática en una sociedad democrática como la estadounidense, donde hay muchos intereses políticos en competencia. Sin embargo, hay beneficios reales al ser reflexivo sobre cómo los aerosoles son un factor en los resultados de la política climática. Puede ser muy beneficioso reducir primero las emisiones de ciertos sectores», apunta una de las coautoras, Kate Ricke.

La conclusión es que hay muchas maneras de lograr la misma magnitud de reducción de gases de efecto invernadero prometida en el Acuerdo de París, pero las emisiones de aerosoles que «acompañan» a esos recortes pueden variar mucho según los sectores a los que se dirijan. «Por ello, creemos que este es un argumento de peso para tener en cuenta explícitamente los aerosoles a la hora de construir la política climática», remachan.