Los accidentes de tráfico se han convertido en la auténtica epidemia del siglo XXI. Cada vez que ponemos una rueda sobre el asfalto ponemos en juego nuestra vida y la de otros, por lo que toda prudencia es poca si queremos evitar que el pronóstico de distintos organismos internacionales se haga realidad: los accidentes de tráfico serán la tercera causa de muerte a nivel mundial en el año 2020.

A día de hoy la situación no es nada esperanzadora. Sirva como muestra algunos datos: cerca de 4.000 personas mueren en España y en torno a 130.000 resultan heridas en los más de 90.000 accidentes de circulación con victimas que se producen cada año. Además, los accidentes de circulación son la primera causa de muerte en España entre los jóvenes de 15 a 29 años de edad. La inexperiencia, la menor conciencia de riesgo, el eventual consumo de alcohol y drogas y el exceso de confianza de los conductores más jóvenes forman una mezcla ciertamente peligrosa.

Prevenir es vivir

Los expertos no se cansan de repetir que está en nuestras manos reducir el inaceptable número de accidentes y víctimas que se producen en nuestras carreteras. Hemos de plantearnos seriamente cambiar nuestros comportamientos al volante con la fuerza que da el saber que si fuéramos capaces de conseguirlo 8 de cada 10 accidentes se podrían evitar.

Aunque nunca se puede menoscabar el estado de la carretera y del vehículo cuando se han de buscar a los culpables de un accidente de tráfico, lo cierto es que las distracciones, la velocidad inadecuada, la no utilización del cinturón de seguridad, los adelantamientos, el incumplimiento de las normas básicas de circulación, el cansancio o el consumo de alcohol, drogas o medicamentos son las causas más habituales de estos siniestros. Por ello, nunca es tarde para asumir responsabilidades y poner en práctica el que debería ser el lema de todo conductor: ‘prevenir es vivir’.

Cuidado con los medicamentos

Todos somos conscientes de que el alcohol y otras drogas son incompatibles con el volante pero la mayoría de las personas desconocen que determinados medicamentos pueden resultar igualmente peligrosos. Algunos fármacos producen somnolencia, estado de confusión y aturdimiento, visión borrosa, vértigo y disminución de los reflejos, entre otros efectos que pueden poner en peligro la conducción.

La prevención es un arma fundamental, por lo que siempre que tenga que ponerse en tratamiento, por la causa que sea, ha de averiguar si el fármaco en cuestión puede tener algún efecto sobre la capacidad de conducción, información que siempre aparece especificada en el prospecto y gracias a la cual podrá prevenir cualquier posible riesgo. Otro apartado del prospecto que debe revisarse es el que se refiere a las “interacciones con otros medicamentos y otras formas de interacción”. Recuerde que el farmacéutico puede resolverle cualquier duda sobre la información recogida en el prospecto de los medicamentos.

Atención a la fatiga

Aunque la fatiga no quita puntos y apenas le prestamos atención la realidad es que está detrás del 30% de los accidentes de tráfico que se producen en nuestro país. Un reciente estudio realizado por el Real Automóvil Club de España demuestra que no detenerse a descansar cada dos horas durante el viaje puede aumentar el error de percepción de las distancias en un 25% o reducir en un 50% la atención a la hora de ver señales o cualquier otro estímulo relevante para la circulación.

En el coche, la calefacción y el aire acondicionado resecan el ambiente, provocando una mayor deshidratación de la habitual. Si a esto se le une la falta de sueño, el hastío que produce un tráfico intenso, una conducción monótona o un pavimento defectuoso, entre otras posibles situaciones extenuantes, no es extraño que las facultades del conductor se vean afectadas y la fatiga haga acto de presencia. Pero no sólo en los viajes largos; la fatiga también puede aparecer en los desplazamientos cortos, mientras, por ejemplo, volvemos del trabajo cada día, un riesgo que aumenta después de comer, entre las 4 y las 6 de la tarde.

La mejor arma con la que contamos para evitar los accidentes es la prevención. Al volante no sólo debemos estar pendientes de la carretera sino también de las señales que envía nuestro cuerpo para avisar de que algo falla. Si se da cuenta de que poco a poco pierde la concentración o la sensación de velocidad, tiene dificultades para mantener la atención, reacciona más lentamente, no calcula bien la velocidad a la que va ni la distancia que le separa del coche que va delante, no deja de moverse en el asiento, está cansado o incluso le duelen los músculos, se siente mal físicamente, le pesa la cabeza, ve borroso, los ojos le pican o parpadea constantemente, tiene sueño y no deja de bostezar, no lo piense ni un segundo. En cuanto pueda, salga de la carretera y deje de conducir; su vida está en juego.