La coordinación entre las distintas especialidades médicas ha sido la clave para hacer frente a la demanda asistencial producida por la COVID-19. Una vez más, las sociedades científicas han dado una rápida respuesta centrándose en el paciente.

Salvador Morales Conde, presidente electo de la Asociación Española de Cirujanos (AEC)

¿Qué ha aportado la AEC a la crisis del COVID-19?

Al inicio de esta crisis sanitaria y social, pusimos en marcha  el Grupo Cirugía-AEC-COVID-19 ante la necesidad de ayudar a los miembros de nuestra sociedad a la toma de decisiones ante las lagunas científicas existentes de cómo trabajar en estas circunstancias. Desde un principio empezamos a trabajar con la información escasa que teníamos de China, que tradujimos al español, nos pusimos en contactos con colegas chinos, coreanos e italianos para compartir experiencias, y revisamos lo que se conocía de otros virus del pasado. Con esta información generamos una serie de documentos de recomendaciones, que hemos ida adaptando conforme la información disponible aumentaba. Dichas recomendaciones  han sido de gran utilidad para nuestros cirujanos y se han expandido por muchas sociedades latinoamericanas, refiriéndose a ellas en sus páginas web, y han sido traducidas al inglés, italiano, portugués y polaco, siendo referenciadas como guías de manejo en sociedades internacionales como la European Association for Endoscopic Surgey (EAES) y su sociedad homónima en Estados Unidos, la SAGES. Además, la AEC ha organizado semanalmente unos webinar para transmitir información de interés relacionada con la pandemia, a la que se han conectado multitud de cirujanos de nuestro país y de fuera de España.  Hemos propuesto sistemas alternativos de docencia para la formación de nuestros residentes y la actualización continuada de nuestros especialistas, con un aula formativa donde se organizan sesiones online.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

Como sociedad científica hemos aprendido a reunirnos por sistemas de conexión online y a tomar decisiones importantes durante las mismas. Por su parte, la formación online ya veníamos haciéndola desde hace años, pero sin duda se va a potenciar muchísimo después de esta crisis. Como cirujanos, estamos convencidos que la telemedicina va a salir reforzada como una herramienta de trabajo en consultas para revisar a los pacientes y generar acciones de acto único, sin que el paciente tenga que venir en repetidas ocasiones a realizarse diferentes pruebas. Asimismo, creemos que la seguridad en quirófano y la protección de profesionales van a ser otros elementos importantes a revisar en el futuro inmediato.

María García-Onieva, secretaria del Comité Ejecutivo de la Asociación Española de Pediatría (AEP)

¿Qué ha aportado la AEP a la crisis del COVID-19?

Desde el primer momento, hemos trabajado estrechamente con el Ministerio de Sanidad en la elaboración de un protocolo de actuación en Pediatría para afrontar la epidemia de COVID-19 en niños y adolescentes. Asimismo y, junto con las sociedades de especialidad integradas en la AEP, se han desarrollado protocolos específicos de actuación para manejar las diversas situaciones, cómo tratarlo desde la Neonatología, protocolo para el manejo de niños con enfermedades crónicas, protocolo para la coordinación de los servicios de urgencias pediátricos y protocolo para el manejo en Atención Primaria… También se ha hecho un esfuerzo muy importante por difundir todos estos materiales a través de todos los canales de la AEP (web, redes sociales…) con el objetivo de llegar al máximo número de pediatras.  Para las familias, también se han difundido materiales gráficos y audiovisuales con consejos para explicar el impacto del coronavirus en niños y en adolescentes, y otros para facilitar recomendaciones para una vida saludable durante el periodo de confinamiento.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

La pandemia de COVID-19 está suponiendo un reto en muchos sentidos, también para el sistema sanitario español. Una gran mayoría de hospitales ha tenido que convertirse en hospitales de atención única a estos pacientes precisando todo el espacio y las camas que pudieran existir. Esto ha hecho que muchos pediatras hayan dejado de ver niños en estos días para convertirse en médicos de adultos, estando en primera línea con los distintos especialistas de adultos, tanto en Atención Primaria como Hospitalaria. En este sentido, esta epidemia nos ha enseñado a los profesionales sanitarios a estar todos unidos, independientemente de la especialidad que hayamos elegido, trabajando codo con codo para curar a los pacientes y, cuando no es posible, acompañarles en su sufrimiento así como el de sus familias. Sin duda, esta crisis ha puesto de manifiesto la importancia de la humanización en la Medicina. Específicamente desde la Pediatría, hemos sido conscientes de la importancia de mantener las vacunaciones en los menores de 15 meses, consideradas por el Comité Asesor de Vacunas de la AEP como imprescindibles, así como las revisiones del recién nacido. Así, en el ámbito pediátrico es especialmente importante trabajar en la atención a los pacientes de COVID-19 y en mantener las actuaciones de prevención de enfermedades o identificación precoz durante la infancia para evitar que otras enfermedades se “cuelen” en la salud infantil ahora que toda la atención se la está llevando la COVID-19.

Ángel Cequier, presidente Sociedad Española de Cardiología (SEC)

¿Qué ha aportado la SEC a la crisis del COVID-19?

A partir del momento en que empezamos a ser conscientes de la expansión y riesgo de  la  pandemia COVID-19 analizamos  el posible impacto sobre los pacientes con enfermedad cardiovascular conocida y sobre los profesionales con responsabilidades directas en la asistencia a los pacientes cardiológicos. A partir de la limitada información inicial y de la evidencia que ha ido apareciendo, se ha ido documentado que los pacientes con patología cardiovascular previa  y las personas de edad avanzada pero con factores de riesgo cardiovascular (diabetes, hipertensión, obesidad) son grupos de pacientes que si se infectan tienen una alta probabilidad de desarrollar complicaciones graves. Asimismo  se empezó a detectar que el personal sanitario era el colectivo que mostraba la cifra más elevada de contagio e infección.  Teniendo en cuenta estos aspectos, la SEC ha elaborado una serie de documentos, recomendaciones, tanto dirigidos a los profesionales como a los pacientes.  Además, se ha desarrollado una lista de reproducción en Youtube, “Te lo digo de corazón: especial COVID-19”, donde cada día se publican dos mini vídeos con cardiólogos contestando a dudas y consultas que nos llegan a través del consultorio de la web.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

Uno de los aspectos más relevantes que han obligado a un cambio significativo ha sido la necesidad de convertir reuniones científicas, congresos o actividades formativas desde un formato presencial a una actividad online. La SEC tiene amplia experiencia en estas actividades, ya que cada año programa entre 60-70 actividades de este tipo.  Un segundo punto y muy relevante es lo que estamos aprendiendo de esta situación y cómo vamos a aplicar las conclusiones después de los analizar de forma crítica pero serena  este dramático periodo. Se ha constatado una importante falta de previsión con respecto al potencial riesgo de la pandemia a pesar de la experiencia del mes de enero en China. No estamos seguros de que excelentes profesionales con amplios conocimientos en este tipo de patología que existen en España fueran consultados y sus conclusiones aplicadas de una forma adecuada. La pandemia ha mostrado un escenario sanitario aparentemente inesperado. Sin embargo, los profesionales habíamos destacado repetidamente que nuestro sistema sanitario ya estaba en una situación de importante vulnerabilidad después de la crisis económica de la pasada década.  Los profesionales sanitarios serán de los colectivos que saldrán más reforzados y respetados por la crisis del COVID-19. En los próximos meses,  las sociedades científicas deberemos tener la obligación de exigir responsabilidades y una participación más ejecutiva en las futuras decisiones que deberán tomarse para establecer una clara estrategia sobre el sistema sanitario que queremos y qué tipo de planificación, inversiones y recursos serán los necesarios.

Manuel Tousidonis, vocal de la junta directiva de la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial y de Cabeza y Cuello (SECOMCyC)

¿Qué ha aportado la SECOMCyC a la crisis del COVID-19?

Desde el inicio de la crisis del COVID19 hemos reorientando todos los recursos humanos y científicos para proporcionar una respuesta conjunta y eficaz ante la situación de emergencia sanitaria. Para ello, se han publicado de forma precoz diversos documentos que integraban la máxima evidencia científica sobre el COVID-19 y que han servido de guía de actuación por los especialistas, permitiendo frenar la curva epidemiológica. Para casos de pacientes positivos, SECOMCyC ha publicado un documento guía de cirugía segura que unifica la evidencia científica actualizada para garantizar la máxima seguridad tanto para personal sanitario como para pacientes, de especial interés en procedimientos específicos como la traqueotomía.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

La situación actual de crisis del coronavirus evidencia nuestra imposibilidad colectiva de calcular los riesgos de sucesos raros en sistemas complejos. La situación actual de crisis nos obliga a tomar medidas no vistas hasta la fecha, y nos obligará a aprender de los errores cometidos, tanto individuales como colectivos, para servir como punto de inflexión en la toma de decisiones sobre asuntos de vital importancia para el futuro que a todos nos concierne, especialmente en temas de salud.

Julián Álvarez Escudero, presidente de la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (SEDAR)

¿Qué ha aportado la SEDAR a la crisis del COVID-19?

Creo que hemos aportado mucho, somos la primera especialidad en el número de médicos en el medio hospitalario y la segunda después de Medicina Familiar y Comunitaria en el Sistema Nacional de Salud. Todos nuestros especialistas realizan sistemáticamente ventilación mecánica en los quirófanos y en las Unidades de Reanimación, Cuidados Críticos o UCI quirúrgicas. Gestionamos más de 2.000 camas dotadas de ventilación mecánica y monitorización avanzada, y en muchos hospitales y comunidades, hay más camas de cuidados críticos gestionadas por servicios de Anestesiología y Reanimación, que por Medicina Intensivas, lo cual permite entender nuestro papel en la asistencia a los enfermos más graves de esta pandemia. Pero no todo es COVID-19, hemos mantenido toda la actividad quirúrgica urgente y preferente, porque nuestros pacientes han tenido que ser atendidos en Obstetricia, Traumatología, Cirugía Oncológica preferente, etc. Lo más importante que hemos aportado ha sido dedicación sin límites, asistencia en el paciente COVID-19 y en el paciente quirúrgico urgente y preferente,  algunos son COVID-19 positivo, de la máxima calidad,  y creemos que en los planes de contingencia de nuestros hospitales hemos aportado sentido común, sin hiperliderazgos de despacho,  y  hemos insistido en el uso racional de los recursos, sin corporativismos y personalismos decimonónicos.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

No ha llegado el momento. Toca trabajar alineados con las autoridades sanitarias. Cuando la situación se normalice, se debe analizar lo que pasó, por qué se han muerto tantos enfermos, por qué no se compraron EPI, por qué se ha contaminado tanto personal sanitario… ese momento llegará, y somos los profesionales sanitarios y los enfermos los que debemos sacar conclusiones y pedir responsabilidades. Pero para la SEDAR, ese momento no ha llegado.

Antonia Agustí, presidenta de la Sociedad Española de Farmacología Clínica (SEFC)

¿Qué ha aportado la SEFC a la crisis del COVID-19? 

La  SEFC es una de las sociedades científicas que ha contribuido en la elaboración de los protocolos que el Ministerio de Sanidad ha puesto disponibles en su web para los profesionales sanitarios sobre el manejo clínico del COVID-19 en las unidades de cuidados intensivos y en la atención hospitalaria.  También ha ayudado difundir información sobre COVID-19 a través de las redes sociales, concretamente a través del twitter de la SEFC, se ha difundido información sobre los protocolos de tratamiento que ha elaborado el Ministerio de Sanidad, las notas informativas que la AEMPS ha generado sobre temas de terapéutica sobre los que se ha generado controversia, como el uso pertinente o no de antiinflamatorios no esteroideos o de inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina o antagonistas de la angiotensina II en pacientes con COVID-19.  Distintos miembros de la SEFC, de forma prioritaria en el contexto de la Plataforma SCReN (SCReN Spanish Clinical Research Network- Plataforma de Unidades de Investigación Clínica y Ensayos Clínicos), están colaborando con otros investigadores de otros servicios o están realizando distintos tipos de estudios como ensayos clínicos, estudios de cohortes u otros tipos de diseños farmacoepidemiológicos para evaluar eficacia y/o seguridad de distintos tratamientos para el COVID-19. Una proporción importante de estos estudios son multicéntricos (ConPlas-19, PamCovid, Tocovid, etc), y multinacionales, y alguno de ellos se realiza bajo el auspicio de la OMS (Solidarity) con el apoyo del ISCIII y la colaboración AEMPS.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

Creemos que se puede y deberíamos aprender distintas cosas. Sin lugar a dudas, la situación de crisis generada ha permitido crear mucha complicidad entre profesionales de distintas especialidades que han sumado esfuerzos tanto a nivel asistencial como de investigación. También es cierto que ha habido una cierta descoordinación y, por ejemplo en la investigación, se están repitiendo trabajos por parte de distintos grupos; y, en lo asistencial, se han utilizado tratamientos sin a menudo aprovechar la oportunidad para generar evidencia.  Seguramente, las  distintas sociedades científicas nos hubiéramos podido poner de acuerdo para diseñar estudios de una forma más coordinada.

Alfredo Bohorquez, secretario general de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG)

¿Qué ha aportado la SEGG a la crisis del COVID-19?

Estamos implicados en aportar soluciones para los profesionales y para las personas mayores en esta crisis, tanto en los entornos hospitalarios, residenciales y domiciliarios. En este sentido, desde su inicio, hemos estado en contacto directo con la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad y les hemos pasado propuestas y recursos para el colectivo más vulnerable, que es el de personas mayores que viven en residencias y centros sociosanitarios. Les hemos propuesto un plan urgente de actuación único para coronavirus en residencias de mayores y centros sociosanitarios, y hemos realizado un plan de comunicación a más de 180 organizaciones de la sociedad civil ofreciendo apoyo.  También hemos lanzado un comunicado de apoyo a los más de 200.000 profesionales que trabajan en residencias y atienden a más de 400.000 personas mayores y en situación de dependencia en España y la campaña #AislarYaFueraDeResidencias, para impulsar que los positivos de coronavirus sean aislados fuera de las residencias.  También queremos aportar una visión de futuro y para ello, hemos lanzado en web, RRSS y a nuestros grupos de interés, la campaña #MuevoLaRueda, donde planteamos que todas las personas y organizaciones desde el teletrabajo tenemos la responsabilidad de impulsar la reactivación económica, profesional y social. Como medida de apoyo a las personas mayores que viven en sus domicilios, estamos impulsando nuestra participación en programas de radio y televisión, para aportar recomendaciones nutricionales, psicológicas, de actividad física y de relación social de las personas mayores, para que no se sientan solas ni están inactivas o inseguras.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

Algunas de las lecciones que debemos aprender, van en 3 ejes, la prevención, la detección precoz y la actuación ágil y eficiente. En la prevención, tenemos que abordar a fondo la falta de respeto que tenemos con el planeta en general y los animales en particular. Nuestra mayor responsabilidad es el respeto a la vida humana y a todas las formas de vida. El planeta es nuestro hogar, y toda la humanidad es nuestro grupo. Con respecto a la detección precoz, es clave la necesidad de establecer criterios internacionales más claros sobre la detección de situaciones de riesgo de pandemia y criterios de actuación, según tasas de contagio y mortalidad asociadas. Está claro que una detección precoz y transparencia de la información son críticos para evitar una pandemia y sus excesivos costes en vidas y repercusiones socioeconómicas de enormes magnitudes.  En el plano de la actuación ágil y eficiente, todos los países deberán contar con reservas de material crítico, como equipos de protección individual y equipos de respiración asistida.  Además, los primeros momentos de actuación deben ser más coordinados y ágiles, tanto en detectar y aislar de forma efectiva a los casos positivos y los casos con síntomas compatibles con la enfermedad, como en proteger de forma eficiente y con todos los recursos disponibles a las poblaciones de mayor riesgo, en el caso de esta pandemia, a los profesionales sanitarios, los trabajadores/as de servicios esenciales y a la población de mayor riesgo de complicaciones y mortalidad, en este caso a las personas mayores.

Ramón García Sanz, presidente de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH)

¿Qué ha aportado la SEHH a la crisis del COVID-19?

En el marco de la actual situación de pandemia por coronavirus SARS-CoV-2, la SEHH ha apoyado el Sistema Nacional de Salud y ha promovido la estrecha colaboración de los hematólogos de nuestro país en la atención sanitaria de los pacientes con COVID-19, tanto desde los laboratorios de hematología como desde los bancos de sangre de los hospitales. Además, se han elaborado y difundido un total de 15 guías o recomendaciones, muchas de ellas centradas en pacientes con cáncer de la sangre. También se han promovido diferentes ensayos clínicos sobre la enfermedad en el ámbito de los servicios de Hematología y Hemoterapia, y se han organizado diferentes seminarios web con el objetivo de actualizar los conocimientos de los hematólogos y resolver dudas de los pacientes.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

La enfermedad por COVID-19 lo primero que ha hecho ha sido dejarnos atónitos. Aunque ya en enero había datos preocupantes, pocos fueron capaces de predecir un ritmo de contagio y mortalidad tan elevados que provocaría la mayor sacudida que nuestro sistema sanitario ha sufrido nunca. Todo nos ha sorprendido de forma negativa cuando pensábamos que teníamos el mejor sistema sanitario del mundo. Esta crisis lo que nos ha provocado ha sido miedo, mucho miedo. Perder a un familiar o amistades a quienes todavía no les tocaba irse, sin poder despedirnos ni acompañar a su familia en sus últimos momentos tiene que ser también algo terrible. Todo ha hecho que tengamos miedo, a veces de una forma irracional, como hemos visto en muchos medios. Pero, tras esa mala sorpresa y ese miedo vienen los sentimientos positivos. La solidaridad y la entrega que he visto en mis compañeros del hospital y de la Atención Primaria, desde el personal de limpieza al gerente del hospital. Todos, médicos, enfermeras, auxiliares y celadores, personal de rayos y del laboratorio, limpiadores y administrativos, informáticos y personal mantenimiento, gestores, personal de ambulancias… han estado a la altura.  Como presidente de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia, tratando de representar a todos los hematólogos de nuestra sociedad, tenemos que aprender de los errores, corregirlos e invertir más en nuestro sistema sanitario, para que todos volvamos a sentir que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, si no el mejor.

Cristina Alonso Bouzón, presidenta de  la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG)

¿Qué ha aportado la SEMEG a la crisis del COVID-19?

Los miembros de nuestra sociedad han estado trabajando, diariamente, en primera línea con y para las personas mayores infectadas o no, luchando por ofrecer a cada una de ellas el tratamiento que precisaban. A nivel institucional, se ha trabajado en apoyar a nuestros socios con diferentes documentos técnicos sobre directrices de actuación tanto a nivel clínico, a pie de cama, como organizativo. Son herramientas de trabajo para ayudar a mejorar la calidad de la atención sanitaria de todas las personas mayores tanto en el medio sanitario como residencial. Se ha trabajado especialmente en evitar la discriminación por edad en la toma de decisiones clínicas y en favorecer el acceso a un tratamiento adaptado a las necesidades individuales de cada persona mayor.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

Esta crisis ha puesto al descubierto las grandes carencias de los sistemas sanitario y social en el manejo de las personas mayores. La nula coordinación entre ambos, funcionando como compartimentos estanco y favoreciendo las barreras de acceso entre uno y otro, la escasez de recursos específicos para personas mayores en el medio sanitario, ausencia de servicios de Geriatría, y una gestión especulativa del medio residencial con criterios de calidad poco ajustados a las necesidades de los residentes están detrás de las consecuencias catastróficas de esta crisis. Es necesario un análisis profundo, una evaluación seguida de  un cambio en la atención social y sanitaria de las personas mayores alineando el método de trabajo con las directrices de los organismos internacionales, centrándose en promover el envejecimiento saludable, con calidad de vida. Y en ese sentido, el primer paso para ese cambio es reconocer las distintas capacidades de las personas mayores, su potencial social y darles su lugar en la toma de decisiones sobre las cosas que les afectan directamente.

Lorenzo Armenteros del Olmo, portavoz de COVID-19 y miembro de la Comisión Permanente de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG)

¿Qué ha aportado la SEMG a la crisis del COVID-19?

Desde el principio nuestra sociedad se propuso tomar un papel muy activo en esta crisis, desde todos los ámbitos y con la participación activa de todos los grupos de trabajo. A la vez ha ido evolucionando paralelamente a lo acontecimientos, adaptándose a los mismos y haciendo un gran esfuerzo por colaborar a la resolución. La Atención Primaria  ha colaborado en  reducir la presión hospitalaria y la resolución de la enfermedad, no solo desde la contención de casos leves y moderados, ya que está realizando el seguimiento y control de muchos de ellos exclusivamente desde la AP.  Además ha solicitado a las autoridades sanitarias un papel mas activo en el diagnóstico de la enfermedad y en la identificación de portadores sanos,  con el acceso a pruebas que la evidencia confirme su utilidad y realización de test rápidos de forma masiva, ya que consideramos que somos el nivel asistencial  más adecuado para hacerlo, e incluso en la posibilitad de realizar tratamientos en las primeras fases de la enfermedad, siempre de forma protocolizada y en un proceso compartido con la atención hospitalaria, que pudieran reducir la evolución de la enfermedad y evitar su agravamiento . También se han realizado múltiples acciones formativas en diferentes aspectos preventivos para profesionales y para población general, desde el lavado de manos hasta como utilizar correctamente las EPI.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

Aún estamos en el esfuerzo de resolver este grave problema, considerando que somos los grandes protagonistas en la segunda fase de esta enfermedad tras la preponderancia de la Atención Hospitalaria, lo que nos refuerza como nivel asistencial. El seguimiento de los pacientes curados, pero frágiles que sufrieron de forma grave la enfermedad y de aquellos que lo hicieron de forma moderada y leve, valorando no solo aspectos de su salud física sino también la emocional. Reforzar la  AP ante esta nueva situación debe de ser una obligación para los gestores sanitarios, este nivel ha sufrido durante los últimos años un progresivo deterioro que deberá de resarcirse para reparar el daño que se le ha causado.   Una red de Atención Primaria bien formada como la que dispone nuestro país merece una atención adecuada a su importancia, su solidez desde un sistema publico de salud, su desarrollo y estimulo  al que habrá que añadir a la reconocida labor asistencial, el complemento de una atención comunitaria acorde a este gran sistema sanitario.

Ricardo Gómez Huelgas, presidente de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI)

¿Qué ha aportado la SEMI a la crisis del COVID-19?

La Medicina Interna y sus especialistas están desempeñando un papel fundamental para hacer frente a la actual situación de emergencia de Salud Pública que vivimos por el COVID-19. La visión global y polivalente de los internistas está facilitando una respuesta transversal y coordinada a esta crisis sanitaria, en la que Interna, sin duda, se erige como la especialidad sobre la que pivota la asistencia integral al paciente COVID-19. Estamos atendiendo a alrededor del 80 por ciento de los pacientes COVID-19 que llegan a los hospitales. Nuestro modo de entender la Medicina y de aplicar el conocimiento clínico acreditan nuestra utilidad para liderar y conformar equipos multidisciplinares y para facilitar, al mismo tiempo, la necesaria y rápida reorganización funcional de los hospitales con el fin de hacer frente a este desafío con la mayor celeridad posible. También importante es nuestra faceta como profesionales sanitarios generadores de conocimiento e impulsores de la investigación, mediante registros de pacientes para recabar datos clínicos sobre COVID-19. Adoptamos, además, un rol proactivo para consensuar, elaborar y adoptar protocolos diagnósticos y terapéuticos para hacer frente al coronavirus.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

La actual emergencia de Salud Pública por el COVID-19 nos ha obligado a cambiar el modo de trabajo y nuestra rutina asistencial. Por un lado, nos ha puesto en la tesitura de tener que hacer frente a un virus cuya clínica y tratamiento no conocemos aún con profundidad y, por otro, de tener que atender a un elevado número de pacientes en poco tiempo y reorganizar recursos y equipos disponibles y optimizarlos, lo que supone hacer frente a una sobrecarga de trabajo importante en condiciones de estrés emocional. No hay un tratamiento probado frente al COVID-19, lo que genera incertidumbre y la necesidad de analizar y ver qué terapias y tratamientos de los existentes pueden ofrecer un resultado positivo para hacer frente al coronavirus. Hemos visto que ante una situación de emergencia de Salud Pública, los profesionales se vuelcan y trabajan codo con codo, sin importar la especialidad o el nivel asistencial. La prioridad para todos es, sin duda, salvar vidas, y ese mensaje lo tienen muy presente todos los profesionales, sanitarios y no sanitarios, de cada servicio, unidad y hospital. La Sanidad es un pilar fundamental de la sociedad. Debemos proteger nuestro sistema sanitario, así como a su personal, y dotarlo de los recursos suficientes, prestando una especial atención a todo lo que tiene que ver con la dimensión de la Salud Pública.

Álvaro Castellanos y Ricard Ferrer, vicepresidente y presidente de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC).

¿Qué ha aportado la SEMICYUC a la crisis del COVID-19?

Propuestas para ofrecer una atención de calidad al grupo de pacientes graves en varios aspectos, como son las estimaciones de número de ingresos, organización, extensión de cuidados intensivos a otras áreas del hospital, medidas de protección individual, formación y entrenamiento de los equipos y recomendaciones de tratamiento, es decir, qué hacer y qué no hacer. Todo ello en protocolos, guías y, sobre todo, un completo Plan de Contingencia consensuado con la Sociedad Española de Enfermería Intensiva y Unidades Coronarias (SEEIUC).  Los intensivistas también han aportado su visión de cómo organizar la asistencia, permitiendo la extensión inmediata de las UCI a otras áreas también dotadas de gases Medicinales, monitorización y respiradores mecánicos, fundamentalmente unidades de cuidados intermedios, áreas de reanimación anestésica, quirófanos y otros espacios diáfanos con posibilidades de acondicionamiento para tratamiento intensivo. Hemos ofrecido a las autoridades sanitarias toda nuestra colaboración para proporcionar a las personas que presenten las complicaciones más graves de la enfermedad COVID-19, la mejor asistencia sanitaria posible, basada en la calidad, la seguridad y una experiencia de más de 40 años de práctica hospitalaria especializada en el tratamiento de pacientes graves.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

Los intensivistas hemos aprendido que la enfermedad era más grave de lo que se pensaba, y que no vale cualquier respirador para combatirla, sino que este debe cumplir unos mínimos tecnológicos indispensables, lo que hace aun más importante que la equipación de las UCI sea la adecuada. Más que aprender, se ha constatado que no hay límites ni imposibles para el trabajo multidisciplinar y de equipo, no solo de los que están involucrados de forma habitual en la asistencia a los pacientes críticos en las UCI, sino también al resto de compañeros. Una de las claves de cómo se ha afrontado la pandemia en España ha sido, precisamente, el que se hayan puesto en marcha equipos con especialistas de todas las áreas, liderados especialmente por intensivistas, de cara a los enfermos críticos.

José Luis Gil Salú, secretario de la Sociedad Española de Neurocirugía (SENEC)

¿Qué ha aportado la SENEC a la crisis del COVID-19?

La SENEC está en contacto permanente con sus socios desde su web (www.senec.es) y redes sociales, desde donde hemos habilitado unos enlaces que nos permiten tener conocimiento inmediato de los avances generales en relación con la pandemia del COVID-19, como los relacionados directamente con la Neurocirugía. Así, ponemos en conocimiento de los neurocirujanos/as españoles las recomendaciones establecidas por organismos oficiales y otras sociedades neuroquirúrgicas con respecto a las precauciones y recomendaciones a seguir para determinados procedimientos neuroquirúrgicos, como patología neurovascular, base de cráneo y endoscopia, pacientes COVID+,…

¿Qué se puede aprender de esta situación?

Aunque la situación es variable en función de la provincia, y se modifica casi a diario, en todos los servicios de Neurocirugía se han adaptado los procesos asistenciales al plan de contingencia individual que cada uno en su centro determine. Estamos aprendiendo a trabajar de manera coordinada, en todos los servicios públicos y privados españoles, entre los compañeros que presencialmente desarrollan su labor en quirófanos, urgencias, consultas y planta y aquellos otros que de manera alternativa, realizan labores de teletrabajo y/o teleformación en sus domicilios.  Esto no ha hecho más que empezar, nos queda un largo camino, y deberemos en el momento actual saber distribuir los recursos entre las necesidades de los centros, y la de nuestros propios pacientes, muchos de los cuales padecen patologías que deben ser solucionadas de manera inmediata o no demorable.

Álvaro Rodríguez-Lescure, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) 

¿Qué ha aportado la SEOM a la crisis del COVID-19?

Desde el comienzo de esta crisis, SEOM tomó la firme decisión de apoyar a sus miembros y a los pacientes con cáncer a través de diferentes iniciativas ante una situación de incertidumbre y cambio constante. Por ello, se pusieron en marcha una serie de actuaciones para guiar a sus miembros en esta situación de pandemia COVID-19, no sólo en lo referente a la atención de pacientes oncológicos, sino también para la actualización y formación en el abordaje concreto de pacientes contagiados por SARS CoV-2. Por un lado, se han elaborado documentos de recomendación dirigidos tanto a pacientes oncológicos como profesionales, focalizándose en la prevención y orientando en el abordaje terapéutico, incluyendo recomendaciones concretas con asesoramiento de los diferentes grupos cooperativos acerca del tratamiento en pacientes con tumores específicos. Por otro lado, se está revisando y actualizando de forma constante la literatura, elaborando un documento con los artículos de interés y útiles para los oncólogos. Asimismo, se ha puesto en marcha un programa de seguimiento de los servicios de Oncología Médica y de pacientes oncológicos afectados por COVID-19 para poder conocer en tiempo real el impacto de esta pandemia en la patología oncológica y poder apoyar allí donde se identifique alguna necesidad.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

Esta pandemia ha alterado por completo la asistencia en los hospitales. De esta situación aprenderemos sin duda a actuar de forma rápida y organizada, y de la necesidad de contar con planes de contingencia preestablecidos. El trabajo en equipo, perfectamente engranado entre los diferentes profesionales implicados en la atención de los pacientes oncológicos, ha sido esencial para garantizar su atención sin incrementar el riesgo, personal de consultas externas, planta de hospitalización, hospital de día o farmacia hospitalaria. Además, esta pandemia ha hecho que valoremos de forma más detenida los potenciales riesgos de los tratamientos oncológicos y que los sopesemos con los beneficios, al actuar en un escenario de incertidumbre con un riesgo real añadido para los pacientes con cáncer.  Aunque ya lo sabíamos, hemos aprendido una vez más el enorme valor y profesionalidad de la mayor parte del personal sanitario del SNS y de la entrega desinteresada a la atención de los pacientes. Sin duda, hemos reforzado en gran medida nuestra vocación de servicio y el trabajo multidisciplinar, colaborativo y solidario dentro del sistema.

Carlos A. Jiménez-Ruiz, presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR)

¿Qué ha aportado la SEPAR a la crisis del COVID-19?

La Neumología española está aportando su inmensa profesionalidad y su extraordinario sentido de la responsabilidad. Los neumólogos de este país están dando un ejemplo de compromiso con la salud de sus pacientes y de dedicación al bienestar común. Además, de trabajar de forma extenuante y generosa lo están haciendo con valentía y arrojo, aunque con prudencia. Todos están trabajando por encima de sus límites y lo están haciendo, inermes y desprotegidos ante una enfermedad con alta capacidad de contagio que no sólo les puede poner a ellos en peligro sino, además, también a toda su familia. Desde la junta de Gobierno de SEPAR hemos querido ayudar a todos los socios facilitándoles su trabajo y proporcionándoles la mejor información y formación científica sobre la enfermedad. Además, también, hemos querido desarrollar información especialmente diseñada para la población general, los pacientes y los periodistas. En este sentido, hemos puesto en marcha un espacio en nuestra web donde está alojada toda la información científica sobre el COVID-19 dirigida a los profesionales sanitarios, información que se actualiza de forma diaria (https://www.separ.es/node/1763) y diversos espacios dedicados a la información sobre COVID-19 y a la formación de nuestros socios.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

De esta experiencia tenemos que aprender mucho. Nuestra forma de entender la vida cambiara después de esta epidemia. Seguramente que nos haremos mas humildes, menos vanidosos y aprenderemos a valorar cosas que antes no habíamos alcanzado a comprender.  Como sociedad científica debemos aprender que siempre tenemos que estar disponibles para poder ofertar la mejor información científica, no solo a nuestros socios, sino a toda la población general española y a nuestros pacientes. Esa es una de nuestras principales obligaciones.  Debemos tener capacidad para responder desde un punto de vista asistencial a situaciones de emergencia sanitaria como esta y para cubrir todas las necesidades de investigación que se generan en estas situaciones, porque investigando será como seamos capaces de crear conocimiento y, sin duda, este es uno de los principales objetivos que tiene una sociedad científica.

José Puzo Foncillas, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Medicina de Laboratorio (SEQCML)

¿Qué ha aportado la SEQCML a la crisis del COVID-19?

La Medicina de Laboratorio ocupa un papel crucial en el diagnóstico, pronóstico y seguimiento de aquellos pacientes que han contraído la enfermedad, así como en la detección precoz de aquellas personas que pueden favorecer su trasmisión. La SEQCML recordó a todos sus socios la necesidad de seguir las recomendaciones de seguridad de la OMS en el manejo de las muestras y de utilizar correctamente las medidas básicas de protección individual y la necesidad de respetar las instrucciones proporcionadas en los protocolos publicados por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, las Consejerías de Sanidad de las Comunidades Autónomas y de cada centro sanitario donde se ejerza la actividad profesional.  De hecho, se ha incluido en la página web de la sociedad un enlace directo a la Guía sobre COVID-19 de la IFCC (IFCC Information Guide on COVID-19), que ofrece toda la información disponible y relevante sobre las pruebas de detección de laboratorio, protocolos de pruebas, diagnóstico y otra información general sobre la COVID-19 para los profesionales de la Medicina de Laboratorio, estando en continua actualización con nuevas directrices y bibliografía.

¿Qué se puede aprender de esta situación?

La atención sanitaria a esta pandemia causada por el SARS-CoV-2 ha supuesto un reto enorme para toda la atención sanitaria. La pandemia y la restricción de actividades han producido un claro cambio en la actividad del laboratorio clínico, que ha desempeñado un papel esencial en esta crisis, contribuyendo a la detección, diagnóstico, monitorización y tratamiento de los enfermos. También será esencial en las tareas de vigilancia epidemiológica. Debemos aprender que este tipo de pandemias son y serán posibles en el futuro y que los sistemas sanitarios deberán estar preparados y ser ágiles en sus necesidades, con dotaciones suficientes para diagnosticar, tratar y controlar las pandemias. Los profesionales sanitarios están actuando y actuarán en todos los ámbitos e independientemente de su especialidad, con una dedicación encomiable.  Las autoridades sanitarias deberían actuar en estas situaciones de pandemia con la suficiente celeridad para hacer frente a las necesidades de material sanitario y poner los medios lo antes posible en manos de los profesionales. Es evidente que los profesionales han respondido como un gran equipo, pero quizás debamos aprender que necesitamos tener una dotación-reserva estratégica de un material que se convierte en imprescindible en estas situaciones. A medio y largo plazo se deben realizar las acciones estratégicas adecuadas para garantizar una respuesta rápida y coordinada del sistema sanitario.

 

NOTA DE REDACCIÓN:

La información que ahora publicamos forma parte de un especial COVID-19 de la edición impresa mensual de EL MÉDICO. Este número corresponde a la publicación de mayo, y el contenido se cerró el 26 de abril de 2020.

Las entrevistas se realizaron para la sección que la Revista EL MÉDICO publica mensualmente en colaboración con FACME.