La rehabilitación cardiaca consiste en un conjunto de actividades para que el enfermo coronario llegue a un nivel funcional óptimo, desde un punto de vista físico, mental y social, y por medio del cual pueda integrarse por sus medios a la sociedad. Miguel Ángel Barreiro ha recordado que, en principio, la rehabilitación cardiaca estaba indicada para pacientes cardiópatas con bajo riesgo, pero hoy en día, dada su seguridad y eficacia, está indicada también a pacientes con alto riesgo, y de ella se benefician los pacientes con infarto de miocardio reciente, pontaje o bypass aortocoronario, cirugía valvular, angioplastia coronaria, trasplante cardiaco, angina, insuficiencia cardiaca compensada, cardiopatías congénitas, portadores de marcapasos y desfibriladores (DAI), así como pacientes ancianos con tres o más factores de riesgo, como la baja capacidad funcional cardiaca.

Las unidades de rehabilitación cardiaca generalmente están compuestas por cardiólogos, enfermeros, fisioterapeutas, psicólogos, terapeutas ocupacionales, animadores socioculturales y personal administrativo. Miguel Ángel Barreiro explica que los conocimientos actuales demuestran que los programas de rehabilitación cardiaca consiguen mejorar la calidad de vida y el pronóstico de los pacientes. Además, la relación coste-beneficio es claramente positiva. El trabajo conjunto del cardiólogo, el médico de familia y los enfermeros, por un lado, y la protocolorización de las actuaciones, por otro, deberían lograr que todos los enfermos cardiópatas se acogieran a este tipo de programas.

En opinión de Alfredo Font, la rehabilitación cardiaca, que consiste en la recuperación de la funcionalidad física del paciente tras un evento cardiaco, debería ser realizada por aquellos que han sufrido un infarto agudo de miocardio (IAM) o una insuficiencia cardiaca. Debería estar controlada por un equipo multidisciplinar en el que se integraran la Atención Primaria, Enfermería, Cardiología y Rehabilitación.

También Jordi Grau, especialista en Medicina Interna, considera que la rehabilitación cardiaca debe ser practicada por todo paciente que presente enfermedad cardiaca o haya sido intervenido del corazón. Dichos programas incluyen un apartado de prevención secundaria para controlar los factores de riesgo, y deben centrarse en el paciente con enfermedad arterial, infarto agudo, sometidos a implante cardiaco de bypass, angina de pecho, angioplastia, etc. En su opinión, “es necesario disponer de un equipo multidisciplinar formado por cardiólogos, Enfermería, dietistas, rehabilitadores, psiquiatras y psicólogos clínicos”.

Primera causa de muerte en los países occidentales

Marc Ferrer alude a los registros epidemiológicos de todos los países desarrollados para recordar que las enfermedades cardiovasculares representan actualmente la primera causa de muerte en los países occidentales. Dentro de las enfermedades cardiovasculares destaca por encima del resto la cardiopatía isquémica, con el infarto agudo de miocardio (IAM) como su principal exponente.

A pesar de la reducción de la mortalidad global por IAM que se ha experimentado durante los últimos diez años, atribuible a la implantación y generalización de los programas de angioplastia primaria como técnica Gold Standard, la incidencia de la cardiopatía isquémica aguda no para de aumentar, como ha señalado Marc Ferrer. “El origen de dicha situación es complejo y claramente multifactorial, pero está indudablemente vinculado al incremento de la prevalencia de factores de riesgo cardiovasculares entre la población general. Para intentar corregir dicha situación, a finales de los años 90 se empezaron a implantar los llamados programas de rehabilitación cardiaca. Se trata de programas multidisciplinares, con la participación de varios especialistas (cardiólogos, médicos rehabilitadores, Enfermería, etc.), y con un objetivo común, que es intentar mejorar el pronóstico cardiovascular de los pacientes post-IAM. El beneficio de dichos programas está mediado por varios factores, entre ellos los efectos fisiológicos del entrenamiento físico y los efectos psicológicos de los grupos de apoyo y asesoramiento, que mejoran tanto la adherencia a las terapias preventivas como el control de los factores de riesgo cardiovascular. A pesar de dichos beneficios, se estima que tan solo entre un 25-40 por ciento de los pacientes post-IAM son derivados para la realización de un programa de rehabilitación cardiaca”.

Asimismo, Ezequiel Zúñiga es partidario de los programas de rehabilitación cardiaca, en los que deben intervenir “desde el cardiólogo que controla al paciente hasta su médico de familia”, y “cuya finalidad es ayudar al paciente a llevar una vida activa y reducir el riesgo de tener otros problemas cardiacos”. “Se basa en el control de los factores de riesgo cardiovascular, la preparación física, la educación sobre hábitos de vida sanos, el control del estrés y el conocimiento de los síntomas cardiacos”. Los pacientes candidatos son aquellos que hayan sufrido un evento coronario, como infarto de miocardio, angina de pecho, trasplantados de corazón, recambios valvulares, insuficiencia cardiaca, pacientes que hayan sido intervenidos de bypass o angioplastia coronaria.